Adict@, Teresa Buzo Salas

ADICT@

Niños y niñas que estáis leyendo esta reseña en un blog, hoy os traigo Adict@, una  novela de Teresa Buzo Salas, publicada por Editorial Gregal, sobre la adicción a las redes sociales y a internet en general (ahora no me salgáis corriendo, por favor). No es la primera vez que la autora aborda el tema cibernético; si habéis leído alguna de las entradas anteriores quizás recordéis la que dediqué a Las hijas de las horas, su primera novela, en la que ya aparecían las redes sociales como parte importante de la trama y la obsesión de uno de los personajes con una de ellas en particular, aunque por motivos muy diferentes a los mostrados en Adict@ (podéis leer lo que os conté sobre ella siguiendo este enlace).

La novela parte de un asesinato, consecuencia de los hechos que constituyen la auténtica trama y que pertenecen, por tanto, al pasado. Los únicos fragmentos situados en el presente son los testimonios tomados por la policía a las personas cercanas a Martina, la víctima, que aportan una visión externa de los acontecimientos narrados en la novela, la percepción que su entorno inmediato tenía de ella y de su total transformación desde el momento en que internet apareció en su vida. Tenemos así una imagen completa de la situación: la perspectiva de la protagonista, aunque narrada en tercera persona, desde el interior del remolino que la arrastra, sin que ella sea demasiado consciente de ello, al final que ya conocemos, y la de aquellos que la rodean, testigos de su declive personal.

Luis Correa-Díaz afirma en el prólogo que ésta es una novela en la que se cruzan el género romántico, el  feminista y el policial; estoy de acuerdo a medias. Reconozco que al leer las palabras «novela romántica» una lucecita de alarma se encendió en mi cerebro (me extrañó, después de haber leído el anterior libro de la autora, pero cabía la posibilidad de que hubiera decidido cambiar de género); sin embargo, el componente romántico -por llamarlo de alguna manera- no constituye más que el telón de fondo sobre el que se muestra la evolución de la protagonista. Respecto a lo policial, pese a tratarse, efectivamente, de la investigación del asesinato de Martina, la aparición de la policía en la trama es tan escasa que hace que el componente policiaco quede relegado, según mi visión, a la introducción del testimonio de los allegados a la víctima (lo cual no es malo, pero no creo que describir la novela como policial, basándose exclusivamente en este hecho, sea demasiado acertado).

Me reservo la alusión al ingrediente feminista para un nuevo párrafo porque es un punto en el que estoy bastante de acuerdo -y en el que sospecho que me voy a a alargar-. Os explico por qué: Martina es una mujer y, como tal, tiene un papel dentro de la sociedad tradicional (cásate, ten hijos…), que, a su vez, le «exige» (quizás debería retirar las comillas) cumplir unos determinados requisitos (ya sabes, estar bien guapa) para seguir resultando atractiva a unos hombres a los que debe renunciar no sólo para mantener su matrimonio (sin importar mucho lo satisfactorio que éste sea) sino, también, para no ser carne de críticas y del famoso qué dirán. Llegada una cierta edad, habiendo cumplido ya con las expectativas sociales de formar una familia, y teniendo ya al hijo crecidito y al marido abducido por su carrera profesional, Martina se encuentra, con cuarenta y pocos años, en esa frontera entre los últimos años de la juventud (aquéllos en los que su cuerpo aún le permite cumplir las exigencias sociales de belleza deseables en cualquier mujer antes de convertirse en un ser invisible) y los primeros de una madurez irreversible que le pondrá muy difícil el disfrutar de unos placeres a los que ha renunciado durante demasiado tiempo (matrimonio y obligaciones que resultan en un cansancio y un tedio tales que acaban con cualquier indicio de libido y/ o de ganas de disfrutar la vida antes incluso de que aparezca). Con la soledad resultante del sentirse ignorada por su marido y por su hijo y cautiva de una vida profesional que tampoco la apasiona, es cuestión de tiempo que, en las circunstancias apropiadas, decida vivir un poquito, que, al fin y al cabo, es de lo que se trata, ¿no?.

Cuidadito, eso sí, con llegar a perder el mundo de vista. Internet, y las redes sociales como medio de interacción con cualquiera que se conecte desde cualquier punto del planeta, también tiene sus peligros, diferentes de aquéllos a los que estamos acostumbrados en nuestra vida real. Si bien es más fácil relacionarse, libres de complejos, timideces o miedo a ser rechazados, la adicción a este otro mundo, a esta segunda vida, puede resultar muy peligrosa si acabamos perdiendo el contacto con nuestra verdadera realidad y trasladamos al ciberespacio nuestra vida real, empujados quizás por la soledad a la que creemos haber escapado al vernos de repente rodeados de cientos de identidades cibernéticas (reales o no), ya que esta falsa sensación puede llevarnos a un aislamiento social y emocional aún mayor que el que nos condujo allí.

En esta novela, Teresa mantiene la narración ágil y el dinamismo de Las hijas de las horas, así como la incorporación de fragmentos de chats, correos electrónicos o mensajes privados en las redes sociales, con el lenguaje propio de ellos (y todas las mayúsculas, faltas de ortografía y la afición desmedida por exclamaciones e interrogaciones que los saturan, sin olvidarnos tampoco de los emoticonos, claro está). Si aún os sentís indecisos ante la idea de comprarlo o no, pensad que la autora donará el 50% de sus derechos a Proyecto Hombre para contribuir a su lucha contra las adicciones. ¿Qué?, ¿os ayuda esto a decidir?

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