Entrevista a Ricardo Roces, autor de La ligereza de la grava

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Con todos ustedes: ¡Ricardo Roces! —Gritos, vítores y aplausos—. Os prometí indies y aquí los tenéis, por lo menos mientras ellos vayan viniendo —voluntariamente, claro, que una no es ninguna salvaje y no obliga a nadie a nada—.

Ricardo es autor de La ligereza de la grava, una novela que con mucho humor nos dice cuatro cositas sobre nuestras vidas, sobre cómo las afrontamos y sobre cómo las sufrimos, más que disfrutarlas, que es para lo que están al fin y al cabo, ¿no?. Para ello utiliza una curiosa galería de personajes, alguno más cargante que otros —sabréis enseguida a quien me refiero si leéis el libro, nenes (guiño, guiño; esta es una pista importante)— que reaccionan como buenamente pueden ante las vicisitudes que la vida —y la muerte— les hacen afrontar. Y no os digo más. Si queréis estar al tanto de todo, podéis seguirlo en @RicardoRoces. Os dejo con él:

¿Cómo comenzaste a escribir?

Creo recordar que comencé a escribir el mismo día que comencé a leer, en la creencia de que podía hacer lo mismo que hacían esos escritores a quienes admiraba. Comencé a escribir porque quería ser ellos. Era muy inconsciente y también creía que escribir es fácil. Han pasado más de 40 años de eso y aún no he conseguido escribir como lo hacen mis escritores favoritos.

¿Qué importancia tiene para ti el humor en tus trabajos?

Una importancia total, casi argumental. Incluso en los textos más dramáticos intento poner una gota de humor porque estoy convencido que eso «desengrasa» y además conecta con la realidad. Nuestra cultura es dada a lo que llamamos el humor «negro», algo con lo que me siento muy identificado como la forma más transgresora del humor: la más pura, la más auténtica. El problema es que, en una novela, el humor ha de formar parte de la historia, ha de encajar, ser coherente. No podemos soltar chistes sin más, sino que debemos encajar el humor en la historia y convertirlo en un elemento más, no en el elemento principal. Por eso es tan complicado hacer reír a los demás con una novela, porque es un humor construido de manera diferente al humor común.

¿Y en la vida?

El humor es la tabla de salvación para todo. Sin humor, la vida carece de sentido. El problema con el humor es el mismo que con los gintonics: pasarse de frenada. No creo en los límites del humor, ni en la vida ni en la ficción. Quizás el mayor inconveniente es que el humor es algo que no puedes mantener siempre en la misma intensidad porque conecta directamente con otras emociones, con el tiempo atmosférico o con la persona que tenemos delante.

Publicaste en 2008 Memoria de tonos sepia, una novela que, en apariencia, poco tiene que ver con el humor que recorre las páginas de La ligereza de la grava. ¿Se debe esto a un cambio en tu estilo o a la compaginación de varios géneros literarios?

Ambas cosas: cuando comes algo salado te apetece comer algo dulce (y viceversa). Cuando toco un género me gusta cambiar de género en la siguiente novela. El terreno donde más cómodo me siento en la novela satírica o humorística (porque también es la que mejor domino) pero me gusta, de vez en cuando, escribir complejos thrillers psicológicos que confirmen mi teoría de que Patricia Higshmith se ha reencarnado en mi persona. Nunca lo consigo.

La ligereza de la grava comienza con una escena original y muy divertida: la pelea de dos inminentes suicidas por el uso del puente desde el que acabar con sus vidas. Algo, en principio, trágico, pero que tiene el efecto contrario. ¿Es La ligereza de la grava una novela tragicómica? ¿Por qué?

Todo drama tiene comedia y toda comedia tiene tragedia. Woody Allen formuló la que, posiblemente, sea la mejor definición del humor: «comedia es tragedia más tiempo». Estoy convencido de que la tragedia y el humor observan lo mismo solo que con diferentes puntos de vista (con tempos diferentes). Nunca he visto La ligereza de la grava como una novela tragicómica, para mi es una novela humorística que utiliza acontecimientos trágicos para desencadenar imposibles episodios humorísticos, aunque eso no la convierte en tragicomedia. No obstante, la persona menos adecuada para ponerle etiquetas a una obra es su autor. Esa es tarea de otros. No me siento especialmente incómodo con la etiqueta de «tragicomedia», tampoco cómodo.

¿Qué mensaje pretendes transmitir con tu novela?

No creo en los mensajes concretos sino en las sensaciones que quedan en el lector: pretendo entretener por encima de todo. Si hubiese algún mensaje sería el de: hay que reírse de todo, hay que poner en duda todo, hay que trivializarlo todo.

¿Qué tienen en común Anselmo Queralt —millonario poderoso insatisfecho con su vida— y Edurne, la mujer que, como tú mismo dices, «lo cambiará todo»?

Ambos están en los dos extremos más alejados de lo que entendemos como «normalidad». Uno (Anselmo) tiene absolutamente todo cuanto de material se puede tener en la vida. La otra (Edurne) no tiene nada, es pobre como las ratas. Y, no obstante, ambos comparten el mismo sentimiento: son tan desgraciados que deciden acabar con sus vidas en el mismo instante y el mismo lugar. Lo que tienen es común es que ambos han sido derrotados por la vida misma, aunque hayan librado batallas completamente diferentes.

¿Qué poder tiene una mujer como ella para provocar en Anselmo una reacción que le haga poner su vida patas arriba de manera voluntaria?

La espontaneidad. Lo último que espera Anselmo, en el último instante de su vida, es la espontaneidad de aquella mujer porque la gente que le rodea no es espontanea (sino servil). La espontaneidad de ella provoca en él un último destello de curiosidad que evita que se suicide y hace que cambie todo para todos (incluido el lector).

Según dices en tu página de Amazon, las falsas apariencias son un tema que te llama la atención, ¿por qué?

Porque, siendo una mentira en toda regla, es la mentira piadosa más estúpida que existe porque únicamente se construye para fortalecer nuestro ego. Fingimos ser quienes no somos porque eso nos hace recordar lo que nunca seremos. A pesar de ello, es la mentira más común a cualquier clase social, sexo, raza o partido político. Las falsas apariencias son la parte más amable y entendible de mentira, la que más nos debilita. La más evidente también (con lo que es la más expuesta).

¿Crees que, bajo las apariencias que los hacen parecer personajes completamente opuestos, Anselmo y Edurne —y sus vidas— tienen más en común de lo que en un principio pueda parecer?

Por supuesto, tienen mucho en común, sobre todo en la desgracia, la soledad o en esas muertes que rondan toda la novela. A medida que avanzas en la novela, leyendo lo que le sucede a Edurne puedes entender los actos de Anselmo y leyendo lo que le sucede a Anselmo puedes imaginar cómo será la vida de Edurne. Están conectados sin poder evitarlo. Como muchos de nosotros, solo que aún no sabemos con quién. Y, en algunos casos, mejor no saberlo.

¿Es la situación en la que se encuentran al inicio de la novela el resultado de cuestionarse el sentido de su propia vida?

En el caso de Anselmo, lo es. En el caso de Edurne es consecuencia de lo contrario. Edurne sube al puente a suicidarse porque no tiene nada, ni dinero, ni felicidad, ni la capacidad para entender por qué le sucede todo eso precisamente a ella. En la vida hay gente que se limita a vivir sin entender nada y hay quien se cuestiona absolutamente todo. El ser humano no entiende de términos medios.

¿Crees que, de preguntarnos todos por el sentido o la coherencia de nuestra existencia, la humanidad iría más falta de puentes?

Faltarían puentes para tanto suicida. Gracias a Dios (o al demonio), el secreto de la supervivencia de la raza humana es que no pensamos demasiado. O que pensamos únicamente como otros nos dicen que deberíamos pensar. El pensamiento único es maravilloso (siempre y cuando no pertenezcas a una secta de vírgenes suicidas).

Y, ya para acabar: ¿Tienes algún otro proyecto en mente?

Muchos. Una novela recién acabada que estoy revisando para publicar en breve y otras dos que estoy escribiendo. Además de otra media docena en el cajón, tomando cuerpo como el buen vino, listas para ser revisadas. Siempre escribo, así que nunca tengo la mente vacía. ¡Os mantendré informados!

Muchas gracias, Ricardo.

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