Carol, Patricia Highsmith

Carol Patricia Highsmith

Hace un par de entradas os hablaba de los inicios de Carol de Patricia Highsmith (novela publicada en origen como El precio de la sal bajo el seudónimo de Claire Morgan) y os anunciaba mi próxima relectura de la obra, que ahora reedita Anagrama, puesto que no recordaba absolutamente nada más que la historia que ya (casi) todos conocéis, más aún cuando se acaba de estrenar la película, que está triunfando tanto en crítica como en taquilla. Pero no os voy a hablar de la peli (más allá de deciros que me ha encantado) sino del libro, ahora que ya está releído y lo tengo fresquito en la memoria.

La trama arranca con un suceso autobiográfico de la propia autora, que no es otro que el primer encuentro entre Carol y Therese. Al igual que ésta última, Patricia trabajó temporalmente en unos grandes almacenes durante la campaña de Navidad, también en la sección de juguetes. Un día apareció una señora que correspondía a la descripción del personaje de Carol, compró una muñeca, dejó sus datos para recibirla en su casa y se fue. Desconozco si lo que sintió por ella fue lo mismo que sintió Therese al ver a Carol; quizás sí, quizás no, lo que está claro es que la impresionó bastante, si tenemos en cuenta que basó toda una novela en la relación que podría surgir de aquel hecho.

La novela se publicó en 1952 bajo el seudónimo de Claire Morgan y con el título El precio de la sal. El título original hace referencia a una expresión que aparece varias veces a lo largo del texto al hablar de algo que da cierto valor a la existencia, la sal de la vida (que, en este caso, es lo que suponía la una para la otra). Respecto al precio, tratándose de una relación lésbica, se entiende que a menudo fuera muy alto en una época poco favorable a las relaciones homosexuales en todo el mundo y en la que en Estados Unidos estaba teniendo lugar no sólo la conocida como «caza de brujas» contra todo aquél sospechoso de ser comunista (lo fuera o no), sino también el llamado «terror lila», cuyo objetivo eran los homosexuales como sujetos peligrosos para la sociedad debido a su conducta inmoral. El responsable tanto de una persecución como de la otra era Joseph McCarthy, que consiguió incluso que bautizaran a la época en la que ejerció como senador y acosador de estos colectivos como maccarthismo, tal sería la obsesión de este hombre con ellos, a uno de los cuales se cree que pertenecía, puesto que, según he leído por ahí, al parecer era gay (y muy majo, él, como podéis ver).

En tal contexto no es de extrañar que una Patricia Highsmith que ya había publicado Extraños en un tren optara por firmar con otro nombre una novela sobre esta temática. Su editor, Harper & Bros, tampoco quiso arriesgarse y decidió no publicarla, así que Patricia tuvo que buscarse la vida para conseguir hacerlo; cuando lo logró, a través de Coward-McCann, obtuvo buenas críticas, pero lamentablemente éstas no tuvieron gran repercusión sobre las ventas. El éxito le llegó con la edición pulp que Bantam publicó de la obra, un formato de bolsillo utilizado normalmente para producciones de una calidad literaria inferior y que, sin embargo, triunfó como la Coca-Cola y llegó a vender casi un millón de ejemplares. No está mal. Lo que convirtió a El precio de la sal en un superventas fue el tratamiento que se hacía en ella de la homosexualidad, mostrando una relación amorosa como cualquier otra, sin más diferencia que la de las circunstancias resultantes del rechazo social (que no era poco) y el ser la primera novela de temática gay y lésbica en la que el protagonista no acababa muerto (suicidio mediante, muchas de las veces) o víctima de alguna otra desgracia que lo castigara por su desviación. El hecho fue de boca en boca y los homosexuales se vieron por fin reflejados como personas normales en una obra literaria (el cine tampoco los trataba mejor) en la que no se los representaba como monstruos o personajes atormentados; los ejemplares, claro, se vendieron como rosquillas.

Respecto al cambio de título, que, a mi parecer, ya era bastante bueno en principio, puesto que reflejaba a la perfección el mensaje de la novela, entiendo que debió de decidirse con la publicación, en 1984, de la novela firmada con el nombre auténtico de la autora, libre ya de miedo a represalias (económicas o sociales), y dando más protagonismo a Carol, que es el objeto del amor de Therese, que, pese a no ser quien narra los hechos, es el personaje a través de cuyos ojos se nos muestran.

La atención de Patricia Highsmith a lo largo de la novela, sin embargo, no se centra únicamente en los obstáculos que Carol y Therese deben superar (o, por lo menos, afrontar) para vivir su relación ante el rechazo de la sociedad, sino también en los sentimientos propios de cualquier persona enamorada, en la propia fragilidad de las relaciones y en la vulnerabilidad del ser humano ante sus emociones, que, por suerte o por desgracia, le condicionan más allá de donde está en su mano evitar y le hacen esclavo de sentimientos que a veces no le acaban de poner las cosas del todo fáciles.

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