Libro impreso vs. ebook

B7a50V3CQAAr67JLa eterna lucha. O, mejor, el eterno discurso sobre una lucha que, quizás, no tenga por qué tener necesariamente un vencedor. Acabo de leer un artículo (antiguo, del 20 de abril de este año) de El País, que ya en su titular afirma que el inventor de Kindle lee en papel. Y bien, ¿por qué debería extrañarnos? En mi opinión, esta lucha a muerte entre soportes no tiene demasiado sentido. Está claro que ambos tienen ventajas e inconvenientes, como todo en este mundo; así pues, ¿por qué elegir cuando podemos escoger uno u otro en función de nuestras prioridades o necesidades en cada momento? Sigue leyendo

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Cómo publicar un ebook sin volverse loco… y que alguien lo lea, Alejandro Aguayo

Cómo publicar un ebook sin volverse loco

Hoy no os voy a reseñar ninguna novela, que es el tipo de lectura que normalmente ocupa mi tiempo (estoy inmersa en la lectura de una de la que os hablaré en breve). El libro de hoy es Cómo publicar un ebook sin volverse loco… y que alguien lo lea, de Alejandro Aguayo. Hacía ya tiempo que sabía de este libro y que consideraba la posibilidad de leerlo, puesto que había leído buenas críticas sobre él y, además, el tema me interesaba mucho, así que cuando Roberto López-Herrero (@ElExpecial) me lo recomendó no me quedaba ya ninguna excusa para no leerlo.

¿Que por qué me interesaba tanto la temática de este libro? Bueno, pues porque como autora indie (perdón: protoindie, que mi novela no saldrá hasta el otoño) había un montón de dudas y cosas que, directamente, no tenía ni idea de cómo hacer. Una de las cuestiones que más me preocupaban era la conversión del texto a formato electrónico. Lo que había ido leyendo por ahí sobre el tema no solo no me había ayudado sino que había hecho que todavía me diera más miedo el asunto, todo parecían problemas que convertían el proceso en una pesadilla técnica de la que era difícil salir airoso. Por suerte, esta cuestión quedó solucionada con el descubrimiento de Scrivener, el software para escritores del que ya os hablé en este otro post y del que también dice maravillas Alejandro Aguayo en este libro.

Vale, ya tenemos nuestro libro en formato electrónico, ahora queda hacerlo llegar a los lectores, ¿cómo lo hacemos? El libro proporciona toda la información necesaria para publicar nuestra obra en Amazon, tanto la referente a cuestiones administrativas o legales como la que respecta a la comercialización en sí, sea en formato electrónico o impreso. Sí, ya sé que el título es Cómo publicar un ebook… pero Amazon, además de KDP (Kindle Direct Publishing), ofrece la posibilidad de publicar nuestros libros en papel a través de CreateSpace, todo ello sin que nos cueste un duro, ya que se trata de impresión bajo demanda (como Bubok y Lulu, las otras dos grandes conocidas de este tipo de edición).

Llegados a este punto hemos convertido nuestro texto en un ebook y lo hemos puesto en el mercado, falta ahora que alguien lo compre, y es ahí donde entra la promoción, autopromoción en caso de los indies, los Juan Palomo del mundo editorial. Te has dejado las pestañas ante tu ordenador para escribir algo que vale la pena ser leído, has seguido dejándotelas pasando ese texto a un formato legible para tu público, y coge aire porque vas a tener que seguir haciéndolo si de verdad quieres que todo ese trabajo sirva para que alguien más que tu madre o tu mejor amigo compren tu libro. Las redes sociales son el lugar ideal para contactar con esos lectores potenciales que están deseando leer tu novela, aunque no lo sepan. Tu trabajo es hacérselo saber, convencerlos de que deben escoger tu libro entre los miles de autores como tú que intentan abrirse paso en Amazon. Cómo hacerlo es algo que nos explica no solo Alejandro Aguayo, sino también muchos de los grandes autores independientes, a través de su propia experiencia.

Mi consejo, si tienes la intención de lanzarte a la autoedición, es que dediques un poco de tu tiempo a este libro: un autor indie es como un hombre orquesta, tiene que saber tocar muchos instrumentos y coordinarlos para que suenen lo mejor posible. Todos tenemos puntos fuertes y débiles (a priori, se supone que el fuerte es la escritura) y, por desgracia, puede que algunos de los «menos buenos» sea alguno de los que necesitamos para llevar nuestro texto a buen puerto. Este libro te puede ayudar con ellos y facilitarte esa parte del trabajo de la que se debería encargar esa editorial de la que has decidido prescindir.

Normal, Roberto López-Herrero

Normal - R. López-Herrero

Di con Normal, de R. López-Herrero, como muchas veces acabo encontrando los libros que leo: a través de comentarios y recomendaciones de otros lectores en la red. Si no siempre, por lo menos, sí a menudo suelen cumplir mis expectativas las novelas que escojo siguiendo este método. Y ese ha sido el caso de la primera novela negra de este autor, nuevo en mi estantería, o en mi Kindle, con algún que otro número de convertirse en un habitual de mis lecturas.

«El asesino era… normal» es la única descripción que Félix Fortea, policía de homicidios, recibe cuando interroga a los testigos de un crimen a plena luz del día. ¿Cómo detienes a un homicida que puede ser cualquiera? ¿Qué es ser “normal”? Un elenco de personajes con sus fallos, rarezas y taras se unen para detener a un criminal que parece camuflarse exhibiendo su aparente normalidad. Una novela negra en la que R. López-Herrero pone en duda el concepto de normalidad imperante en nuestra sociedad.

Me intrigó, al leer la sinopsis, la cuestión de la normalidad; es algo que muchas veces me he cuestionado yo misma: ¿qué es la normalidad? ¿lo común? ¿lo no patológico? en un mundo de «locos» ¿seríamos todos normales? Lo normal, en este caso, es lo que, por habitual, pasa desapercibido; ni un rasgo destacable del asesino. Físicamente es el ciudadano estándar, quizás no en Suecia, pero sí en este país. Su personalidad no destaca tampoco en nada, aparentemente. Todo el mundo cree estar ante un hombre como cualquier otro; error flagrante que te puede costar la vida si bajas la guardia ante una persona, en apariencia, tan inofensiva como cualquiera de las que te rodea cada día. Tan flagrante como etiquetar como «raro» a quien rompe esa normalidad establecida por el conjunto de la sociedad con algún rasgo que lo marca y lo señala, por no encajar con el estereotipo de persona «normal». En el fondo todo se reduce a una simple pregunta: ¿qué es normal? El autor estructura su novela sobre esta cuestión, proporcionando una descripción llena de matices de la personalidad de los personajes que nos cuentan su historia. ¿Qué mejor manera de apreciar esa normalidad que desde la mente de los propios protagonistas?

La normalidad es el gordo de la lotería si eres un asesino, y una pesadilla si eres el policía que tiene que atraparlo antes de que acabe con media ciudad mientras los medios están encantados de pregonar las hazañas de un psicópata suelto por sus calles. La historia atrapa desde el principio pero, más aún, cuando se nos permite entrar en la mente de este personaje con pocos escrúpulos a la hora de hacer lo que considera que debe hacer. A medida que avanza la trama, él mismo narra su historia, dotando a la novela de más intensidad, de más tensión, de más nervios y, por qué no, de más miedo por los personajes que hay del otro lado. Encontrar al asesino puede ser menos deseable de lo esperado, cosa que nosotros, como lectores, sabemos, pero ellos, como perseguidores, no.

Poco a poco, Félix Fortea y el resto de sus compañeros de homicidios irán averiguando más cosas sobre ese «fantasma» que campa a sus anchas por Madrid. Dicen que el miedo es lo que nos mantiene con vida porque nos permite evitar peligros, pero, ¿qué pasa cuando nuestras alarmas no se disparan? A veces el miedo llega demasiado tarde, cuando ya no nos puede ayudar. No me gustaría destriparos la novela, y bastante me está costando no irme de la lengua, así que aquí tenéis el booktrailer, breve pero suficiente para que os hagáis una idea de lo que podéis encontrar entre las páginas llenas de normalidad de este libro.

 

 

Scrivener. Práctico software para escritores

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Perdonad que me salga de la línea general de este blog, pero hoy toca post sobre el trabajo que todo escritor saca adelante cada día sobre su mesa y sobre lo difícil que puede resultar muchas veces manejar todo el volumen de información necesario para escribir una obra de gran tamaño, sea ésta de ficción o un sesudo ensayo sobre algún tema académico: ¿qué hacer con tantos datos? ¿cómo organizarlos? Pues bien, os diré que estoy contentísima porque he encontrado un software fantástico que te permite tener a mano toda esa información que puedes necesitar en cualquier momento. Ordenada y visible con un click; se acabaron las carpetas y carpetas con esquemas, cronologías, fichas de personajes y mil cosas más. Para que os hagáis una idea; esto es lo que hay en la carpeta madre del proyecto que me traigo ahora entre manos: mi segunda novela (que, como veis, aún no tiene título).

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Como podéis ver, teniendo abierto el documento principal, cada vez que quiero consultar un dato sobre un personaje, sobre el esqueleto de la historia o sobre la documentación, tengo que volver a la carpeta madre y buscar aquello que necesito entre varios archivos y subcarpetas, con la consiguiente pérdida de tiempo y de concentración que ello supone, con lo que cuesta a veces conseguir cualquiera de las dos cosas.

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Y, sobre estas líneas, un pantallazo (no mío) de Scrivener, el programa del que os hablaba, en el que no tienes mas que clicar sobre un icono en la barra lateral para consultar cualquier dato y volver con un solo click a la pantalla anterior para continuar con tu trabajo. Aún estoy descubriendo las posibilidades que ofrece, que son muchas, y cuanto más sé, más me gusta. Incluso convierte él mismo el proyecto, una vez terminado, a libro electrónico, tanto ePub como mobi. Ya he convertido Las pesquisas de un cadáver amnésico, cosa que me traía por la calle de la amargura porque no acababa de conseguir darle un formato totalmente presentable. ¡Estoy que no quepo en mí de gozo!

Aquí podéis descargar una demo activa durante 30 días de uso (es decir, si la bajáis y no la usáis en dos meses, ahí estará esperándoos cuando os decidáis a hacerlo) y, si os convence, comprar la licencia por 30€. ¿No está nada mal, no?

¡Ah! Por cierto, antes de irme a dormir: muy prontito habrá novedades sobre Las pesquisas de un cadáver amnésico; ya falta menos para que podáis haceros con él, ¡os mantendré informados!

Los pasajeros, Gabri Ródenas

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Los pasajeros, de Gabri Ródenas, recientemente fichado por B de Books tras la autopublicación de sus dos primeras novelas (El búnker de Noé y Estación Orichalcum), es la obra de la que os voy a hablar hoy.

Habiendo leído las dos anteriores, totalmente independientes de ésta última (pese a que en ella se encuentren algunos guiños al lector de aquéllas), ya esperaba encontrar en mi lectura algunos elementos clásicos en el estilo inconfundible de su autor, como la crítica social o las constantes referencias culturales (con especial mención de las musicales); esta vez, sin embargo, los sitúa dentro de un nuevo marco: el de lo sobrenatural, lo desconocido o lo inexplicable como contrapunto a lo que ya conocemos, que asumimos como natural y que, pese a lo insatisfactorio que nos pueda resultar, nos parece totalmente lógico y coherente, lo que yo interpreto como el «es lo que hay» que tanto se oye últimamente. Esta expresión perdería todo su significado si nos atreviéramos a mirar un poquito más allá, a explorar otras opciones y superar los miedos que nos impiden adentrarnos en lo desconocido, donde no sabemos qué nos espera pero donde quizás encontremos un «también hay» que mejore nuestro mundo (por lo menos, el de la mayoría de nosotros, aunque habría unos pocos que no estuvieran de acuerdo, claro). Ésta es la lectura que yo hago del trasfondo general de la novela.

Cinco personajes (una filósofa lectora de Chesterton, un tipo que afirma ser el Zorro, un médium, un muchacho que vive en una furgoneta con su padre y una curiosa gata) coinciden en extrañas circunstancias. Muy pronto advertirán que deben llevar a cabo una importante misión sobre la cual desconocen los detalles.
Descubrirán que están siendo observados por un extraño grupo de hombres que parecen sacados de un cuadro de René Magritte. Se autodenominan los golconditas y guardan la clave de un enorme misterio cargado de tintes cósmicos.

Los pasajeros
 aborda la cuestión de los viajes en el tiempo, la reencarnación, el impacto de la new age, el peso de la física cuántica en nuestra vida cotidiana y la necesidad del equilibrio. Es una novela cargada de humor, humanidad y mucha esperanza.

Para formular su denuncia, Gabri recurre a una curiosa galería de personajes de lo más variopinto que, sin comerlo ni beberlo, acaban formando parte de un extraño grupo de personas (y un gato) destinado a cumplir una complicada misión del éxito de la cual acaba dependiendo el futuro del planeta entero; otra característica en común con sus obras anteriores: las consecuencias mundiales que pueden tener las acciones de unos pocos con intereses distintos de los de la mayoría y con el poder suficiente para llevarlas a cabo, aunque siempre habrá alguien (llámese éste León Poiccard, Enrique Junco, Nico, Teresa o Don Diego de la Vega) que alerte del peligro y ponga las bases a una respuesta por parte del resto de la humanidad. Que ésta decida implicarse o no en su propia salvación ya no depende de ellos.

Por cierto, ¿qué será ese simbolito que aparece en la portada? Sí, ése que parece una cama abierta dentro de un círculo… Si quieres saberlo, lee el libro. Y, si no, yo de ti también lo haría.

Cerdos y gallinas, Carlos Quílez

Cerdos y gallinas, Carlos Quílez (Alrevés)

Cerdos y gallinas, de Carlos Quílez, habitaba mi Kindle a la espera de ser leída desde hacía más tiempo del deseado; a veces, otros asuntos reclaman nuestra atención más allá de los libros (sí, también hay vida fuera de ellos) y nos llevan a aplazar su disfrute o, en este caso, a interrumpirlo, hasta que nuestras circunstancias personales nos permitan volver a dedicarles el tiempo que merecen. Recuperado el ritmo habitual, pues, he rematado su lectura al mismo ritmo de su trama: el del rock and roll que su autor dice llevar por dentro (y que, por cómo escribe, no dudo que corra, efectivamente, por sus venas).

En sus  páginas recorremos todos los estratos sociales en pos de la verdad que se esconde tras una compleja trama compuesta por personajes de todo tipo (pocos de ellos buenos, todo sea dicho), desde el delincuente de poca monta hasta los grandes señores del crimen organizado y sin obviar el papel, mejor o peor, que políticos, policías y periodistas desempeñan en esta lucha por la justicia en la que no todos tienen el mismo interés.

La periodista Patricia Bucana (protagonista en otra novela del autor) se lanza a la apasionante misión de desentrañar la verdad en un mundo marrullero, confuso y podrido en el que nada es lo que parece ni nada es lo que debería ser. Sus averiguaciones y su implicación la empujan al precipicio, a las cloacas de la sociedad. Cerdos y Gallinas habla de corrupción policial y periodística, de un mundo gris de traiciones y mentiras. Nos sitúa en el punto exacto en el que están las relaciones entre jueces, policías, periodistas y la delincuencia organizada, tanto la de pistola en ristre, como la de cuello blanco. Es la novela más arriesgada de Carlos Quílez, escrita a borbotones, con la pasión de quien no entiende la vida de otra forma.

El estilo es directo y, el registro usado por los personajes, coloquial y plagado de un argot propio de policías y delincuentes que en un principio se me hizo un poco cuesta arriba, puesto que dificultaba mi comprensión del texto y se me antojaba un tanto artificial. Esto último, no obstante, se debe, sin duda, a mi desconocimiento de la jerga utilizada tanto por los buenos como por los malos en el mundo del crimen y su lucha contra éste. Carlos Quílez, sin embargo, como actual director de Análisis de la oficina Antifraude y Contra la Corrupción de Catalunya y periodista y antiguo jefe de la sección Tribunales y Policía y corresponsal de la Cadena SER, no es ajeno a este tipo de vocabulario ni a la clase de personajes que lo utiliza. Así que, de artificial, poco.

Un libro que trata sobre la corrupción en todos los niveles de nuestro sistema, de la que no escapan políticos, policías, jueces ni, en algunos casos, los que deberían informarnos de ella: la prensa. Carlos Quílez, que no se puede englobar dentro de este último grupo de periodistas, nos presenta una fotografía en blanco y negro, según él mismo decía en esta entrevista en Qué leer, «del culo de esta sociedad que creo conocer». Lo bueno de esto: que el autor puede reflejar de forma fidedigna la realidad de la que habla; lo malo: que, viniendo de una persona que considera que la novela negra puede ser uno de los géneros del periodismo (me remito a la entrevista anteriormente mencionada), la cosa da mucho miedito. Y, dicho esto, solo me queda recomendaros su lectura. Si os atrevéis, claro.

Cómpralo en Amazon (formato Kindle): Cerdos y Gallinas

 

Ruido de cañerías, Luis Gutiérrez Maluenda

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Había leído hace tiempo acerca de Ruido de cañerías, de Luis Gutiérrez Maluenda (ya veis que tengo una acusada tendencia a leer los libros tiempo después de haber sabido de su existencia o, incluso, de contar con ellos en mi estantería) pero no fue hasta ayer cuando me hice con él y lo devoré sin piedad.

Atila, el detective marginal del Raval de Barcelona, está pasando una mala racha… Tiene problemas con la bebida y con Valentina, «lo más parecido a la mujer de su vida que hay en su vida». Una asociación de ayuda al inmigrante tiene grandes proyectos. El presidente del Futbol Club Barcelona aspira a la Honorabilidad más absoluta por caminos azarosos. Un crimen machista tan claro que desconcierta al mismo Atila. Un par de jóvenes «señoras bien» decididas a portarse tan mal como les sea posible. Lectura poco recomendable para políticos en pleno ejercicio de sus funciones, independientemente de su afiliación y del grado de crisis reinante en el país. Afirma Josep Forment, editor de Alrevés, que Maluenda es heredero de las novelas clásicas norteamericanas y, como tal, denuncia las injusticias sociales. Desde el racismo, la exclusión social, la lucha de clases, la soledad, las oportunidades en la vida, el amor… Además, lo hace con una escritura llena de ironía, de elegancia, muy suspicaz, honesta, certera, valiente y arriesgada.

Atila encarna la figura del clásico detective desastrado, un fracasado metido a investigador que resuelve los casos que le llegan mientras intenta mantener su vida en un grado de desorden no excesivamente superior al que ya tenía antes de ocuparse de ellos. Tanto él como su entorno y los personajes que lo rodean me recuerdan en algo al peluquero loco de Eduardo Mendoza (con todas las diferencias que hay entre ellos y, sobre todo, en el estilo de los dos autores), aunque éste no deja de parecerme un ser un tanto cándido ante la presencia de Atila.

Durante las pesquisas de nuestro detective el autor radiografía la sociedad catalana (extensible al resto del Estado, me temo) y denuncia todas esas situaciones que, por cotidianas y asumidas como «normales», han acabado siendo aceptadas por el conjunto de ciudadanos (o, directamente, ignoradas por ellos). Atravesamos de arriba a abajo y de derecha a izquierda todos los estratos sociales de Barcelona, desde las prostitutas del Raval hasta las de Sant Gervasi, que también las hay, desde la tienda del paki que oferta permanentemente VAT 69 en su aparador hasta los individuos mejor situados de la clase política, pasando por los matones y delincuentes de todos los pelajes que pueda haber en cualquiera de estos ámbitos.

El estilo directo -y no por ello falto de ironía- del autor nos narra una aventura que, pese a lo rocambolesco de su trama, no deja de parecernos perfectamente verosímil en el momento y lugar en los que nos encontramos. Resumiendo: no puedo dejar de recomendar esta novela que a mí, personalmente, me ha gustado mucho.

Cómpralo en Amazon:
En papel: Ruido de cañerías (Novela Negra (alreves))
Formato Kindle: Ruido de Cañerías (Detective Atila)