El amante de lady Chatterley, D.H. Lawrence

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Aquí tenéis mi primera reseña del año (de hecho, también el primer post del año), sobre El amante de lady Chatterley, de D.H. Lawrence, una novela de principios del siglo pasado que estructura alrededor de una relación sentimental extramatrimonial toda una crítica a la sociedad moderna que ya entonces apuntaba claramente hacia un capitalismo brutal como el que vivimos en nuestros días.

Pero bueno, primero el resumen, para que os situéis y podáis haceros una mejor idea de aquello a lo que me referiré en adelante: primeros años veinte, Midlands, tierra de carbón. Clifford Chatterley, adinerado propietario de una de las minas de la zona, vuelve de la Sigue leyendo

Mientras vivimos, Maruja Torres

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Hace ya más de una semana que acabé Mientras vivimos, de Maruja Torres. Y hasta hoy no me he puesto con su reseña; mala señal. Cuando no me apetece escribir sobre un libro puede deberse a dos cosas: que no me haya gustado nada (en cuyo caso normalmente acabo por no escribir nunca sobre él) o que no encuentre nada destacable en él que considere interesante contaros. Éste último es el caso de Mientras vivimos.

Reconozco no haber leído nada más de Maruja Torres, así que no puedo valorar esta novela dentro de su trayectoria. Ni siquiera sé si es mejor o peor que las demás. Tampoco quiero decir con todo esto que me haya parecido una mala novela, siendo sincera os diré que, aunque os parezca paradójico por la introducción de este post, me ha gustado, pero, si de mí hubiera dependido, no creo que le hubiera concedido un premio como el Planeta.

Mientras vivimos es una gran historia de admiración y celos, de mentira y verdad, de odio y amor, de pérdidas y encuentros. Tres mujeres buscan su identidad y su lugar en el mundo en la imagen de otras mujeres. Una magnífica historia que consagró a Maruja Torres como una de las grandes novelistas de nuestros días.

Tal y como se dice en la sinopsis, la novela trata la historia de tres mujeres. Tres escritoras de tres generaciones distintas y que, sin embargo, coinciden en muchas cosas, puesto que, salvo la primera, las otras dos siguen dos caminos que, aunque distintos, corren el riesgo de acabar de la misma manera después de dejarse llevar por los mismos errores. Será la primera la que tenga la capacidad de abrirles los ojos y dejar que decidan conscientemente qué camino seguir.

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Fahrenheit 451, Ray Bradbury

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Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, es uno de esos libros que hay que leer en algún momento de la vida. No es, ni mucho menos, una historia tranquilizadora. La sensación que te queda en el cuerpo es muy similar a la provocada por Orwell o Huxley, o esa ciencia ficción que, conforme pasan los años, va perdiendo el componente ficticio para asemejarse cada vez más a una realidad para nada agradable.

Fahrenheit 451 (la temperatura a la que el papel empieza a arder) narra la historia de un bombero en una sociedad en la que su trabajo no consiste ya en apagar incendios sino en provocarlos. Armados con mangueras de queroseno acuden raudos y veloces a la llamada de cualquiera que denuncie a un conciudadano que posea libros. A la hoguera con ellos. Con los libros, quiero decir, aunque tampoco se tengan muchos miramientos con sus propietarios, disidentes políticos y sociales que ponen en peligro la estabilidad del gobierno y la sociedad. ¿Cómo no van a suponer una amenaza? Los libros hacen pensar y una mente pensante es, por definición, peligrosa. Molesta cuando menos. En un sistema basado en el adormecimiento de la población los libros son un peligro público. La gente debe ser feliz, no por su propio bienestar, claro está, sino por el de los de arriba, que no verán cuestionadas sus actuaciones mientras consigan que el conformismo (y la ignorancia, por supuesto) mantengan a su pueblo como un mero espectador que se limita a producir y consumir.

Demasiado nos suena ya esta historia. Lo que os decía, ciencia no ficción que hace estremecer. Nos acercamos peligrosamente a la realidad contada por Bradbury y sólo en nuestra mano está el final de nuestra historia, aún no escrita definitivamente pero que sí sigue, desde hace mucho, un guión escrito por autores que nada nos convienen. Aquí os dejo un fragmento de Fuego Brillante, el epílogo que el mismo Ray Bradbury escribió en 1993:

Sólo resta mencionar una predicción que mi Bombero Jefe, Beatty, hizo en 1953, en medio de mi libro. Se refería a la posibilidad de quemar libros sin cerillas ni fuego. Porque no hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee, que no aprende, que no sabe. Si el baloncesto y el fútbol inundan el mundo a través de la MTV, no se necesitan Beattys que prendan fuego al queroseno o persigan al lector. Si la enseñanza primaria se disuelve y desaparece a través de las grietas y la ventilación de la clase, ¿quién, después de un tiempo, lo sabrá, o a quién le importará? […] el Bombero Jefe en la mitad de la novela lo explica todo, y predice los anuncios televisivos de un minuto, con tres imágenes por segundo, un bombardeo sin tregua.

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