De qué hablo cuando hablo de correr, Haruki Murakami

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Hoy os traigo De qué hablo cuando hablo de correr, de Haruki Murakami; no se trata de su última novela, ni siquiera de una antigua, ya que lo que nos cuenta es su experiencia en primera persona con el deporte y, especialmente, con el running (sí, sí, ya sé que es un término con muchos detractores, pero si la RAE aceptó en su momento footing y jogging -por más que mantenga la cursiva- no veo descabellada la posibilidad de que haga lo mismo con running -eso sí, aún no lo ha hecho, así que podéis darme la colleja del uso indebido de «palabros» importados; me la merezco-). El término utilizado en el libro es el correcto, eso sí; puristas de la lengua: podéis estar tranquilos. Sigue leyendo

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Hasta aquí hemos llegado, Petros Márkaris

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Hasta aquí hemos llegado es el cuarto y último título de la llamada trilogía de la crisis (sí, el cuarto; parece que Márkaris se animó y decidió alargar el proyecto más de lo esperado en un primer momento), de la que ya os he hablado en posts anteriores (seguid este enlace para leer las reseñas de los otros títulos). Bien sabe el autor que el concepto trilogía ha acabado siendo poco exacto y, por eso mismo, ha planteado esta última entrega como una especie de anexo aunque a la práctica es una novela más, con la misma importancia que las anteriores, y la ha titulado, directamente, Títulos de crédito (traducción literal del título original griego Τίτλοι τέλους -Títloi télous-). Sigue leyendo

Pan, educación, libertad, Petros Márkaris

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Tal y como os prometí, os traigo la reseña de Pan, educación, libertad, el último de los títulos de la Trilogía de la Crisis, de Petros Márkaris. El título de la novela corresponde al lema de los estudiantes griegos durante su rebelión contra la dictadura militar en 1973, colectivo conocido como la generación de la Politécnica; jóvenes luchadores contra la opresión del régimen que fueron perdiendo fuelle a medida que la evolución de la situación política del país les fue permitiendo, en muchos casos, acomodarse en ventajosos sillones en posiciones estratégicas en la escala de poder y que acabaron formando parte del problema nacional griego que, cuarenta años más tarde, acaba contribuyendo a la vuelta al dracma. Nada que no nos suene también por estas tierras que, por cierto, tampoco se libran de la peseta.

Estamos en un futuro inminente: en 2014, Grecia se declara en quiebra y regresa al dracma; no tarda en seguirle España, que vuelve a la peseta. El comisario Kostas Jaritos y su familia tendrán que apretarse el cinturón: no van a ingresarle la nómina durante tres meses, y quizá no tenga ni para gasolina. Paralizada la economía, empobrecido el país, sólo aumentan las protestas y algunas iniciativas solidarias de los jóvenes, pero también la violenta amenaza neonazi. Así las cosas, aparece asesinado un rico contratista de obras, un hombre ya maduro que participó en los «Hechos de la Politécnica», en 1973, cuando los estudiantes se rebelaron contra la dictadura militar. Junto al cadáver, un teléfono móvil emite el lema que los estudiantes voceaban en aquella época: «Pan, educación, libertad». ¿Ha regresado Grecia a esos negros tiempos? ¿Siguen siendo válidas aquellas reivindicaciones? Jaritos, con su diezmado grupo de ayudantes, intentará esclarecer ese asesinato, que le llevará a hurgar entre la clase empresarial, universitaria y sindical que ha dirigido el país en los últimos cuarenta años.

Esta tercera entrega mantiene el tono de las dos anteriores: denuncia de los abusos cometidos por los poderosos, dominados por la corrupción, el egoísmo y la falta de escrúpulos y descripción del desencanto generalizado del pueblo llano, que sobrevive como puede a esta situación de desamparo ante la salvaje política económica y que comienza a verse seriamente amenazado por el resurgimiento del extremismo neonazi.

Pan, educación, libertad se sostiene también sobre una estructura idéntica a la de Con el agua al cuello y Liquidación final: El comisario Jaritos se ve inmerso en la resolución de un caso de aparente «asesinato justiciero» que debe esclarecer con el corazón dividido entre su yo policía y su yo sufridor de las consecuencias de la situación política y económica. Resumiendo: más de lo mismo; la parte positiva de la falta de originalidad en el planteamiento es, claro, que si os gustaron las dos entregas anteriores tenéis asegurado con este título un buen rato de diversión lectora, como ha sido mi caso. Bajo estas líneas os dejo unas palabras del autor sobre su novela.

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Liquidación final, Petros Márkaris

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Ya os hablé de Petros Márkaris y su Trilogía de la Crisis en mi post anterior sobre Con el agua al cuello, en el que ya quedó claro mi interés por este autor y sus novelas. Hoy os hablaré de Liquidación final, segunda entrega de la trilogía protagonizada por el comisario Kostas Jaritos, personaje que aparece ya en novelas anteriores del autor.

Tal y como sucedía en el título anterior, el comisario Jaritos debe enfrentarse a un asesino que, harto de las consecuencias de la crisis en Grecia, de cómo se está gestionando ésta y de cómo hay cosas que parecen no ir a cambiar nunca, decide tomarse la justicia por su mano y, por lo menos de una manera simbólica, poner un poco de orden en el caos del panorama griego. Claro está que no puede arreglar él solito la nefasta situación económica y social del país pero, aunque la inmensa mayoría de los causantes y agravantes de la crisis sigan impunes, conseguirá que algunos de ellos paguen por todos y, de paso, hacerse muy popular entre los ciudadanos atenienses, hartos como están de que todo el mundo menos ellos consiga sacar tajada de una situación de la que no son culpables.

Mientras los griegos ricos se las ingenian para no pagar impuestos, los griegos empobrecidos por la crisis sólo pueden indignarse ante el escandaloso fraude fiscal o desesperarse ante el empeoramiento de la situación. Sin embargo, un hombre ha decidido pasar a la acción y tomarse la justicia por su mano. Con cartas de amenaza y armas anticuadas, se dispone a ajustar cuentas. Entretanto, en la Atenas al borde de la quiebra, todo está patas arriba, excepto el Departamento de Homicidios. No hay crímenes, sólo rutina y burocracia. Cuando encuentran el cadáver de la primera víctima que se cobra ese peculiar justiciero, el comisario Kostas Jaritos casi siente alivio. Su jefe le ha hablado de un posible ascenso, pero de momento le han recortado el sueldo y su hija Katerina piensa en emigrar porque no encuentra trabajo. Y él tiene que atrapar a un asesino que realiza una obra «providencial», aplaudida por muchos ciudadanos.

Petros Márkaris combina los avances del comisario en la investigación del caso con los hechos de la propia vida personal de éste para ilustrarnos la situación griega actual y mostrárnosla tal y como la vive la sociedad en general, en su contacto con ella durante sus pesquisas, sobre todo, y tal y como la sufren las personas individuales, especialmente a través de los ojos de su familia y personas cercanas. En un constante equilibrio entre las presiones de la clase política, su deber como policía y sus propias convicciones, Kostas Jaritos debe enfrentarse a este caso intentando contentar a los políticos -de integridad variable-, a sus superiores, de los que depende el ascenso que nunca esperó conseguir, y a su propia ética personal, mientras gestiona como mejor puede el drama familiar de ver a su hija con un pie en África en busca de un futuro que su país no le puede dar.

Novela muy recomendable para los amantes del género policiaco y/o para los enamorados de Grecia, cuya realidad se ve magníficamente reflejada a lo largo de las páginas de este libro. Sólo queda ya pues, para completar la trilogía, Pan, educación, libertad (lema de los estudiantes griegos en su rebelión contra la dictadura militar en 1973), ubicada en un 2014, ya a la vuelta de la esquina, marcado por la vuelta de Grecia al dracma y de España a la peseta. Si quedará la cosa en una fantasía de Márkaris o no es algo que pronto sabremos, lo que os aseguro es que no tardaré mucho en contaros más sobre este último título.

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Con el agua al cuello, Petros Márkaris

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Hacía ya tiempo que le tenía echado el ojo a este libro y, por fin, he podido leerlo. Con el agua al cuello me llamó la atención desde que apareció por varias cosas. Me llamó la atención por la temática que trata, por ser novela negra, por transcurrir en Grecia y por ser obra de un autor griego, como lo es Petros Márkaris. Lo mío con Grecia es algo personal, una fascinación que no todo el mundo tiene por qué compartir pero que, en mi caso, es determinante a la hora de interesarme por cosas que, de no ser así, quizás no llamarían mi atención.

Un caluroso domingo del verano de 2010, el comisario Jaritos asiste a la boda de su hija Katerina, esta vez por la Iglesia y con fanfarria musical. Al día siguiente, poco después de llegar a Jefatura, le informan del asesinato de Nikitas Zisimópulos, antiguo director de banco, degollado con un arma cortante. El macabro homicidio coincide con una campaña que alguien, amparándose en el anonimato, ha emprendido contra los bancos, animando a los ciudadanos a que boicoteen a las entidades financieras y no paguen sus deudas e hipotecas. Lo cierto es que Grecia, al borde de la bancarrota, pasa por un momento muy crítico, y la población no duda en salir a la calle para quejarse de los recortes en sueldos y pensiones. Para colmo, Stazakos, el jefe de la Brigada Antiterrorista, sostiene que el asesinato de Zisimópulos podría ser obra de terroristas. Jaritos, en desacuerdo con esa hipótesis, tendrá que apañárselas con sus dos ayudantes para enfrentarse a un asesino cuyos crímenes apenas acaban de empezar.

Kostas Jaritos es un personaje histórico en la bibliografía de Petros Márkaris (que aparece ya en siete títulos del autor -incluyendo el posterior a éste del que os hablo-) del que espero poder hablaros alguna que otra vez cuando vuelva a bucear entre sus aventuras y desventuras, quizás en alguno de los dos títulos siguientes que, junto con Con el agua al cuello, formarán la Trilogía de la Crisis. 

En esta novela Márkaris muestra, a medida que avanza la trama, la situación actual de Grecia, cómo sus habitantes sobreviven -o no- a la dramática situación económica actual y cómo algunos se resignan más que otros a dejar sus vidas en manos de  personas que no tienen ningún interés en ayudarles. La crítica a la triste e injusta realidad acaba por encontrar un equilibrio a la falta de justicia institucional mediante una serie de asesinatos sangrientos, para los que se barajan diferentes hipótesis, de las cuales no voy a hablar para no chafar el final a quien quiera leer el libro, cosa que, por otra parte, os recomiendo fervientemente.

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Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Haruki Murakami

Hacía tiempo que quería leer a Murakami. Tenía curiosidad, así que me hice con Crónica del pájaro que da cuerda al mundo sin saber muy bien qué esperar de él. Acabo de cerrar el libro y, francamente, sigo sin saber exactamente qué ha pasado desde el momento en que empecé a leer, aparte del tiempo, claro está. Menciono la cuestión del tiempo porque, en realidad, llevo leyendo este libro desde marzo. No ininterrumpidamente; lo he ido intercalando con otras lecturas, más que nada porque novecientas páginas, por muy de bolsillo que sean, no son algo que apetezca llevar en el bolso de aquí para allá, castigándote la columna.

En la fase final, sin embargo, he pasado de las advertencias de mi cuerpo y he arrastrado el libro allá donde iba. Quería leer más, saber qué estaba pasando, qué unía todas las historias aparentemente inconexas que me estaban explicando. Murakami es un autor raro. Quizás debería decir, mejor, y para evitar malentendidos, que tiene un estilo propio muy marcado y reconocible. No es un autor de los que te plantan delante de las narices, en un pis pas, aquello que querías saber; no, no, si de verdad te interesa saberlo, te lo vas a tener que trabajar, porque antes de llevarte allí te va a hacer pasar por un montón de historias que nada tienen que ver -en principio- con el caso que te ocupa. En realidad, el libro está formado por una serie de historias que abandona siempre en el momento justo para dejarte con ganas de más. Las va alternando hasta que empiezas a dudar cuál de ellas te interesa más, cuál de ellas es, realmente, la principal.

Es un autor explícito. En todo. Deja poco lugar a la imaginación del lector. Con poco quiero decir, en realidad, menos que la mayoría de escritores. Describe minuciosamente el hecho más trivial, como si realmente fuera determinante para el desenlace de los acontecimientos saber si se acabó o no la cena o qué textura tenían los espaguetis. Más explícito es, sin embargo, en las descripciones de acciones menos agradables. A mí me ha llegado a incomodar con la narración detallada de escenas de violencia, por ejemplo, por ser demasiado explícito en la descripción de los detalles escabrosos. No lo menciono como algo malo; si, como lectora, reacciono, es que está haciendo bien su trabajo (me ha recordado a un compañero en un curso de escritura. Después de leer su relato, en el que describía con una precisión preocupante la tortura de una chica a manos de un perturbado, yo le dije que estaba deseando que acabara. Con ello pretendía decirle, precisamente, que estaba tan bien escrito que había conseguido meterme en la escena hasta el punto de querer escapar de allí, aunque, por la cara que pusieron tanto él como los demás compañeros, no sé si supe transmitir el mensaje).

El joven Tooru Okada, que acaba de dejar su trabajo en un bufete de abogados, recibe un día la llamada anónima de una mujer. A partir de ese momento, la existencia de Tooru sufre una extraña transformación. Su mujer desaparece, comienzan a surgir a su alrededor misteriosos personajes, y lo real se degrada hasta cobrar tintes fantasmagóricos. Mientras los sueños invaden cada vez más la realidad, Tooru Okada deberá resolver conflictos que ha arrastrado a lo largo de toda su vida.

Aquí os dejo, también, la sinopsis de la editorial. Cualquier cosa que podáis imaginar a raíz de ésta no se acercará, ni de lejos, a todo lo que encontraréis tras las páginas del libro. Repetiré Murakami, seguro.

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Vive como puedas, Joaquín Berges

Iba yo curioseando por una librería en busca de “algo” -por determinar- cuando, entre uno de los muchos libros que me llamaron lo suficientemente la atención como para dedicar a su contraportada unos segundos de mi tiempo -criterio de selección que quizás no diga mucho a mi favor-, me topé con Vive como puedas, de Joaquín Berges, que, a sinopsis leída, me pareció interesante, así que decidí abrirlo con la esperanza de ver cumplidas mis expectativas y… ¡bingo! Teníamos ganador.

Luis, el personaje principal, se nos presenta como un hombre normal con los problemas de una persona normal viviendo una vida normal… como cualquiera de nosotros, vaya, o, por lo menos, como yo, una mujer tan extraordinaria como cualquier otra que pueda equipararse a la versión femenina de Luis. Empatía pura e identificación con el protagonista fueron los motivos que, unidos a la manera de Berges de presentarnos el conglomerado de personajes que pululan por la vida de Luis -especial mención a Everest y Valle, hijo pequeño e hija postiza respectivamente-, me empujaron a llevarme su libro bajo el brazo.

—Me gustaría levantarme por la mañana sin sentir el aleteo de las mariposas en el estómago —continúa Luis—. Ir a trabajar sin sentir asco. Comer sin náuseas. Charlar sin prisas. Vivir más despacio, sentir la vida, no sé cómo explicarlo.

Con esta intervención, Luis resume perfectamente el sentimiento que le invade durante toda la novela y se me mete en el bolsillo; no estamos solos en este mundo de locos.

Un libro que se lee en dos sentadas y que tiene la capacidad de hacerte reír y llorar. Es fácil conseguir de mí cualquiera de las dos cosas, pero la experiencia de estar riendo a carcajadas con el moco colgando de pura emoción al mismo tiempo a las tres de la mañana en el sofá de casa no tiene precio.

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