La chica del lunar – capítulo 1

Aquí está de nuevo, como cada mañana a eso de las siete y media, si no se ha dormido, mirándome, legañosa, la chica del lunar. No es alta ni baja, gorda ni flaca, rubia ni morena, guapa ni fea. Lo único que la hace distinta de cualquier otra chica vulgar sin nada especial es un lunar a lo Marilyn Monroe. Pero al otro lado. Y más grande. Y junto a la aleta derecha de la nariz. Nada que ver con el suyo, vamos. Por lo menos no tiene pelos. Todavía. La chica del lunar y su peca calva se niegan a darme los buenos días desde el otro lado del espejo; no están de humor. Yo tampoco.

Mi lunar y yo tenemos que estar a las ocho y media, gracias a mi licenciatura en historia del arte, en el Café Lito, una granja de mala muerte en la que hago de todo menos tomar café durante las cuatro horas que paso trabajando allí cada mañana. Soy una chica con suerte y contactos; mi jefa es vecina de mi tía. Aparte de un sueldo miserable a final de mes, este hecho no me ha traído más que charlas por parte de mi familia. Porque lo que es un contrato, no me ha traído.

Charlas, como os decía, sí. Sobre la suerte que tengo de tener un trabajo -precario, mal pagado e ilegal, me pregunto cuál de las tres cosas me hace más feliz- y, sobre todo, sobre lo importante de no hacer quedar mal a mi tía, que acaba de cerrar la terraza sin consentimiento expreso de la escalera y está a un solo voto en la próxima reunión de vecinos de ser denunciada por la comunidad. De momento mi jefa está de su parte. De momento. Cuánta responsabilidad para una chica tan normal.

Yo no canto en la ducha pero el vecino de abajo sí. Es como dar rienda suelta a un disc jockey loco y decirle que te ponga lo que le dé la gana. Hoy me sorprende con Chiquitita, de Abba. Lo acompaño mentalmente hasta el final del estribillo y salgo de la bañera, que el agua caliente está en las últimas. Café, tostadas, secador, tejanos, camiseta y a correr, que llego tarde y la suerte de la terraza de mi tía está en mis manos.

Mi jefa me gruñe en respuesta a mis buenos días. No me sorprende en absoluto su falta de simpatía, pero tiemblo al verle la cara. Esas ojeras no presagian nada bueno. Efectivamente, antes de servir el primer café ya me entero de que no ha podido pegar ojo. Ha vuelto a pasar. Mi tía, con la que duerme pared con pared, ha vuelto a traer a su ex a casa. Y no, lo que le ha impedido dormir no ha sido lo que sea que hayan estado haciendo despiertos (de lo cuál, gracias a Dios, nunca me han llegado detalles); es que él ronca como un oso. Y mi jefa está de mal humor. Por su culpa. Hoy va a tocar esmerarse, por mi tía y su terraza y por no oír la murga de mi madre como llegue a sus oídos una sola queja absurda sobre el desempeño de mis labores durante la mañana de hoy.

Un chasquear de dedos desde el final de la barra me hace dirigir hacia allá la mirada. Siempre ignoro a los maleducados; me ha pillado con la guardia baja. No me sorprendo al encontrarme con un hombre mirándome por encima del periódico que estaba leyendo. Está en su mismo sitio de cada mañana, con su pelo engominado hacia atrás, intentando ocultar esa calva incipiente que, por no ser visible para el propio calvo en el espejo, debe de pensar que pasa desapercibida al mundo. Supongo que también pensará que todos creemos que es un Rolex lo que lleva en la muñeca y que, casualmente, apareció allí después de un viaje a China del que ya se cuidó de hablarnos largo y tendido para que viéramos que era un hombre de mundo y posibles. Se trata del abogado gilipollas, según mi bautizo, y del señor abogado, según el de mi jefa, que gusta de darle coba cada mañana para convencerle de que, tal y como él mismo piensa, arreglar divorcios desde un despacho le hace mejor que cualquiera de nosotros y, por lo tanto, contar con su presencia en su humilde local es para ella todo un honor. Un honor de exactamente veintidós euros, que es la cantidad justa que se deja en un mes. Mi sueldo de un día.

— ¿Y mi café?

Es el típico tío que piensa que el mundo gira a su alrededor y que, por lo tanto, deberías olvidar todo lo que tenías que hacer nada más verle para rendirte a sus deseos, lo cual no es el caso nunca, pero hoy menos porque ni siquiera le había visto. Me giro hacia la cafetera, sin decir palabra.

—Descafeinado, ¿eh?—me grita desde el final de la barra, intentando hacerse oír por encima del ruido del molinillo de café—¡Y no me lo hagas como el de ayer, que era todo agua!

Miro a mi alrededor con la esperanza de que la terraza de mi tía siga todavía a salvo. No hay peligro, la jefa está atendiendo la mesa del fondo y con el jaleo del molinillo no se ha enterado de nada. Cuando me doy cuenta estoy delante del molinillo del café de verdad, dispuesta  a impartir justicia y devolver al abogado gilipollas el mal karma que trae al mundo en forma de taza de café rebosante de cafeína.

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8 comentarios en “La chica del lunar – capítulo 1

    • No creas que no se me había ocurrido… pero quería dejar alguna opción para los lectores que sean buenas personas (que igual hay alguna…) y, además, no era cuestión de lesionar a la prota ya el primer día (que la conozco y es muy capaz de meter el dedo así, a lo loco…)

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  1. Tengo un mal recuerdo de un café con sal, así que he votado el chute de cafeína, por prepotente y maleducado.
    No debe estar mal eso de ducharse con música en directo, y de Abba!!! pero Chiquitita??
    Nada que ver tu dibujo con mi imaginación, la vi al otro lado de la barra…….
    A pesar de su cara de dormida parece axuxable como un Angeloso, vaya que creo se hará querer por el público.
    Que pasará??
    Petons,

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    • Sí, los cafés con sal no tienen muchos amigos.
      Yo ya no canto en la ducha (casi nunca), pero me consta que durante años amenicé los desayunos a más de uno (y no sé si siempre era identificable la canción…).

      No sé por qué fue la primera canción que me vino a la mente… así que p’alante (a mí tampoco me entusiasma -de hecho me pone triste-).

      Pobre chica del lunar… pues claro que es axuxable, mujer… eso espero, que se haga querer!

      Lo que pase a partir de ahora depende de vosotros…

      Petons!

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  2. ya voté!! iba a dejar que la chica actuara como si nada, pero ya que aquí podemos hacer realmente lo que queramos sin tener consecuencias personales graves… que se fastidie el picapleitos!!

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