A contraluz, Rachel Cusk

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No os voy a engañar: no conocía a Rachel Cusk y, si decidí hacerme con A contraluz —su última novela, traducida por Marta Alcaraz y publicada por Libros del Asteroide, fue porque además de parecerme potencialmente interesante tras leer la sinopsis tenía lugar en Grecia y, al recoger las conversaciones de la protagonista con diferentes lugareños —en su mayoría—, pensé que podía ofrecer una radiografía aproximada de la sociedad griega actual o, por lo menos, de una parte de ella y, ya que yo soy una enamorada del país y de su gente, era un libro que llevaba mi nombre.

El argumento del libro es muy sencillo: la protagonista es una escritora inglesa que viaja a Atenas en un momento delicado de su vida para impartir un curso y, como es natural, llega a entablar conversación con diferentes personas durante su viaje, desde su compañero de asiento en el avión que la lleva allí hasta una poetisa feminista, un antiguo amigo con el que se encuentra o los propios alumnos del curso, entre otros. Todos ellos acabarán sincerándose con ella y haciéndola partícipe de los momentos más cruciales en su vida o, como mínimo, de aquellos que les han marcado de una u otra manera. En realidad, serán ellos mismos los que lleven el peso de la narración, de modo que la protagonista, que es quien nos explica la historia, se deje ver únicamente a través de sus comentarios sobre aquello que le cuentan los diferentes personajes acerca de aspectos esencialmente personales de sus vidas, que suelen ser los que tienen un mayor peso sobre nosotros mismos y, por tanto, aquellos que más nos marcan, los que más nos hacen sentir y, a menudo, padecer. Los sentimientos ante el recuerdo de relaciones pasadas y el estado actual en el que los personajes se encuentran en el presente, la relación con la familia y la evaluación de las posibles causas —o errores, quizás— que les han llevado a ella y, por qué no, el reproche a ellos mismos al percatarse de ellas cuando ya era demasiado tarde. La protagonista, que tampoco está libre de todo lo anterior y que también tiene su propio bagaje personal, que la hace ser la persona que en ese preciso momento es y ver la vida del modo en que en la ve, será quien los lleve, quizás, a tomar conciencia de todo ello a través de la participación en sus conversaciones.

La novela no radiografía la sociedad griega, como yo esperaba, pero sí ofrece una muestra de parte de lo más profundo del ser humano en relación con su entorno más íntimo, con el que su propia identidad llega a fundirse hasta el punto de tener que redescubrirse, o redefinirse incluso, de algún modo, al perderlo.

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