Ruido de cañerías, Luis Gutiérrez Maluenda

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Había leído hace tiempo acerca de Ruido de cañerías, de Luis Gutiérrez Maluenda (ya veis que tengo una acusada tendencia a leer los libros tiempo después de haber sabido de su existencia o, incluso, de contar con ellos en mi estantería) pero no fue hasta ayer cuando me hice con él y lo devoré sin piedad.

Atila, el detective marginal del Raval de Barcelona, está pasando una mala racha… Tiene problemas con la bebida y con Valentina, «lo más parecido a la mujer de su vida que hay en su vida». Una asociación de ayuda al inmigrante tiene grandes proyectos. El presidente del Futbol Club Barcelona aspira a la Honorabilidad más absoluta por caminos azarosos. Un crimen machista tan claro que desconcierta al mismo Atila. Un par de jóvenes «señoras bien» decididas a portarse tan mal como les sea posible. Lectura poco recomendable para políticos en pleno ejercicio de sus funciones, independientemente de su afiliación y del grado de crisis reinante en el país. Afirma Josep Forment, editor de Alrevés, que Maluenda es heredero de las novelas clásicas norteamericanas y, como tal, denuncia las injusticias sociales. Desde el racismo, la exclusión social, la lucha de clases, la soledad, las oportunidades en la vida, el amor… Además, lo hace con una escritura llena de ironía, de elegancia, muy suspicaz, honesta, certera, valiente y arriesgada.

Atila encarna la figura del clásico detective desastrado, un fracasado metido a investigador que resuelve los casos que le llegan mientras intenta mantener su vida en un grado de desorden no excesivamente superior al que ya tenía antes de ocuparse de ellos. Tanto él como su entorno y los personajes que lo rodean me recuerdan en algo al peluquero loco de Eduardo Mendoza (con todas las diferencias que hay entre ellos y, sobre todo, en el estilo de los dos autores), aunque éste no deja de parecerme un ser un tanto cándido ante la presencia de Atila.

Durante las pesquisas de nuestro detective el autor radiografía la sociedad catalana (extensible al resto del Estado, me temo) y denuncia todas esas situaciones que, por cotidianas y asumidas como «normales», han acabado siendo aceptadas por el conjunto de ciudadanos (o, directamente, ignoradas por ellos). Atravesamos de arriba a abajo y de derecha a izquierda todos los estratos sociales de Barcelona, desde las prostitutas del Raval hasta las de Sant Gervasi, que también las hay, desde la tienda del paki que oferta permanentemente VAT 69 en su aparador hasta los individuos mejor situados de la clase política, pasando por los matones y delincuentes de todos los pelajes que pueda haber en cualquiera de estos ámbitos.

El estilo directo -y no por ello falto de ironía- del autor nos narra una aventura que, pese a lo rocambolesco de su trama, no deja de parecernos perfectamente verosímil en el momento y lugar en los que nos encontramos. Resumiendo: no puedo dejar de recomendar esta novela que a mí, personalmente, me ha gustado mucho.

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Formato Kindle: Ruido de Cañerías (Detective Atila)

#SincroniciUdad, varios autores

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Hace escasa media hora que he terminado de leer #SincroniciUdad, antología de relatos compilados por Gabri Ródenas con la temática común de la sincronicidad (término elegido por Carl Gustav Jung para aludir a la simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido pero de manera acausal). Más abajo os haré llegar mis impresiones al respecto pero, antes, dejad que os ponga en antecedentes.

Ya os había hablado de Gabri Ródenas con anterioridad (dos veces, para ser exacta, con motivo de sus dos últimas novelas, El búnker de Noé y Estación Orichalcum) y, en cuanto supe de su iniciativa, materializada ya en forma de antología de relatos, me fascinó, tanto por la temática en torno a la que giraba como por el concepto de la misma: su intención era reunir en un mismo volumen relatos de diferentes autores (tanto noveles como consagrados) y destinar los beneficios de su venta a fines sociales. Solo por esto ya llamó mi atención pero, además, como ya venía siendo una constante en las fechorías de Gabri, el proyecto estaba basado, en buena parte (y en este caso, en su totalidad) en la participación, tanto de los agentes directamente implicados en el proceso de creación como de su público, especialmente a través de las redes sociales; de ahí, entre otras cosas, que el título de la obra fuera, en sí mismo, un hashtag, #SincroniciUdad, el utilizado para seguir el proyecto a lo largo y ancho de la red.

Me pareció una idea interesante, demasiado, quizás, como para mantenerme al margen, así que me propuse participar en ella con un relato. Lamentablemente, no acabé de encontrar la inspiración -si es que eso existe- suficiente como para englobar un relato dentro de la temática de una forma satisfactoria; no terminaba de convencerme ninguna de las historias que me vinieron a la mente y, finalmente, me resigné a disfrutar del resultado del trabajo de los demás desde el otro lado.

Ya os ha sucedido: pensar en esa persona a la que hacía años que no veíais y coincidir ese mismo día con ella; un déjà vu; la sensación de haber vivido una experiencia determinada en otro momento y lugar; la sospecha de que todo está conectado —personas, objetos y acontecimientos—; la intuición de que hay un destino para cada uno de nosotros, anunciado y guiado por misteriosas señales que parece enviarnos el universo. Sí, la vida es un extraño, complejo y apasionante puzzle cuya imagen completa rara vez nos es dado contemplar.

#SincroniciUdad nace del afán de construir una nueva polis donde todos los agentes del mundo del libro y la lectura se den la mano. El proyecto no tardó en llamar la atención de autores prestigiosos o ilustradores de la talla de José Ángel Ares, que se prestaron gustosamente a participar de un modo u otro en esta locura cuyos beneficios serán donados íntegramente a obra social.

Me he demorado un poco, puesto que #SincroniciUdad está disponible en Amazon desde julio pero por fin puedo hablaros del resultado de este trabajo en equipo desde mi punto de vista. Leía precisamente entre las opiniones de los lectores en Amazon una de un usuario que decía que esperaba más del proyecto pero que, pese a ello, no dejaba de recomendar su lectura y, la verdad, esta es, básicamente, mi propia opinión sobre la obra. No diré que sea una mala antología ni que su calidad sea pésima, ya que no lo creo; simplemente se trata de una compilación de relatos de diferentes autores, con diferentes bagajes y estilos, algunos de los cuales cuentan ya con una cierta trayectoria, mientras que otros apenas se inician en este tipo de aventuras. Difícil es ya que te gusten absolutamente todos los relatos de la antología de un mismo autor, no digamos ya si se trata de varios de ellos, pero, entre tanta aportación, seguro que acabaremos encontrando alguna que otra que, por una simple cuestión de gusto personal, haga que nos alegremos de haberle dado una oportunidad (a mí, alguno que otro me ha sacado una sonrisa sincera y también los hay que me han enternecido o angustiado). Si a ello le sumamos que su precio es de 0,89€ y que los beneficios serán destinados a fines sociales no veo cuál puede ser el motivo para no hacerse con ella. Animaos y me contáis.

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El ladrón de céntimos, Christophe Paul

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De vuelta a mi querida sección de “libros baratos” de Amazon. Podéis llamarme cutre si queréis, aunque yo prefiero considerarme simplemente pobre (en cursiva porque, tal y como está el patio, los que podemos comer tres veces al día podemos empezar a considerarnos afortunados y casi nos parece que no tenemos muchos motivos para quejarnos; en fin. Espero no ofender a nadie al definirme así cuando mi desdicha se limita, por el momento, a recortar en necesidades no básicas). Ya sé que más barato es todavía pasarse por la biblioteca pero, qué queréis que os diga, la urgencia de encontrar un libro para el trayecto del día siguiente hasta el trabajo me lleva a recurrir al recurso rápido de buscar en Amazon algo que echarme al Kindle. Una solución rápida y barata que me proporciona, además, la dosis de aventura que cualquier habitante del asfalto necesita para animar su previsible vida de lunes a viernes: ¿será el próximo libro con fantásticas opiniones de lectores en la web de Amazon uno de esos grandes descubrimientos que a veces he tenido el placer de hacer entre autores desconocidos para mí? ¿O se tratará, por el contrario, de otro de esos bodrios infumables plagados de opiniones cinco estrellas en las críticas? Ante tal misterio no puedo más que lanzarme a sus páginas devorándome las uñas de pura excitación.

Si habéis leído hasta aquí es que tenéis auténtico interés en saber algo más sobre este libro. Habéis pasado la prueba de fuego que supone un párrafo con disertaciones varias sobre cosas que nada tienen que ver con el motivo de este post, así que, valientes, no puedo negaros vuestro derecho a saber más sobre mi última novela leída.

El ladrón de céntimos, de Christophe Paul, no pertenece a ninguno de los dos grupos que os mencionaba más arriba. No se trata de una obra maestra ni de un insulto a la inteligencia; es una novela entretenida que se deja leer. A los amantes de París os encantará, ya que la mayor parte de la acción transcurre en sus calles, especialmente entre Montmartre y La Defénse.

¿ Y si alguien estuviese robando un banco céntimo a céntimo, sin que nadie se diera cuenta?… Está dedicada a todos los que han sufrido alguna vez la soberbia, la codicia y las injusticias del sistema financiero. Es una novela policíaca diferente. Transcurre en París, entre Montmartre y el ultra moderno barrio financiero de La Défense. La rutina cotidiana de unos personajes se ve alterada por un fortuito accidente, despertando el pasado y exacerbando el futuro. Una historia de amor, odio, codicia y asesinatos… ¿Hasta dónde se puede llegar por dinero?…

El argumento trata exactamente sobre lo que dice la sinopsis (como debería ser siempre), aunque no profundiza, tal y como podría interpretarse de la misma, en las injusticias del sistema financiero sobre la sociedad; pese a mencionarse algún caso, la trama hace más hincapié en la historia personal de los protagonistas y en la capacidad del ser humano de cometer auténticas barbaridades por unos ceros más en su cuenta bancaria.

Resumiendo, ya que hoy parece que soy chica de tecla fácil y me estoy enrollando más de la cuenta: sin tratarse de un descubrimiento literario de los que te dejan al borde del éxtasis, El ladrón de céntimos es una novela dinámica, con un ritmo saleroso que no deja lugar al aburrimiento. La trama tiene un poco de todo, asesinatos incluidos, sin llegar a ser una novela negra en toda regla, pero no me importaría leer algo más del mismo autor, ¿por qué no?

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El búnker de Noé, Gabri Ródenas

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A veces la vida te compensa por todas aquellas cosas desagradables que ella misma te trajo cuando tú no habías hecho nada para merecerlas. Y así, del mismo modo que me comí con patatas varios bodrios vía Kindle, mi natural tendencia a tropezar con la misma piedra me ha traído otra sorpresa de lo que yo llamo “los libros baratos” (libros electrónicos de Amazon por menos de tres euros), pero esta vez ha servido no sólo para compensar las malas experiencias con los autores independientes, con los que había encadenado un par de decepciones de las gordas, sino para recobrar mi fe en ellos, y es que, señoras y señores, me he topado con El búnker de Noé, de Gabri Ródenas.

León Poiccard es un escritor frustrado que trabaja en un periódico de segunda. Un día recibe un mail que le fue enviado por error. Sólo contiene una frase que, por descontextualizada, no tiene ningún sentido para él. Comete el error de responder, en busca de una aclaración al significado del mensaje y, en vez de eso, lo que recibe al día siguiente en la oficina es la visita de dos gorilas que se presentan para llevarse su ordenador. Así da comienzo esta historia. A partir de ahí, la vida no volverá a ser igual ni para León ni para Maribel Salgado, una compañera de la redacción que acabará metida, como él, sin comerlo ni beberlo, en un lío detrás de otro. Perseguidos por alguien que se está tomando demasiadas molestias en intentar quitarlos de en medio, todo apunta a que era algo demasiado gordo lo que se escondía tras aquel correo. Y, claro, no van a quedarse sentados de brazos cruzados; León no es de ese tipo de hombres y Maribel no está tampoco en condiciones de elegir, así que no les queda más remedio que llegar hasta el final, que, efectivamente, era algo demasiado gordo. Tanto como para que dependa de ello el futuro más inmediato de la vida en nuestro planeta.

No os voy a desvelar más sobre la historia. Sólo os animaré a leerla, en ebook, eso sí, ya que no está publicada en papel. Pese a la gran acogida que ha tenido la novela entre los lectores, todavía ninguna editorial (hasta donde he podido saber) se ha interesado por ella. Una lástima, ya que, a mi juicio, tanto historia como estilo, no sólo son buenos sino, además, vendibles. La prueba de que Ródenas me ha llegado al alma es que no he “podido evitar” hacerme con la siguiente entrega de la serie Anonymous (compuesta por El búnker de Noé y Estación Orichalcum), en la que nos lleva al Triángulo de las Bermudas, también de la manita de León y Maribel, para hablarnos de la Atlántida y a saber de cuántas cosas más que acabarán apareciendo entre sus líneas. Ya os contaré más cuando la termine dentro de, calculo, bien poquito.

Cómpralo en Amazon: El búnker de Noé (Noah’s Bunker)

Autopublicaciones desastrosas

Post de desahogo. Aviso. Tener un Kindle es una buena cosa si lees mucho, si eres de los que arrastran su lectura allá donde van o si te interesa conocer la obra de autores que no pasan (por propia voluntad o por falta de oportunidad) por una editorial.

Leer acaba saliéndote más a cuenta (una vez amortizado el bicho) porque los libros son más baratos. Todos. Los ojos te hacen chiribitas cuando entras en Amazon, sedienta de historias, y ves, ahí, en un apartado especial, los libros por menos de tres euros. El Paraíso. Sí. Casi siempre. Y no voy a hablar de los libros que no son publicados por una editorial porque son malos, que los hay, ni de los que, pese a lo mucho que me moleste al leerlos, tienen errores de formato. Esto último es algo que puedo llegar a entender. Lo que no puedo comprender es que un escritor que cuelga su trabajo para que todo el mundo pueda leerlo no se tome ni un minuto para revisar la ortografía. Faltas por doquier. Palabras escritas de diferentes maneras, según le pareció cada una de las veces que le vinieron a la mente (alguna habrá que esté bien); un desastre, vamos. Una pena porque, de haber estado más cuidada, podría casi recomendar su lectura. No es nada del otro jueves pero la historia es entretenida y se deja leer.

La decepción duele menos a ese precio pero no creo que éste sea, en ningún caso, una excusa válida a la hora de descuidar de esa manera un texto, y no ya por el lector, que, al fin y al cabo, es el que paga, aunque sea poco -o nada, en el caso de libros gratuitos-, sino por el mismo autor, que echa por tierra de esta manera tan tonta todas las horas de trabajo que ha invertido en la escritura de su novela. Amazon es un buen escaparate, sí, pero por eso mismo hay que estar muy seguro de que lo que el público va a encontrar de uno allí es lo que le gustaría que vieran. ¿No creéis?

Tengo ganas de morirme para ver qué cara pongo, Miguel Albandoz

Después de mucho de no hablaros de otra cosa que no sea yo, yo, yo y yo, voy a empezar a poner al día la sección libros, que la tengo muy abandonada.

Hoy le ha tocado a Tengo ganas de morirme para ver qué cara pongo, de Miguel Albandoz. Llegué a esta novela por casualidad. No la estaba buscando, ya que ni sabía de su existencia, pero andaba yo a la caza de algo que echarme al Kindle y su descripción en Amazon me robó el corazón:

Conozcan a Facundo Palomero la tarde en que la fortuna le sonríe con una quiniela de catorce aciertos, lo que despertará una rabia desmedida en su vecina, doña Justa.
Compartan las tribulaciones de Vicente Valladar, cuya vida pende de un hilo si no consigue saldar la deuda que tiene con una familia de malhechores; para lo cual le vendría de perlas el dinero de la quiniela de Facundo.
Asistan a una reunión de la junta directiva de “Apochical” y descubran qué es un esponjo, una púlgara o una biela rusa.
Bailen al son de una orquesta capaz de lograr que cualquier melodía suene como el “Porompompero”.
Diviértanse con las peripecias de la gran estrella del asesinato profesional, las alucinaciones de un carbonero reconvertido en exterminador y los despropósitos de un camarero cojo la mar de desagradable.
Una divertidísima novela sobre esa curiosa costumbre que tiene el destino de dar pan a quien no tiene dientes; sobre lo que uno es capaz de hacer cuando ve que lo que le hace falta le cae en suerte a alguien que no lo necesita ni lo valora. Sobre las cosas tan distintas que unos y otros consideramos como las más importantes en la vida. Y sobre la cara que a cada cual se le quedará cuando haga el balance final de su periplo por este mundo.

Miguel Albandoz se define, directamente, como autor de novelas de humor. ¿Qué queréis que os diga? Una, que también cojea del mismo pie -o, por lo menos, lo intenta-, no pudo resistirse y se hizo con ella. Otra de las razones que me llevó a comprarla fue que tenía ganas de aprovechar la posibilidad que da Amazon a lectores y escritores de compartir textos sin la impepinable intermediación de una editorial. Ahora mismito acabo de comprobar que la novela fue publicada en papel por Ediciones Nieva, aunque no sé si antes o después de su publicación en Amazon, así que no sé si estamos o no ante un caso de autopublicación.

La ataqué con muchas ganas y, pese a algunos aspectos que, por una simple cuestión de gusto personal -que podéis compartir o no-, no acabaron de convencerme, la valoración general que hago de ella es muy positiva. Promete risas y no voy a negar que, a mí, me las sacó. Misión cumplida.

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En papel: Tengo ganas de morirme para ver que cara pongo
Versión Kindle: Tengo ganas de morirme para ver qué cara pongo

¿E-reader? ¿Qué modelo?

Se acerca mi cumpleaños. Podría dejarlo ahí y todos vosotros os iríais de aquí, básicamente, con el mismo mensaje que os llevareis después de leer este post completo. Si hoy estáis un poco vaguetes, es vuestro día; os lo podéis saltar y nadie lo notará.

La cuestión es que, superadas algunas de las temidas preguntas de sondeo que acaban cayéndole siempre por encargo de la familia a quien más cerca tienes, caigo ahora en que, quizás, un cacharro de estos no sería una mala opción.

Una compañera de trabajo me ha estado cantando hoy sus virtudes (del Kindle, no las suyas propias) y empiezo a mirarlo con ojitos tiernos. Los usuarios de libro electrónico ya me habéis hablado de sus ventajas (peso y volumen sobre todo) y hay que tener en cuenta que, además, los títulos son mucho más baratos, cosa que a la larga acabas amortizando.

Ahora la cuestión es… ¿Kindle de Amazon u otro modelo? Por precio y prestaciones, ¿alguien me sabría recomendar -o desconsejar- alguno de ellos?