Operación

micro-sticky

Empuñaba un cuchillo de carne. La cara de aquel pequeño sádico ocupaba todo mi campo de visión.
—Estás malito —dijo afectadamente—. Voy a operarte.
Cumplió su amenaza y la espuma de mi relleno se esparció en todas direcciones.

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Vendetta

Volví a enfocar su figura uniformada en la mirilla del rifle. Disfruté de aquel momento que tanto había imaginado; los dos últimos años de mi vida habían sido un largo infierno de golpes y gritos, una tortura únicamente soportable gracias a la esperanza de poder apuntarle un día desde la lejanía y recuperar, por fin, mi vida anterior. Acaricié suavemente el gatillo antes de apretarlo. La bala pasó entre los barrotes de la verja y se incrustó en su cabeza. Ni siquiera tuvo tiempo de chillar, únicamente un sonido sordo acompañó su muerte al caer su menudo cuerpecito del columpio.