Felices los felices, Yasmina Reza

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Retomo las reseñas de este blog (por fin) para hablaros del último libro que he leído: Felices los felices, de Yasmina Reza. Se trata de una novela coral en la que 18 personajes narran, en primera persona, momentos que muestran una parcelita de sus vidas lo bastante significativa, que no siempre trascendente, como para que podamos formarnos una idea del tipo de persona que nos habla y nos hagamos una imagen, aunque sea aproximada, de la existencia que lleva.

Relaciones extramatrimoniales, tendencias sadomasoquistas, insatisfacciones sexuales y fantasías consumadas, rupturas, decepciones, y, también, finales felices. En su última novela, Felices los felices, Yasmina Reza entreteje con maestría los relatos de las vidas de dieciocho personajes que parecen no tener nada en común. Pero a medida que el lector es hipnotizado por las voces que configuran la trama, irá descubriendo sus inesperadas y sorprendentes interrelaciones. Así, la rutina matrimonial de Pascaline y Lionel Hutner se ve interrumpida cuando descubren que la obsesión de su hijo por Céline Dion se ha vuelto patológica. Y, a su vez, su psiquiatra, Igor Lorrain, vive un apasionado reencuentro con un amor de juventud, Hélène, que está casada con Raoul Barnèche, un jugador de bridge profesional capaz de enfurecerse hasta el punto de comerse una carta… Si algo destaca en el estilo de Reza es su habilidad para construir una polifonía melódica, una escritura que se despliega de forma magistral en múltiples variaciones, donde el lector percibe con perfecta claridad la voz de cada uno de sus protagonistas. En esta novela coral la autora francesa abre en canal las almas de sus personajes, que desvelan sus fobias y filias sentimentales y sexuales. Como En el trineo de Schopenhauer, la novela es una cínica, deslenguada y a ratos desopilante disección de la naturaleza humana, pero también una punzante reflexión sobre la brevedad de nuestro paso por la vida, y la importancia de asumir una existencia plena.

Cada capítulo está escrito como si el personaje al que está dedicado nos contara directamente esa parte de su historia. Conocemos los hechos y, también, cómo los han vivido; sabemos lo que les pasa y cómo se sienten por ello. Esa visión se ve completada, más tarde, por el relato de los otros personajes que pueblan el libro puesto que, de manera más o menos directa, acaba existiendo una relación entre todos ellos.

Con un humor discreto la autora nos hace partícipes de los miedos, tragedias y miserias de sus personajes, que acaban siendo los mismos en la mayoría de ellos. Personas golpeadas por la tragedia de la cotidianidad de unas vidas faltas de sentido, unas veces, y/o llenas de miedo, de soledad, de nostalgia y de hipocresía, otras. Todo ello les impide vivir y disfrutar su vida como a ellos les gustaría, y se aferran inconscientemente a la seguridad como excusa para no hacer de su existencia aquello que siempre habían querido. Confunden seguridad con felicidad y a menudo se sienten perdidos cuando la vida acaba poniendo ante ellos la posibilidad de realizarse, impidiéndoles liarse la manta a la cabeza y ser felices aun sin tener ese punto de referencia que, en muchos casos, no es otro que esa persona que siempre está ahí vengan como vengan las cosas. Esa persona, pareja o amante casi siempre, que lo soporta por la misma razón, para evitar la soledad o para no acabar de perderse en la vida.

La sociedad occidental de nuestros días recibe al comprobar hasta qué punto la importancia de las convenciones sociales afectan a la vida de los protagonistas, que cuando son capaces de lidiar, a nivel personal, con sus problemas, acaban encontrando muchas veces la imposición de la hipocresía como única manera de relacionarse civilizadamente con aquellos que los rodean y volver, así, a mutilar sus sueños y voluntades para encajar y sobrellevar una vida sin estridencias, por lo menos, de cara a la galería. Los deseos quedan relegados a la trastienda de cada uno de ellos, en la que se acaban colando, aunque por la puerta de atrás. Parejas aparentemente normales (diría felices pero no sería exactamente el caso) cuyos miembros viven, por separado, vidas paralelas en las que se resarcen de sus frustraciones en relaciones, a veces más tortuosas incluso,  con otras personas con las que no es siempre necesario fingir. Las falsas apariencias acaban mostrándose al oír, de boca de un personaje, su realidad, una historia totalmente insospechada para aquellos que lo rodean y que lo relegan a la soledad ante la imposibilidad de mostrarse ante el mundo como quien realmente es.

La importancia de vivir una existencia plena, ignorando todo aquello que, por inapropiado a ojos de la sociedad, nos impide hacerlo, es el mensaje que nos acaba llegando al final del libro, cuando la muerte acaba por dar a las cosas la importancia que realmente tienen.

La delicadeza, David Foenkinos

La delicadeza - David Foenkinos

 A veces la vida te prepara pequeñas sorpresas, regalitos inesperados que encuentras por casualidad y que te pegan al sofá durante una tarde entera, de la primera página a la última. Éste ha sido el caso de La delicadeza, de David Foenkinos. Llegué hasta una entrevista suya divagando por otros blogs sobre libros, me pareció interesante lo que se decía de él y decidí mirar, por pura curiosidad y sin mucha esperanza, si su novela estaría en la biblioteca de al lado de casa. Bingo.

Cuántas casualidades juntas, ¿no? Decidí aprovechar todas las molestias que el universo se había tomado para llevarme hasta este libro (sigo inmersa en el tema de la sincronicidad -sobre el que, además, estoy tramando algún que otro proyecto-) y acercarme por allí. Ayer, un día después de hacerme con la novela, me dispuse a pegarle el primer mordisco después de comer, me acomodé en el sofá y pasó la tarde entera sin que me diera ni cuenta. Cuando me volví a levantar ya era de noche y  La delicadeza era ya historia.

Nathalie es una mujer afortunada. Felizmente casada con François, pasa los días rodeada de risas y libros. Un día la pena llama a su puerta: François muere inesperadamente. Nathalie languidece entonces entre las paredes de su casa y se vuelca en la oficina. Pero justo cuando ha dejado de creer en la magia de la vida, ésta vuelve a sorprenderla y revelarse en su forma más maravillosa.

La delicadeza es la novela de la esperanza y la imaginación, la novela de ese París fascinante en el que el dolor y la vulgaridad se transforman en poesía. Un libro que querrás tener siempre cerca, para deleitarte de nuevo con su elegancia literaria o sonreír con su mordaz ingenio, pero, sobre todo, para recordar que siempre, incluso en los momentos más inesperados, cualquier cosa es posible.

La historia en sí no es gran cosa. Podría decirse que es casi (me aferraré al casi) como una comedia romántica, como lo es la película del mismo nombre, dirigida por el propio autor de la novela y su hermano Stéphane y protagonizada por Audrey Tautou y François Damiens, de la cual os dejo el trailer para que os podáis hacer una idea (yo no la he visto, así que no respondo de la calidad cinematográfica). Sí que debo decir (para no desanimaros a la hora de decidiros por este libro) que la percepción al perderse en la trama través del papel no es la misma que al hacerlo vía imágenes (por lo menos no la misma que me llega a mí al ver este fragmento).

La novela, sin embargo, más allá del argumento, está escrita con un humor muy elegante, con toques surrealistas y un enfoque muy cómico de algunas de las situaciones, aportando datos del todo innecesarios para el desarrollo de la trama pero que contribuyen en mucho a dotar a la historia de ese aire divertido y un pelo absurdo que la recorre. Os la recomiendo.

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El ladrón de céntimos, Christophe Paul

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De vuelta a mi querida sección de “libros baratos” de Amazon. Podéis llamarme cutre si queréis, aunque yo prefiero considerarme simplemente pobre (en cursiva porque, tal y como está el patio, los que podemos comer tres veces al día podemos empezar a considerarnos afortunados y casi nos parece que no tenemos muchos motivos para quejarnos; en fin. Espero no ofender a nadie al definirme así cuando mi desdicha se limita, por el momento, a recortar en necesidades no básicas). Ya sé que más barato es todavía pasarse por la biblioteca pero, qué queréis que os diga, la urgencia de encontrar un libro para el trayecto del día siguiente hasta el trabajo me lleva a recurrir al recurso rápido de buscar en Amazon algo que echarme al Kindle. Una solución rápida y barata que me proporciona, además, la dosis de aventura que cualquier habitante del asfalto necesita para animar su previsible vida de lunes a viernes: ¿será el próximo libro con fantásticas opiniones de lectores en la web de Amazon uno de esos grandes descubrimientos que a veces he tenido el placer de hacer entre autores desconocidos para mí? ¿O se tratará, por el contrario, de otro de esos bodrios infumables plagados de opiniones cinco estrellas en las críticas? Ante tal misterio no puedo más que lanzarme a sus páginas devorándome las uñas de pura excitación.

Si habéis leído hasta aquí es que tenéis auténtico interés en saber algo más sobre este libro. Habéis pasado la prueba de fuego que supone un párrafo con disertaciones varias sobre cosas que nada tienen que ver con el motivo de este post, así que, valientes, no puedo negaros vuestro derecho a saber más sobre mi última novela leída.

El ladrón de céntimos, de Christophe Paul, no pertenece a ninguno de los dos grupos que os mencionaba más arriba. No se trata de una obra maestra ni de un insulto a la inteligencia; es una novela entretenida que se deja leer. A los amantes de París os encantará, ya que la mayor parte de la acción transcurre en sus calles, especialmente entre Montmartre y La Defénse.

¿ Y si alguien estuviese robando un banco céntimo a céntimo, sin que nadie se diera cuenta?… Está dedicada a todos los que han sufrido alguna vez la soberbia, la codicia y las injusticias del sistema financiero. Es una novela policíaca diferente. Transcurre en París, entre Montmartre y el ultra moderno barrio financiero de La Défense. La rutina cotidiana de unos personajes se ve alterada por un fortuito accidente, despertando el pasado y exacerbando el futuro. Una historia de amor, odio, codicia y asesinatos… ¿Hasta dónde se puede llegar por dinero?…

El argumento trata exactamente sobre lo que dice la sinopsis (como debería ser siempre), aunque no profundiza, tal y como podría interpretarse de la misma, en las injusticias del sistema financiero sobre la sociedad; pese a mencionarse algún caso, la trama hace más hincapié en la historia personal de los protagonistas y en la capacidad del ser humano de cometer auténticas barbaridades por unos ceros más en su cuenta bancaria.

Resumiendo, ya que hoy parece que soy chica de tecla fácil y me estoy enrollando más de la cuenta: sin tratarse de un descubrimiento literario de los que te dejan al borde del éxtasis, El ladrón de céntimos es una novela dinámica, con un ritmo saleroso que no deja lugar al aburrimiento. La trama tiene un poco de todo, asesinatos incluidos, sin llegar a ser una novela negra en toda regla, pero no me importaría leer algo más del mismo autor, ¿por qué no?

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El ejército furioso, Fred Vargas

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Ya está. Acabo de terminar El ejército furioso, de Fred Vargas. El segundo libro que leo de la misma autora, y justo después del primero, ya que me gustó tanto Un lugar incierto que no dudé en hacerme con el último de la escritora (el inmediatamente posterior al que acababa de leer, además).

En esta novela, Vargas vuelve a hablarnos del comisario Adamsberg y el peculiar equipo que compone su comisaría. Aparecen, además, algunos de los personajes aparecidos por primera vez en su anterior entrega. Entre todos intentan resolver el caso de una supuesta horda de justicieros guerreros zombi que siembra el pánico desde el siglo XII entre todo aquél que no tenga la conciencia tranquila (y gente de ésa hay mucha, me temo).

El infalible comisario Adamsberg tendrá que enfrentarse a una terrorífica leyenda medieval normanda, la del Ejército Furioso: una horda de caballeros muertos vivientes que recorren los bosques tomándose la justicia por su mano… Una señora menuda, procedente de Normandía, espera a Adamsberg en la acera. No están citados, pero ella no quiere hablar con nadie más que con él. Una noche su hija vio al Ejército Furioso. Asesinos, ladrones, todos aquellos que no tienen la conciencia tranquila se sienten amenazados. Esta vieja leyenda será la señal de partida para una serie de asesinatos que se van a producir. Aunque el caso ocurre lejos de su circunscripción, Adamsberg acepta ir a investigar a ese pueblo aterrorizado por la superstición y los rumores. Ayudado por la gendarmería local, por su hijo Zerk y por sus colaboradores habituales, tratará de proteger de su macabro destino a las víctimas del Ejército Furioso.

No voy a dar más datos porque no quiero desvelar ningún hecho importante de la trama. Adamsberg simplemente se topó de narices con un caso que ni buscaba ni le apetecía mucho investigar, como parece que le suele pasar. En este caso, quizás, porque no había ni siquiera caso cuando tuvo las primeras noticias sobre el que iba a ser su próximo destino.

Insisto en el mismo punto que en mi reseña de Un lugar incierto: no importa que no seáis fans incondicionales de vampiros y zombis (os habla una que no lo es); simplemente dad una oportunidad a Fred y dejad correr vuestros ojos por alguno de sus libros. Seguramente no os arrepentiréis.

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Un lugar incierto, Fred Vargas

Un lugar incierto

Un lugar incierto, de Fred Vargas, llevaba ya bastante tiempo en la estantería de casa, desde que lo desterré allí después de un primer ataque infructuoso. Obviamente no ha mejorado con el tiempo; quizás lo haya hecho yo o, más probablemente, simplemente aquél no fuera el momento de leerlo y, por lo que sea, éste sí. La cuestión es que he disfrutado muchísimo su lectura (tanto, que ya me he agenciado El ejército furioso, de la misma autora).

El comisario Adamsberg se halla en Londres, invitado por Scotland Yard, para asistir a un congreso de tres días. Todo debería transcurrir de manera tranquila, distendida, pero un macabro suceso alerta a su colega inglés: en la entrada del antiguo cementerio de Highgate han aparecido diecisiete zapatos… con sus respectivos pies dentro, cercenados. Mientras comienza la investigación, la delegación francesa al día siguiente regresa a su país. Allí descubren un horrible crimen en un chalet en las afueras de París: un anciano periodista especializado en temas judiciales ha sido, a primera vista, triturado. El comisario, con la ayuda de Danglard, relacionará los dos casos, que le harán seguir una pista de vampiros y cazadores de vampiros que lo conducirá hasta un pequeño pueblo de Serbia…

Como veis, la sinopsis deja muy claro que no se trata, precisamente, de una novela romántica, sino que la cosa va más de escabrosos detalles sobre los diferentes estados en los que se puede uno encontrar un buen día un cuerpo, o cualquiera de sus partes, así, sin venir demasiado a cuento y cuando menos se lo espere. Bonito, ¿verdad? La vida siempre nos da sorpresas, buenas y malas y cuando a ella le parece, ahí está la gracia del asunto, así que, si la vida pone en tu camino diecisiete zapatos con sus diecisiete pies, por poquito que te apetezca ponerte a investigar, si eres policía y te cae a ti el caso, te pones a ello. Habréis leído más arriba la palabra vampiro. Si os ha venido a la mente Anne Rice o la saga Crepúsculo, por favor, que no sea eso un impedimento a la hora de decidir si leer o no esta novela o no, porque no tiene nada que ver con ninguna de las dos.

Si habéis leído ya a Fred Vargas seguramente sabréis a qué me refiero. Es la primera obra que leo de esta autora pero creo que cualquiera que la haya leído sabrá perfectamente de lo que hablo. Y, aun a riesgo de no ser demasiado clara para los que no conozcan a Vargas, no voy a dar más detalles. Sólo diré que si te gustan los vampiros seguramente te gustará Un lugar incierto. Y, si no, también.

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