Entrevista a Rafael Gutiérrez, autor de El instante infinito

Cuando decidí entrevistar a Rafael Gutiérrez, autor de El instante infinito, pensé: «Dio mio!, ¿dónde te has metido, criatura?». La exclamación en cuestión venía del hecho de que la novela basaba una parte de su contenido en la filosofía cristiana, y una, que es una atea convencida, no tenía muy claro que aquel fuera el tipo de contenido que pudiera encajar en la línea de su blog. Sé que no te tengo acostumbrado a estas cosas, pero, oye, hay que probarlo todo en la vida, y aquí estoy yo tras la experiencia, vivita y coleando. Dale una oportunidad y échale un vistazo, anda:

     Esta es tu primera novela. ¿Siempre habías querido escribir?
Desde pequeño me apasionó la lectura. Recuerdo la sensación tan especial que me producía leer La historia interminable, de Michael Ende. Desde entonces he disfrutado leyendo y no sé desde cuándo tenía la ilusión de poder escribir un libro alguna vez. Pero en los últimos tiempos crecían en mí las ganas de hacerlo y, finalmente, sucedió.
     ¿Cómo surgió la idea de escribir El instante infinito?
Tenía en mente escribir un libro que le hablara al lector, que creara una atmósfera parecida a la que yo había experimentado tantas veces… desde ahí pensaba en escribir un libro de autoayuda, pero me sorprendió cómo poco a poco se fue convirtiendo en una novela y en El instante infinito, el libro que lee el protagonista. Desde ese momento, la experiencia de escribir se volvió sorprendente, ya que no sabía cómo iba a continuar la historia, y la descubría a la vez que la escribía. Ha sido lo más parecido a leer.
     ¿Cómo describirías tu novela?
Como un viaje de autoconocimiento; una aventura interior, una invitación a que el lector se sumerja en la lectura y, a partir de ahí, descubra, experimente, se pregunte… y, si puede ser, que saque algún aprendizaje de ese viaje. Me gustaría que el lector se llevase la sensación de que la vida es una maravillosa aventura y la amistad uno de los muchos regalos con los que vamos equipados para vivirla.
     Tú estudiaste Psicología y ejerces como terapeuta, ¿qué peso tiene este hecho en El instante infinito?
Yo creo que mucho, porque en realidad, en mi día a día también lo tiene. La experiencia de ser psicólogo es otro regalo apasionante. Me permite ser testigo de excepción de muchas vidas, no solo de la mía, por eso puedo aprovechar las experiencias y aprendizajes de los pacientes a los que acompaño y ponerlos al servicio de mi vida. En el libro, aparece constantemente esta dimensión.
     Tras ocupar la vicepresidencia del Movimiento de cursillos de cristiandad de la diócesis de Cádiz y Ceuta se despertó en ti una fe hasta entonces inexistente. ¿Qué cambios provocó este hecho en tu vida?
El cursillo de cristiandad provocó un antes y un después en mi vida. Fueron solo tres días, pero con una intensidad y una profundidad que son difíciles de encontrar en otro lugar. Yo entré en él de manera casual, declarándome ateo y entendiendo que aquella era la respuesta más honesta que podía tener frente a la religión y al concepto de Dios. Y, al final del último día, todo cambió. Descubrí la fe en mi interior y, desde entonces, he disfrutado más de las cosas. En cursillos, cuando alguien está bien se dice que está de colores y refleja muy bien lo que me ocurrió, ya que fue como si todo lo que antes era en blanco y negro, luciera entonces con todo su colorido, con toda su belleza, con todo su esplendor. Mi matrimonio, mis hijos, mi profesión, mi amistad… todo brilla ante mí de manera distinta, y siento que mi fe es responsable de todo ello.
     ¿Cómo se ven reflejados estos en tu escritura?
Creo que quien lo lea lo irá descubriendo, ya que poco a poco se va mostrando. Quizás el libro sea la historia de las luchas que se desarrollaron en mi cabeza durante aquellos tres días… pero esas luchas no son mías únicamente, son de cada uno de los que se pregunta sobre su trascendencia, esas preguntas tipo «¿quién soy?, ¿dónde estoy? y ¿para qué estoy aquí?».
     ¿Qué peso tiene la filosofía cristiana en la novela?
La filosofía, mucho, pero la filosofía en sí, es decir, ese amor por el conocimiento, por la sabiduría… siempre me apasionó la filosofía y en mi juventud me encantaba leer a Platón, Aristóteles, Descartes, Hume y, sobre todo, Nietzsche. Luego también aparece la filosofía cristiana, pero desde una visión personal, particular. Creo que el libro habla más de espiritualidad que de religión, que está más dirigido a la persona que a la gente, y quizás en eso consiste el mensaje: en que cada uno encuentre su visión personal de una verdad que trasciende a todos.
     ¿Crees que su lectura resultaría atractiva a personas no creyentes?
Yo creo que sí, sobre todo la parte más psicológica, o incluso la historia, la aventura. Pero está claro que el libro está escrito para personas abiertas a preguntarse, a conocer, a descubrir. Si es un creyente estancado o un no creyente estancado, el libro seguramente les aburrirá o les despertará muchos desacuerdos.
     En El instante infinito combinas géneros como el ensayo, la ficción y la autoayuda. ¿Por qué has decido incluirlos todos en un mismo libro?
No lo decidí; surgió así. Si lo hubiese pensado de este modo, creo que me habría visto superado por el intento y no habría sabido por dónde empezar ni cómo encajar tantos estilos, pero ¡surgió! Y, a veces, es la única manera de que las cosas salgan.
     ¿Te ha resultado difícil enlazarlos de manera coherente y natural en un mismo espacio?
Partiendo de lo que he dicho antes, ha sido muy sencillo, ya que era como si me viniese dado. Surgía el momento en el que el libro pedía una cosa y otra, y yo me limitaba a transcribir lo que iba apareciendo en mi mente.
    He visto que la música juega también un papel importante dentro de la novela. ¿Cuál es este, exactamente?
Creo que la música es otro arte que nos acompaña como un amigo especial. Música y literatura lo consiguen por igual. Por eso, quizás, fueron surgiendo canciones que me habían acompañado a lo largo de mi vida, en mis silencios… me gustó mucho que aparecieran en el libro. Además, a mí siempre me gustó la música heavy, y es un género que, debajo del ruido, tiene mucha música, mucha sensibilidad, mucha profundidad… en el libro va acompañando el ánimo del protagonista, e incluso, a veces, lo anticipa. Y las canciones cristianas me han regalado algunas citas de enamorados con Dios a las que, de otra manera, yo no hubiera acudido.
    ¿Y la ausencia de nombre de los personajes?, ¿tiene algún significado especial o es simplemente un hecho circunstancial sin más importancia en la trama?
Sí. Me di cuenta de que me resistía constantemente a poner nombre a nadie. Quería que la experiencia fuese del lector, tal y como yo la estaba viviendo al escribirla. Me gustaría que se sintiese protagonista cada persona que lo estuviese leyendo. De hecho me hubiera gustado que no fuese ni hombre ni mujer para que fuese más fácil sentirse identificado, pero eso no lo conseguí. En el epílogo explico algo de esto, pero que no haya nombres tenía este intento de que el protagonista fuera el lector.
Tenía en mente escribir un libro que le hablara al lector, que creara una atmósfera parecida a la que yo había experimentado tantas veces… desde ahí pensaba en escribir un libro de autoayuda, pero me sorprendió cómo poco a poco se fue convirtiendo en una novela y en El instante infinito, el libro que lee el protagonista. Desde ese momento, la experiencia de escribir se volvió sorprendente, ya que no sabía como iba a continuar la historia, y la descubría a la vez que la escribía. Ha sido lo más parecido a leer.
     Muchas gracias, Rafael.

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