Futuro, distopía y punk

Imagen de la película Blade Runner

Vuelvo al tema distópico. Hoy no voy a reseñar ninguna novela de este género, pero sí que hablaré de él y de su relación con la ciencia ficción, el punk y el ciberpunk como movimiento al que pertenecen muchas de sus obras. El punk, en general, Sigue leyendo

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Un mundo feliz, Aldous Huxley

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Un mundo feliz, de Aldous Huxley. Por fin fuera de mi lista de eternas lecturas pendientes. Como os comentaba en algun post anterior, estoy últimamente muy distópica, así que he decidido no postergar más su lectura y lanzarme al disfrute desatado del pesimismo más absoluto sobre el futuro del ser humano; en eso, tanto Huxley como yo estamos más o menos en el mismo punto, con la diferencia que a estas alturas de la película somos más conscientes de lo acertado de sus sospechas. Sigue leyendo

1984, George Orwell

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1984, la novela distópica de George Orwell que, junto con Un mundo feliz, de Aldous Huxley, y Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, constituye uno de los máximos exponentes de este género, es la obra que os voy a reseñar hoy.

Hacía mucho tiempo que tenía pendiente la lectura de este libro. Era uno de los que recuerdo ver en casa desde que era pequeña y un buen día me decidí a leerlo por iniciativa propia con no más de diez años; evidentemente no tardé mucho en dejarlo, demasiado para una niña. Desde algún momento posterior, que no podría situar en el tiempo, ha ocupado un lugar en mi lista de lecturas pendientes. Hasta hoy.

Londres, 1984: Winston Smith decide rebelarse ante un gobierno totalitario que controla cada uno de los movimientos de sus ciudadanos y castiga incluso a aquellos que delinquen con el pensamiento. Consciente de las terribles consecuencias que puede acarrear la disidencia, Winston se une a la ambigua Hermandad por mediación del líder O’’Brien. Paulatinamente, sin embargo, nuestro protagonista va comprendiendo que ni la Hermandad ni O’’Brien son lo que aparentan, y que la rebelión, al cabo, quizá sea un objetivo inalcanzable. Por su magnífico análisis del poder y de las relaciones y dependencias que crea en los individuos, 1984 es una de las novelas más inquietantes y atractivas de este siglo.

Orwell describe en esta novela un mundo, dividido en tres grandes bloques en guerra constante entre ellos, habitado por una sociedad deshumanizada en la que las personas viven sometidas a un régimen totalitario que controla por completo no sólo sus vidas sino, también, su pensamiento. El Gran Hermano (existente o no, ésa es una de las grandes incógnitas en la historia), líder absoluto del Partido, les vigila en todo momento a la caza de cualquier indicio de una posible rebelión contra el poder. No hay cabida para la intimidad en el mundo en que viven (sobreviven sería un término más acertado) los habitantes de 1984.

No me voy a extender mucho en el resumen de la obra porque seguro que es de todos conocido. Si bien la descripción que he hecho más arriba no es la de una sociedad muy humana, lo más terrorífico, a mi juicio, no es, pese a lo terrible del asunto, el sometimiento de la población mediante un sistema opresor y dictatorial. Lo más desolador es el aislamiento al que cada individuo es sometido a través del control extremo de una humanidad en la que la comunicación es prácticamente imposible y en la que, para colmo, y puesto que todos están obligados a manifestarse públicamente como fieles al Partido, nadie puede saber en ningún momento si la persona que tiene delante es un amigo o un enemigo que no dudaría en delatarlo ante las autoridades en caso de sospechar en él ideas contrarias a las del régimen. Las nuevas generaciones son aleccionadas en la ideología del Ingsoc (socialismo inglés, tendencia política del Partido) y es común que los hijos denuncien a sus padres por considerar que no deben el suficiente respeto al sistema o a su máximo exponente, el Gran Hermano.

El único amor permitido es el amor al Gran Hermano. Cualquier otro sentimiento afectuoso es condenado por el régimen, puesto que supone un peligro para éste. Los únicos que escapan (relativamente) a este asfixiante control son los proles, la clase más baja de la sociedad (y también la más numerosa), que no son considerados peligrosos por no contar, según el gobierno, con la inteligencia suficiente para pensar de manera crítica y rebelarse contra la autoridad. Estos, sin embargo, constituyen según Winston Smith (el protagonista) la única esperanza de la humanidad, puesto que son el ochenta y cinco por ciento de la población.

Pero los proles, si pudieran darse cuenta de su propia fuerza, no necesitarían conspirar. Les bastaría con encabritarse como un caballo que se sacude las moscas. Si quisieran podrían destrozar el Partido mañana por la mañana. Desde luego, antes o después se les ocurrirá. Y, sin embargo…

… Y, sin embargo, de momento no parece que vayan a hacerlo, ya que el Partido los mantiene lo bastante entretenidos como para que no dediquen su tiempo a rebelarse contra él. Esto último me recuerda a un pasaje de Charles Bukowski en su novela Mujeres, de la cual ya os hablé en un post anterior, donde transmitía el mismo mensaje:

La segunda pelea también fue buena. La muchedumbre rugía y se desgañitaba y trasegaba cerveza. Habían escapado temporalmente de fábricas, almacenes, mataderos, garajes de limpieza de coches… volverían a la cautividad al siguiente día, pero ahora estaban fuera, enardecidos por la libertad. No estaban pensando en la esclavitud de la pobreza, ni en la esclavitud de la beneficencia y los sellos de comida. El resto de nosotros viviría tranquilo hasta que los pobres aprendiesen a construir bombas atómicas en sus sótanos.

Lamentablemente, no es algo que venga de nuevo a los habitantes de nuestro tiempo, y parece que George Orwell lo vio ya muy claro a finales de la década de 1940 y quiso advertirnos de ello justo antes de morir, poco después de la publicación de la novela. 1984 es, además de una terriblemente acertada predicción política y social, una crítica a los regímenes totalitarios (especialmente el stalinista, en cuyo líder se inspira la figura del Gran Hermano), en los que la reescritura del pasado, tarea de Winston Smith en su puesto de trabajo en el Ministerio de la Verdad, era algo común, como lo era también en la Guerra Civil Española, bien conocida por Orwell, en la que la tergiversación de los hechos llevaba muchas veces a relatar situaciones que nada tenían que ver con estos, según él mismo dijo. Pura ficción que acababa convirtiéndose, a la práctica, en verdad, y que dejaría de ser una mentira, a todos los efectos, en cuanto la última persona que conociera la auténtica realidad, desapareciera de este mundo.

Quizás no sea un libro repleto de una acción trepidante (especialmente la primera parte, antes de conocer a Julia, durante la cual la descripción de la sociedad de la época constituye el grueso de la narración) pero recomiendo sin duda su lectura, no sólo por tratarse de un clásico del siglo XX, sino también porque nunca está de más que nos recuerden que tenemos que tener los ojos bien abiertos, especialmente cuando hay una parte de la población (no muy numerosa, como los miembros del Partido Interior descritos en la novela, y tan poderosa como estos últimos -curiosa coincidencia-) muy interesada en que los mantengamos bien cerrados.

Herder se apunta al manga

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Herder es una editorial que, por la temática de su catálogo, escapa de la idea de fábrica de best-sellers, puesto que éste se compone sobre todo de libros sobre filosofía, religión, teología, psicología, sociología, grafología y otros «ías» poco dados a encontrarse en la categoría superventas de cualquier librería no especializada. Quizás por ese mismo motivo decidió hace un par de años publicar en España los títulos que la editorial japonesa East Press había lanzado con la finalidad de acercar al público nipón el pensamiento de los grandes autores occidentales a través de un formato familiar para ellos: el manga.

Esta nueva colección engloba títulos clásicos de literatura, política y filosofía de autores como Homero, Maquiavelo, Nietzsche, Marx, Orwell o Rousseau, entre otros, y acaba de lanzar El Anticristo de Nietzsche como novedad esta última Semana Santa (la vida está llena de pequeños detalles deliciosos que merece la pena destacar). La acogida, por lo que he podido ver, ha sido muy buena tanto por parte del público como de las editoriales especializadas en cómic y manga: los lectores que no se atrevían a atacar a estos autores en su formato original sí que se aventuran a hacerlo en su versión manga y, de la misma manera, se hace llegar este último formato a un público que antes no estaba familiarizado con él. Resumiendo: todos ganan.

Quizás sea ésta la manera de acercar los «autores serios» a un público que de otro modo nunca se habría interesado por ellos: adaptarlos a formatos más visuales. Después de leer el manga de 1984, por ejemplo, podría decir que ya conozco esta obra de Orwell. No tal y como él la creó, ni con todos los matices literarios que hacen de un libro una obra de arte más allá de la trama pero, por lo menos, conozco la historia y, si me ha gustado, puede incluso que me decida a leer la novela. Reconozco, sin embargo, que a una servidora se le pusieron los pelos de punta al ver la Ilíada y la Odisea juntas en un solo volumen de 200 páginas; puede que sea la manera de acercar la obra de Homero a un nuevo público pero, en este caso, creo que la empresa pasa por descafeinar en exceso ya no el texto sino la trama en general. En cualquier caso, si tiene que servir para traer a nuevos lectores al mundo clásico, bienvenida sea cualquier poda argumental. El manga, aunque para hacerlo haya tenido que salirse de su registro habitual, también ha ganado en mí una nueva lectora que, hasta el momento, no se había atrevido a perderse entre sus páginas.

Gabri Ródenas: la entrevista

Entrevista Gabri

Cuando creé la sección entrevistas tenía muy claros algunos nombres de futuras víctimas de mis preguntas; Gabri Ródenas era uno de ellos. Autor indie de referencia en España, creador de El búnker de Noé y Estación Orichalcum, superventas ambos en Amazon, y compilador de relatos en #SincroniciUdad, antología de textos de varios autores publicada en la misma plataforma. Trabaja actualmente en Los pasajeros, su última novela. De todo esto y, especialmente, de lo que subyace en la trama de sus obras y de su propia filosofía, nos habla a continuación.

Causalidad, sincronicidad y casualidad (o falta de ella). ¿Qué papel juegan estos tres términos en tus novelas?

Como dijo Friedrich von Schiller, «No existe la casualidad, y lo que se nos presenta como azar surge de las fuentes más profundas». No creo en el azar y aunque los he empleado de un modo u otro –junto con el de serendipia– en mis novelas, es sin duda en Los Pasajeros donde términos como sincronicidad o casualidad (mejor dicho, su ausencia) juegan un papel más importante.

La Serie Anonymous (El búnker de Noé y Estación Orichalcum) está marcada por una clara tendencia a lo que algunos llamarían paranoia conspirativa, a la creencia de que el mundo, tal y como lo conocemos, no es sino una gran mentira, la película que un gran poder en la sombra quiere que veamos para continuar con el establishment. ¿Ciencia ficción o especulación personal?

En efecto, mis dos primeras novelas abordan una temática conspirativa, si bien tienen muy poco de ciencia-ficción. De hecho, la mayor parte de los datos recogidos en ellas, a pesar de englobarse dentro de una ficción, son absolutamente reales.

Más que especulación personal, considero que mi punto de vista es sociológico; aquel que cualquier observador atento podría detectar por sí mismo. Mis dos primeras novelas son meros catalizadores. A diferencia de Los pasajeros, donde trato de ofrecer algunas propuestas de solución pacífica, tanto El búnker de Noé como Estación Orichalcum son obras de diagnóstico. En ellas intento presentar algunos hechos que, a mi juicio, están teniendo lugar. No tanto los referentes a las tramas –repito que son fruto de mi imaginación- como lo que puede leerse entre líneas.

Quizá siempre haya sido así, pero desde mi punto de vista, el mundo está experimentando cambios sutiles no siempre esperanzadores y sí bastante siniestros.

No obstante, soy una persona optimista y estoy plenamente convencido de que la ciudadanía (y el ser humano en su conjunto) comienza a advertir la necesidad de afrontar nuevos horizontes mentales, sociales y espirituales.

¿Es este oscurantismo la verdadera causa de algunos de los cambios en la política educativa europea, como el Plan Bolonia?

No sabría decirte, si bien me temo que planes como el de Bolonia atienden más a una naturaleza económica que de otro tipo. Ahora bien, la economía es la vía más rápida de exclusión…

¿Camina el mundo hacia una distopía similar a las imaginadas por Huxley, Orwell, Bradbury o Alan Moore en V de Vendetta?

No camina. Estamos ya ahí. Como si de un lema ciberpunk se tratase, el futuro ya ha tenido lugar.

¿Qué tienen tus novelas en común con las obras de los autores anteriores?

Es una pregunta muy interesante, ya que las cuatro referencias que mencionas aparecen citadas de manera expresa en casi todas mis novelas. Todos esos autores llevaron a cabo una radiografía perfecta de la sociedad en la que vivieron y sus teorías siguen plenamente vigentes. Podría decir que mis dos primeras novelas (especialmente Estación Orichalcum) son un homenaje a Orwell, sobre todo al célebre 1984. Los pasajeros, sin embargo recupera el espíritu de Bradbury y, sobre todo, Huxley, a mi juicio el gran olvidado. Casos como el de Edward Snowden han reavivado la llama de Orwell, pero creo que Huxley podría explicar muchas cosas de nuestro presente. En mi opinión, nuestro presente se explica por una combinación de planteamientos orwellianos y tomados de Huxley; un Gran Hermano nos vigila hasta tal punto que quizá en un futuro no muy lejano tengamos que redefinir términos como el de intimidad y privacidad. Huxley nos ofrece pistas acerca de por qué no somos capaces de romper con esa dinámica. Para Huxley no se nos controla mediante la fuerza bruta, sino mediante la saturación y el atontamiento a través del placer y el ocio vacío (soma).

Por otra parte, me llama la atención que menciones la obra de Alan Moore, pues mi esposa considera que Los pasajeros supone una vuelta de tuerca de la propuesta contenida en V de Vendetta. Asumo que es una opinión exagerada, fruto del amor. ¡Es mi mujer! [Risas].

Tus dos primeras novelas son distópicas. En una entrevista afirmabas que esto no sería necesariamente así en un futuro. ¿Es éste el caso de Los pasajeros? Háblanos de tu próximo trabajo.

Como he dicho antes, Los pasajeros no es una obra de diagnóstico ni distópica, sino que intenta ofrecer alternativas prácticas, pacíficas y viables. En cierto modo, y ahora que lo pienso, sí guarda una estrecha relación con V de Vendetta, aunque se separa en el fondo: no apela a la violencia –por muy justificada que pueda parecer- y sí vías pacíficas, sin duda, mucho más sólidas y menos traumáticas. En la novela queda perfectamente justificado este punto de vista.

Valiente, arriesgada, atrevida, hipnótica, rara y comprometida. Son algunos de los adjetivos que ha merecido Los pasajeros tras la lectura de sus primeros capítulos (disponibles en tu web). ¿Cuál de ellos define mejor la novela? ¿Por qué?

Todos ellos reflejan aspectos de la novela. Algo que cualquiera apreciará nada más leer los primeros capítulos es que tiene poco que ver con el canon literario actual. Abundan las referencias culturales y científicas; su estructura gramatical se aleja de la fórmula sujeto-verbo-predicado y explora otras formas, sin caer por ello en la novela culta al estilo de Thomas Mann, Musil, y ese tipo de autores tan queridos por la crítica pero a los que ya nadie lee [Risas]. La acción tampoco es frenética y exige del lector un poco de implicación. Definitivamente no se trata de una novela de consumo, pero creo que será del agrado de un porcentaje elevado de lectores. Un par de beta testers me comentaron que es de esas novelas que lees una y otra vez en tu cabeza después de haberla leído. El público decidirá, pero, no te voy a engañar, ésa era mi idea desde el principio.

Afirmas que Los pasajeros es una obra necesaria, que contribuye al cambio del statu quo por parte de la sociedad. ¿Necesita esta sociedad que alguien le abra los ojos para decidirse a dar el paso y cambiar la situación actual o es el miedo el único responsable de la pasividad del conjunto de ciudadanos?

Todavía no he desarrollado un complejo de Mesías, de modo que, si la sociedad necesita a alguien que le abra los ojos, desde luego, no soy yo. Considero que la sociedad puede abrir los ojos por sí misma, aunque no le vengan mal un par de empujones y un buen arsenal conceptual para protegerse e incluso atacar. La tesis principal de la novela es que sólo el amor, la cultura y la humanidad nos permitirán cambiar el estado de las cosas.

Respeto lo suficiente a mis lectores y su inteligencia como para no ofrecerle en este momento otra dosis de opio. Volveré a la literatura de consumo, pero no me parecía el momento. Ya tenemos suficiente evasión. Sé que esta decisión puede afectar negativamente a mi carrera literaria, pero soy persona por encima de escritor.

Como bien señalas, el miedo, unido a la saturación que conduce a la insensibilización, la virtualización de la realidad y la esperanza de que las cosas mejoren por sí solas es lo que nos mantiene en esta situación. Pero la gente tiene necesidades básicas y lo que tengo muy claro es que entre ellas no se encuentra un sistema represor que lo único que dispensa últimamente es miseria y desigualdad. No tengo muy claro que la gente pueda soportarlo durante mucho tiempo.

Tu próxima novela vendrá precedida de un documental sobre su creación, ¿de dónde surgió la idea?

Si te soy sincero, del lugar más absurdo. Al hilo del estreno del último disco de Pearl Jam, Lighting Bolt, vi que se había realizado un documental corto de tipo promocional. Quise llevar la idea más lejos y aprovechar para aportar un documento gráfico que ilustrase cómo funciona la mente de un escritor, cómo es la creación de una novela, cómo están relacionados los temas que preocupan a un autor con los hechos que luego se narran. En definitiva cómo se plasma una idea o concepto en una novela.

Mi esposa apoyó el proyecto y se prestó a dirigirlo. Es una realizadora fascinante y con una gran experiencia y sensibilidad. También contaremos con el respaldo de una pequeña productora independiente y un grupo de alumnos de Comunicación Audiovisual de la Universidad de Murcia.

¿Para cuándo el estreno del documental? ¿Y el lanzamiento de la novela?

Actualmente se halla en fase de preproducción. No podría darte fechas.

Sobre la publicación de la novela tampoco puedo adelantarte gran cosa. Estoy en negociaciones con varias editoriales y no me gusta anticiparme… Lo que sí está claro es que, de entrada, no será publicada directamente en Amazon ni ninguna otra plataforma similar.

La participación de los lectores ha sido clave en la promoción de El búnker de Noé y Estación Orichalcum, así como en el proceso de creación de Los pasajeros, en la traducción de la primera al inglés gracias al crowdfunding y en la publicación de #SincroniciUdad, compilación de relatos de diversos autores sobre el tema de la sincronicidad promovida y dirigida por ti mismo. ¿Crees que es la implicación activa de la ciudadanía en la política la solución a la falta de democracia práctica de nuestros días y/o a la injusticia social?

Sin duda la participación ciudadana es la clave. Después de todo, la democracia siempre ha ido sobre eso, ¿no estás de acuerdo?

Muchas gracias, Gabri.

Muchas gracias a ti, Silvia. Ha sido un placer responder a esta batería de preguntas inteligentes.