The Rocky Horror Picture Show vs. Frankenstein, de Mary Shelley

The Rocky Horror Picture Show (1975), dirigida por Jim Sharman.
De izquierda a derecha: Tim Curry, Barry Bostwick y Susan Sarandon.

He aquí un fotograma de The Rocky Horror Picture Show. La verdad es que, al no ser el cine un tema que suela tratar en este blog, no había considerado nunca la posibilidad de hablarte aquí de ella, pero la casualidad ha hecho que esté ahora contándote esto. Resumiendo mucho: la culpa es de Susan Sarandon.

Supones bien: todo ha empezado con la edición del Festival de Sitges de este año, que comenzó el jueves pasado y durará hasta el domingo 15 de octubre. Con esta información me he topado esta mañana por accidente mientras buscaba información sobre Blade Runner 2049; qué cosas, ¿no? Si he metido a Susan Sarandon en todo esto ha sido porque la noticia en sí era que se le iba a otorgar el Gran Premio Honorífico y, con motivo de ello, se había programado una proyección de The Rocky Horror Picture Show que contaría con su presencia. Guau. Susan Sarandon. Grande, siempre. Yo. Tarde, casi siempre. Obviamente, las entradas estaban agotadísimas. Nada que hacer más que escribir sobre mi desgracia y aprovechar para relacionarla, de alguna manera, con la literatura.

Comencemos por el principio: de qué va esto de esa peli tan rara con la que pretendo comparar Frankenstein, de Mary Shelley. Puede que conozcas The Rocky Horror Picture Show, dado que se ha convertido en una película de culto y, en tal caso, que te parezca un desvarío la comparación de esta con Frankenstein. No me extraña. Te explico entonces el porqué de tal locura:

Interior de la primera edición de Frankenstein, de Mary Shelley.

En Frankenstein, o el moderno Prometeo, título original de la obra de Shelley, Víctor Frankenstein, estudiante de medicina, se obsesiona con la idea de crear vida a partir de cuerpos inertes —en este caso, con los trozos de diferentes cadáveres—. Nada más despertar su criatura se da cuenta de su error y la abandona; el monstruo queda solo en el laboratorio y en el mundo, que lo rechaza de manera sistemática por su aspecto antes de darle la oportunidad de expresarse. Su creación acabará suponiendo su final, además del de gran parte de sus seres queridos.

El Dr. Frank-N-Furter, en cambio, no pretende desentrañar los misterios del alma humana, sino crear un chulazo que le sirva de compañero sexual; su ambición no es desvelar el secreto de la vida, sino obtener un beneficio personal de su propia creación.

Pero, ¿quién es el Dr. Frank-N-Furter, de dónde ha salido y qué pinta Susan Sarandon en todo esto? Bien, él mismo lo explica en el vídeo de aquí arriba, el número que le sirve de presentación en la película —y en el musical, que fue la forma original en que fue creada la historia—. Por desgracia, no he podido encontrar una versión decente de la escena subtitulada ni una traducción mínimamente coherente, pero aquí tienes la letra original en inglés, por si ayuda.

Para que te quedes con lo esencial: es un científico travestido del planeta Transexual, en la galaxia Transilvania —¿cómo te quedas, Mary Shelley?—, y Susan Sarandon encarna el papel de Janet Weiss, una joven mojigata, recién prometida con su novio, Brad —Barry Bostwick—. Ambos llegan por accidente —o no, como se insinúa al final de la canción—, tras pinchar una rueda de su coche en una noche tormentosa, al castillo en el que el Dr. Frank-N-Furter celebra su convención anual de transilvanos, en la que va a presentar a Rocky —el chulazo—, una criatura creada por él para su disfrute sexual.


A diferencia de cómo sucede en Frankenstein, en Rocky Horror, tanto el proceso de creación como el nacimiento de la criatura tienen lugar bajo la mirada de una comunidad de personajes que implica, a priori, una aceptación de los hechos como algo correcto —por lo menos dentro de la moral de su conjunto—. El monstruo de Mary Shelley se ve aislado de la sociedad por su aspecto físico y por su incapacidad de comunicarse; Rocky, en cambio, encarna el ideal de belleza masculino, pero no encaja con las expectativas con las que ha sido creado: el chasco de Frank-N-Furter es mayúsculo cuando, después de fabricarse un noviete, este le sale rana; contra todo pronóstico, resulta no ser gay, tal y como se esperaba. En el momento en que su creador lo ve entregado a la pasión desatada con Janet, los celos le hacen perder la cabeza. Tanto Víctor Frankenstein como el científico alienígena acaban perdiendo la salud mental y la vida como consecuencia de su delirio creativo.

Las dos criaturas se ven privadas de su deseo de compañía a través del aislamiento al que son sometidas por su entorno. En el caso de Rocky, su ejemplo sirve para cuestionar la moralidad sexual convencional, que no cumple con lo deseable entre los transilvanos —su comunidad inmediata—. Trasladado este ejemplo a la sociedad en general, Janet y Brad, jóvenes modélicos, que pretenden ser vírgenes hasta el matrimonio, sirven también para el mismo propósito: al ser tentados por separado por Frank-N-Furter, se aferran a sus convicciones morales, pero, cuando este les dice que nadie se va a enterar de lo que hagan, sucumben a la tentación. La moral, al fin y al cabo, es algo convencional que solo tiene sentido puesto en relación con la sociedad; la verdadera naturaleza del ser humano acaba aflorando, antes o después, al prescindir de las normas sociales.

Algunas de las películas de ciencia ficción producidas por la RKO mencionadas en el tema Science Fiction, con el que arranca The Rocky Horror Picture Show.

Frankenstein es una novela de terror gótico y, al mismo tiempo, una de las primeras obras de ciencia ficción de la historia de la literatura. The Rocky Horror Picture Show es un homenaje al cine de ciencia ficción, como creo que queda claro al escuchar el tema que abre y cierra la película, en el que se mencionan algunas de las producciones de la RKO, pero también cumple con las principales características de la novela gótica: el escenario en el que se desarrolla la trama es un lugar tétrico, en este caso un castillo, que crea, junto con elementos sobrenaturales o extraños, una atmósfera de misterio que ayuda a intensificar las emociones de los personajes, a menudo con un componente erótico latente. Agitar todo esto junto con un toque petardo reivindicativo y ¡voilà! Ahí tienes las aventuras de Frank-N-Furter y compañía.

Me acabo de enterar de que, durante su aparición en el festival, Susan Sarandon lo ha petado entre el público con su interpretación de este tema. Muero de envidia. Aquí lo dejo para que tú no te lo pierdas, aunque no sea en vivo.

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Reseña: La sustancia del mal, de Luca D’Andrea

Elegí La sustancia del mal, de Luca D’Andrea, porque hacía tiempo que no sentía la urgente necesidad de sentarme a leer el libro que tuviera entre manos; echaba de menos una lectura que me enganchase y las valoraciones de la contraportada aseguraban un duro mono de páginas entre sentada y sentada. A por él, pues. Debo decir que mis primeras sesiones a solas con él en el sofá de casa no resultaron tan adictivas como prometían y que comencé a dudar de lo desinteresado de estas; por suerte, la cosa mejoró y, pese a no haber necesitado ansiolíticos para soportar las largas horas de abstinencia, puede decirse que la historia ha conseguido tenerme en vilo. A partir de un cierto punto de la trama, por lo menos. Sigue leyendo

Reseña: El Dios Dinero, de Karl Max

Nada más ver la versión ilustrada por Maguma de El Dios Dinero de Karl Marx en el catálogo de Libros del Zorro Rojo, algo dentro de mí me dijo: «¡Oye, tú! Lo quiero». Así fue; palabrita. La pena es no haberlo tenido antes de publicar el post sobre la presencia del capitalismo en algunos de los libros que había reseñado aquí, porque habría ido derechito a él. Sigue leyendo

Algunas muestras del capitalismo en los libros

Antes de nada: si lo que esperas encontrar aquí es un análisis del tratamiento del capitalismo a lo largo de toda la historia de la literatura, no sigas leyendo. Ni lo voy a hacer ni creo que tal cosa fuera posible en un formato tan breve. Compartiré contigo el título de varias obras en las que se habla de él, eso sí, tal y como hice en algún momento en el pasado, puesto que este es un post recopilatorio de algunas reseñas sobre libros que ya he compartido en este blog y que, de una u otra manera, tratan el tema.

Por lo paradójico del asunto, siempre me ha parecido gracioso —y un poco jeta— el hecho de vender, literalmente, soluciones al capitalismo o, como vi hace poco en un documental, manuales sobre cómo vivir con lo mínimo para ser una persona feliz. Sirva esto como justificación de la viñeta de arriba. La verdad es que no es difícil hacer una lectura capitalista de prácticamente cualquier libro de nuestros días, en tanto que ofrecerá, aunque solo sea como algo contextual, un reflejo de la sociedad en la que se escribió. Aun así, hay muchas maneras de tratar el tema, desde el análisis académico del fenómeno en sí hasta la muestra de sus consecuencias a través de la ficción. Pero, Vayamos por partes: Sigue leyendo

Reseña: De animales a dioses (Sapiens), de Yuval Noah Harari

Por fin he dedicado un tiempo a leer Sapiens, de Yuval Noah Harari (es el mismo libro que aparece aquí arriba; desconozco por qué en una nueva edición han decidido titularlo De animales  a Dioses, traducción literal del original, en vez de conservar el título que se le había puesto en un principio).

La cuestión es que, tras escuchar —repetidamente a lo largo de dos años— la opinión que una persona cercana a mí tenía del libro, las expectativas creadas no se han visto del todo satisfechas, especialmente en algunos de sus capítulos. Aun así no puedo decir de él que no sea un libro recomendable; simplemente esperaba algo más especial. Sigue leyendo

35a Setmana del Llibre en Català

Traducción al castellano bajo el texto original.

El món torna a la normalitat després de les vacances d’estiu i arrenca la ronda d’esdeveniments culturals del nou curs amb la 35a Setmana del Llibre en Català, que tindrà lloc del 8 al 17 de setembre, com cada any, a l’Avinguda de la Catedral. Sigue leyendo

Reseña de Casi un amor, de Radclyffe Hall

El título original que Radclyffe Hall dio a Casi un amor fue The Unlit Lamp; no suelo entrar en la cuestión de la traducción de títulos, pero en este caso me ha llamado la atención, y no porque piense que esta no refleje, aunque sea en parte, la esencia del libro, sino porque creo que el original engloba todos los aspectos que trata la novela, cosa que el de la versión castellana, en mi opinión, no hace.  Sigue leyendo