15. Fulares, conjuntivitis y humanos mutantes

Peripecias-estelares05

—Está claro que nos están buscando —dice Afrodita tras un largo silencio, con la mirada perdida—. No podemos presentarnos tal cual en La Osa.

Razón no le falta, desde luego. El tal Rogelio, si sigue vivo y en La Osa, parece ser, a priori, un amigo, pero vete tú a saber.

—Y ¿qué podemos hacer? —pregunta Giuseppe—¿Disfrazarnos?

¿Disfrazarse? ¿De qué? No se me ocurre la manera de camuflar su naturaleza humana sin un buen departamento de maquillaje de efectos especiales, recurso con el que no contamos en nuestra bonita Limoria.

—Podríamos ser feriantes —resuelve el retaco—. Y que Fru fuera nuestro suingo amaestrado. ¿Qué sabes hacer, Fru? ¿Sabes bailar?

Mi trompa comienza a elevarse y muestra sus dientes al calvo, que corre a refugiarse tras la silla de nuestra capitana.

—No digas tonterías, Giuseppe —responde ella—. Están buscando a dos humanos y un suingo a bordo de una Limoria; no colaría. Tenemos que cambiar alguno de los factores.

—Pues no sé —dice él, encogiéndose de hombros—. No hay humanos legales pululando por el espacio; o están en la Tierra o son fugitivos.

A Afrodita se le enciende una lucecita, a juzgar por la expresión de su cara.

—Tienes razón —dice—; no podemos presentarnos como humanos pero ¿quién iba a notar la diferencia entre un humano clásico y un humanoB?

El canijo vuelve a botar por toda la nave de pura alegría; agitando sus bracitos y gritando «Sí, sí; humanosB». Patético, aunque reconozco que la idea de nuestra capitana no es mala. Los humanosB son fruto de una colonización humana de un planeta similar a la Tierra, (la TierraB), situado en la zona habitable de un sistema solar muy similar al de la Tierra de toda la vida. Habiéndose cargado casi todas las formas de vida de su nuevo hogar, los humanos no encontraron más impedimentos para fundar allí sus colonias, desde las que cargarse también, poquito a poco, el resto del planeta. La composición química de la atmósfera de la TierraB, sin embargo, pese a su gran parecido con la atmósfera terrestre, resultó no ser tan inocua como ésta y los colonos acabaron por sufrir, con el tiempo, una mutación genética materializada en forma de ojo en el cogote. Muy práctico para la vida diaria pero una auténtica pesadilla a la hora de dormir. Los humanosB se pasaban la vida con conjuntivitis, orzuelos y demás dolencias oculares causadas por el exceso de carga soportada durante la noche, ya que todo el peso de sus cabecitas humanas acababa descansando sobre sus visionarios cogotes.

Los humanosB, a diferencia de sus antepasados, se habían aliado con el imperio trátor en un intento de conservar su libertad, sin importarles un pimiento el mal que sus socios estuvieran haciendo sobre su especie troncal. En cuestiones de ética y valores humanos no habían cambiado ni un ápice; seguían siendo los malos bichos que eran al abandonar la Tierra. Dicha alianza les permitía moverse a lo largo y ancho del universo con total libertad e, incluso, con notables ventajas sobre las demás especies. Esta libertad, sin embargo, no solía ser aprovechada para establecer relaciones comerciales interestelares ni nada parecido, sino que rara vez abandonaban su sistema solar si no era por motivos de placer, así que solían ser siempre vistos en cruceros siderales o, como mucho, en viajes por libre, si se trataba de algún humanoB de espíritu aventurero.

—Pero tendremos que dejar a Fru en la nave —dice Afrodita, dirigiéndome una mirada de circunstancias, tras la que se me acerca y se agacha hasta ponerse a mi nivel—. Si no se notaría demasiado —concluye mirándome al ojo. No hará falta decir que me derrito y no soy capaz de mover un solo músculo de mi cuerpo, hecho que me salva de alimentar la colección de canicas de Giuseppe.

Afrodita no necesita, gracias a su preciosa melena, complemento alguno que oculte su nuca; el retaco, sin embargo, tiene un rollizo cogote a todas luces carente de otra cosa que no sea vello o una verruga, así que nuestra capitana anuda un fular alrededor del cuello del calvo y le recalca que no se lo quite bajo ningún concepto y que, si alguien le pregunta, tiene una conjuntivitis terrible y que lleva el ojo tapado por prescripción médica.

Aterrizamos por fin en La Osa y, nada más poner un pie fuera de la nave, Giuseppe agarra la mano de Afrodita. Al fondo, alguien contempla la escena.

Vota cómo quieres que continúe la historia y lee aquí la continuación el próximo viernes 6 de diciembre

4 comentarios en “15. Fulares, conjuntivitis y humanos mutantes

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