Cómo se hizo La guerra de los zombis, Aleksandar Hemon

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Tras dos semanas de frenética ocupación (fuera de este blog y todo lo relacionado con él, como habréis podido observar por mi escasa actividad cibernética), os puedo hablar, por fin, de la lectura que me ha acompañado en los ratos libres de que he podido disfutar durante estos días: Cómo se hizo La guerra de los zombis, de Aleksandar Hemon, publicado por Libros del Asteroide, cuya sinopsis me cautivó y me llevó a su lectura.

Bien, empecemos por el principio: Cómo se hizo La guerra de los zombis no es un libro de zombis. Aclarado este punto, sigamos con lo nuestro. El título de la novela es, en realidad, también el del guion en el que Joshua, el protagonista, trabaja en el momento de su vida reflejado en la trama. Pero Joshua no se gana la vida escribiendo guiones, que es lo que a él le gustaría, sino que sobrevive como profesor de inglés para extranjeros mientras espera que, entre un guion inacabado y otro, llegue su momento, el que le permitirá introducirse por fin en el mundillo con la venta de uno de sus guiones.

El protagonista, treintañero judío residente en el Chicago de principios del siglo XXI, con los efectos del 11S todavía fresquitos en la memoria de todos los estadounidenses, vive atrapado en una especie de adolescencia perpetua, por llamarlo de alguna manera, consecuencia de su resistencia a la asunción de los compromisos y responsabilidades que implica la edad adulta. Incapaz de madurar, vive en un piso digno de un estudiante mientras mantiene una relación sentimental con Kumiko, la única persona medianamente adulta en su cículo inmediato (lo rodean un grupito de individuos similares a él, un casero mentalmente inestable -y un poco violento- y una familia con ciertas peculiaridades), y da clases de inglés a extranjeros. Así es como conoce a Ana, una de sus alumnas (bosnia, como el autor), hecho que acabará provocando un giro en su vida.

El personaje de Ana (como destacable dentro del resto de bosnios que aparecen en la novela) permite dar voz a una realidad diferente a la de la sociedad norteamericana, preocupada por unos problemas muy distintos a los de aquellos que han sobrevivido a una guerra -o que se hallan todavía inmersos en ella- y para los que, de lograr superar los traumas que ésta les haya causado, todo lo que no sea la muerte será disfrutado como un regalo. Esta visión de la vida contrasta con la de Joshua y la del resto de occidentales que viven en paz y a menudo permiten que cosas de poca importancia (como la vida laboral, a través de la cual se mide la valía de las personas y que parece deber ser aquello que les permita alcanzar la realización personal), les aparten del disfrute de lo único que realmente tienen: su vida. Algo en lo que el trabajo no debería tener más importancia que la de proporcionarte un sustento para poder vivirla (y no al revés).

Durante toda la novela se percibe en el ambiente un cierto aire de desidia, especialmente por parte de Joshua, que reconoce tener la sensación de estar malgastando su existencia, a lo que quizás contribuya la dicotomía realidad-deseo en la que vive permanentemente instalado, tanto en lo profesional como en lo personal o en lo sexual (sobre todo en lo sexual). Si para todos los aspectos de tu vida deseas algo muy lejano a su realidad quizás haya algo que no esté funcionando como debería -y quizás tú estés teniendo algo que ver en ello-, así que una buena opción para mejorar tu experiencia en el mundo podría ser intentar acercar tu realidad a tus deseos -y cruzar los dedos para que la cosa no acabe en tragedia, ya que si estos están tan alejados de nuestra realidad quizás sea porque no nos convengan demasiado (o por ser incompatibles con otros aspectos de nuestra vida)-. Eso es lo que hizo Joshua, sin ser demasiado consciente de ello. Lo que no os voy a decir es cómo le fue; sólo que esa vez no pudo limitarse a cerrar los ojos y dejar que las cosas se solucionaran solas. Porque, claramente, era algo que no iba a suceder.

Aleksandar Hemon intercala en la novela la vida de Joshua con escenas del guion de La guerra de los zombis, además de incorporar en el discurso del protagonista, que es el narrador que nos cuenta su propia realidad, las ideas para futuros guiones que las situaciones en las que se encuentra le hacen venir a la cabeza. Se critica la política americana, la subjetividad de sus juicios morales y la escasa -o nula- justificación de muchas de sus acciones, así como el acto de fe que supone para el pueblo creerse todo lo que sus dirigentes les digan (recordamos algo sobre unas armas de destrucción masiva, ¿verdad?). Por serio que sea aquello de lo que el autor nos hable hay siempre un cierto tono cómico en su discurso, que permite que lo sensible no sea ñoña y lo brutal pueda digerirse mejor de lo que permitiría hacerlo otro tono narrativo. Mención especial para algunas descripciones que me han robado el corazón («la señora Alzheimer, de soltera Cogorza»; ¿puede describirse mejor y con menos palabras la esencia de un personaje?). Dicen que esta novela difiere mucho de cualquiera de las anteriores de Aleksandar Hemon, pero, por diferentes que sean, creo que me voy a atrever a zambullirme en ellas. Repetiré.

 

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