Novedad: Billete al fin del mundo, de Christian Wolmar. Hasta Siberia y más allá.

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Aviso: post de nostalgia de un viaje nunca hecho. Allá vosotros si seguís leyendo. Al toparme con la noticia del lanzamiento de Billete al fin del mundo, de Christian Wolmar, me invadió ese sentimiento melancólico que te ataca al recordar algo que quedó pendiente en su momento y que difícilmente podrá ser en el futuro. La entrada de hoy puede considerarse, pues, la hija de aquel viaje que no tuvo lugar: el Transiberiano.

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Click en la imagen para ir a su web de origen

En realidad, esto último es verdad a medias, ya que nuestra idea era seguir el recorrido del Transmongoliano (en rojo en el mapa), que abandona en Ulan-Ude la ruta del Transiberiano propiamente dicho para atravesar Mongolia en dirección a Pekín, donde termina. Christian Wolmar, periodista y autor del libro, publicado por Ediciones Península, habla de la historia del recorrido que atraviesa Rusia entera y une Moscú con Vladivostok —en la costa del Mar de Japón, en la otra punta del país— de su construcción y de las consecuencias que tuvo no solo para el territorio por el que transcurre sino, también, para el resto de la nación.

9788499351162A juzgar por el primer capítulo, que podéis leer siguiendo este enlace a la web de la editorial, parece ser una narración bastante amena que invita a ser leída, y no un soporífero manual de historia escrito de manera aséptica y monótona.

Y ya que estamos, aprovecho también para recomendaros este librito que veis a la izquierda y que llegó a casa durante la fase de preparación del viaje: Guía del Transiberiano, publicada por Anaya, un nombre poco original que no lleva a engaño salvo si lo que se espera encontrar es una guía turística típica; Marc Morte, su autor, nos relata de manera parecida a la de un diario de viaje su experiencia recorriendo la ruta Moscú-Vladivostok. Divide el trayecto en trece etapas, dentro de las que intercala información práctica, historia del país, lugares de interés y, como ya os decía, sus propias vivencias, problemas y anécdotas, la sal de todo viaje, lo que al final te acaba quedando de él cuando llegas a casa y lo recuerdas desde el sofá (¿Recuerdas cuando nos quedamos tirados en aquella estación y tuvimos que dormir al raso rodeados de borrachos? ¡Ay, qué risa!). La anécdota es inventada, pero estoy segura de que pilláis la idea, ¿verdad? En fin, si alguno de vosotros decide alguna vez vivir esta fantástica aventura mochilera espero haberle podido ser de utilidad. Y, si es así, que cuente luego qué tal le ha ido.

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