Algunas muestras del capitalismo en los libros

Antes de nada: si lo que esperas encontrar aquí es un análisis del tratamiento del capitalismo a lo largo de toda la historia de la literatura, no sigas leyendo. Ni lo voy a hacer ni creo que tal cosa fuera posible en un formato tan breve. Compartiré contigo el título de varias obras en las que se habla de él, eso sí, tal y como hice en algún momento en el pasado, puesto que este es un post recopilatorio de algunas reseñas sobre libros que ya he compartido en este blog y que, de una u otra manera, tratan el tema.

Por lo paradójico del asunto, siempre me ha parecido gracioso —y un poco jeta— el hecho de vender, literalmente, soluciones al capitalismo o, como vi hace poco en un documental, manuales sobre cómo vivir con lo mínimo para ser una persona feliz. Sirva esto como justificación de la viñeta de arriba. La verdad es que no es difícil hacer una lectura capitalista de prácticamente cualquier libro de nuestros días, en tanto que ofrecerá, aunque solo sea como algo contextual, un reflejo de la sociedad en la que se escribió. Aun así, hay muchas maneras de tratar el tema, desde el análisis académico del fenómeno en sí hasta la muestra de sus consecuencias a través de la ficción. Pero, Vayamos por partes: Sigue leyendo

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Mercaderes del espacio, Frederik Pohl y C.M. Kornbluth

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En cuanto supe de Mercaderes de espacio, de Frederik Pohl y C.M. Kornbluth, decidí leerlo. No me ha sido fácil, al contrario, me ha costado mucho encontrar este libro que, finalmente, he conseguido de segunda mano, ya que no hay librería en el universo que lo tenga en su estantería. Pese a haber otra edición de Minotauro bastante reciente —o eso me ha parecido al ver su portada (la que veis arriba es la antigua)—, no ha habido manera de comprarlo a través de los canales habituales. Sigue leyendo

Ciencia ficción: extraterrestres y humanos en los libros

Sin ser muy consciente de ello, resulta que he leído más novelas protagonizadas por extraterrestres de las que imaginaba, lo cual me sorprende porque, pese a no desagradarme, la ciencia ficción no es un género que me interese especialmente y, en cualquier caso, la presencia de alienígenas no ha sido nunca el motivo por el que me haya decidido a leer ningún libro. Echando la vista atrás recuerdo cuatro ejemplos muy distintos entre sí pero que comparten un denominador común: en todos ellos la presencia de extraterrestres sirve para decir muchas cosas del ser humano, pocas de ellas buenas, sea mediante la descripción de las acciones del hombre o trazando paralelismos entre unos y otros. Trasfondo aparte, estas novelas se mueven entre el humor y el terror, pasando por otros estilos que puedan encontrarse entre estos, allá va: Sigue leyendo

Crónicas marcianas, Ray Bradbury

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Crónicas marcianas, de Ray Bradbury, ha sido el último libro en ocupar su sitio definitivo en mi estantería. A lo largo de los 25 relatos que lo componen, su autor nos relata la llegada del hombre a Marte y su posterior colonización (aunque creo que invasión sería un término más acertado).

Para evitar confusiones: en adelante, cuando me refiera al «hombre» o al «ser humano», estaré hablando, en realidad, del hombre blanco, al que en este libro se presenta como lo que es, un destructor estúpido, egoísta, violento y avaricioso, una plaga que arrasa con todo para imponer su estilo de vida allá donde vaya, sin dejar lugar a aquello que pueda ser diferente, potencialmente peligroso y, en cualquier caso, siempre un estorbo de cara a sus planes uniformadores. Un ser incapaz de concebir siquiera un modo de vivir diferente al suyo, una cultura en la que el dinero no suponga la única fuente de felicidad posible, lejos de cualquier esencia humana, distanciado de la naturaleza, a la que desprecia más allá de los beneficios económicos que ésta pueda reportarle. El capitalismo, como sinónimo de la cultura occidental y, por tanto, del hombre blanco, es un depredador sin escrúpulos que acaba corrompiendo al resto de culturas terrestres. Sigue leyendo

El árbol de las brujas, Ray Bradbury

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Os voy a hablar hoy de El árbol de las brujas, de Ray Bradbury, un libro que llegó a mí solito, podríamos decir. Cuando digo solito no lo hago en sentido literal, claro (a ver quién es el guapo que se anima a leer un libro que viene a buscarte por su propio pie, si es que eso es algo que se pueda decir de un libro); me llegó de la mano de Tomás, uno de mis compañeros del programa Cuarto Cuarta (Ràdio Ciutat Vella), con el que he contraído una deuda cada vez más difícil de saldar, teniendo en cuenta el retraso que llevo al hacerlo. Os explico: en mi sección del programa suelo recomendar libros de todo tipo (casi todos presentes en este blog) y Tomás reparte su tiempo entre cómics y videojuegos. Un día nos comprometimos a hacerlo al revés, es decir, llevarle yo un cómic y traerme él un libro «normal». Él cumplió su parte; yo no. Sigue leyendo

Fahrenheit 451, Ray Bradbury

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Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, es uno de esos libros que hay que leer en algún momento de la vida. No es, ni mucho menos, una historia tranquilizadora. La sensación que te queda en el cuerpo es muy similar a la provocada por Orwell o Huxley, o esa ciencia ficción que, conforme pasan los años, va perdiendo el componente ficticio para asemejarse cada vez más a una realidad para nada agradable.

Fahrenheit 451 (la temperatura a la que el papel empieza a arder) narra la historia de un bombero en una sociedad en la que su trabajo no consiste ya en apagar incendios sino en provocarlos. Armados con mangueras de queroseno acuden raudos y veloces a la llamada de cualquiera que denuncie a un conciudadano que posea libros. A la hoguera con ellos. Con los libros, quiero decir, aunque tampoco se tengan muchos miramientos con sus propietarios, disidentes políticos y sociales que ponen en peligro la estabilidad del gobierno y la sociedad. ¿Cómo no van a suponer una amenaza? Los libros hacen pensar y una mente pensante es, por definición, peligrosa. Molesta cuando menos. En un sistema basado en el adormecimiento de la población los libros son un peligro público. La gente debe ser feliz, no por su propio bienestar, claro está, sino por el de los de arriba, que no verán cuestionadas sus actuaciones mientras consigan que el conformismo (y la ignorancia, por supuesto) mantengan a su pueblo como un mero espectador que se limita a producir y consumir.

Demasiado nos suena ya esta historia. Lo que os decía, ciencia no ficción que hace estremecer. Nos acercamos peligrosamente a la realidad contada por Bradbury y sólo en nuestra mano está el final de nuestra historia, aún no escrita definitivamente pero que sí sigue, desde hace mucho, un guión escrito por autores que nada nos convienen. Aquí os dejo un fragmento de Fuego Brillante, el epílogo que el mismo Ray Bradbury escribió en 1993:

Sólo resta mencionar una predicción que mi Bombero Jefe, Beatty, hizo en 1953, en medio de mi libro. Se refería a la posibilidad de quemar libros sin cerillas ni fuego. Porque no hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee, que no aprende, que no sabe. Si el baloncesto y el fútbol inundan el mundo a través de la MTV, no se necesitan Beattys que prendan fuego al queroseno o persigan al lector. Si la enseñanza primaria se disuelve y desaparece a través de las grietas y la ventilación de la clase, ¿quién, después de un tiempo, lo sabrá, o a quién le importará? […] el Bombero Jefe en la mitad de la novela lo explica todo, y predice los anuncios televisivos de un minuto, con tres imágenes por segundo, un bombardeo sin tregua.

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