Libro impreso vs. ebook

B7a50V3CQAAr67JLa eterna lucha. O, mejor, el eterno discurso sobre una lucha que, quizás, no tenga por qué tener necesariamente un vencedor. Acabo de leer un artículo (antiguo, del 20 de abril de este año) de El País, que ya en su titular afirma que el inventor de Kindle lee en papel. Y bien, ¿por qué debería extrañarnos? En mi opinión, esta lucha a muerte entre soportes no tiene demasiado sentido. Está claro que ambos tienen ventajas e inconvenientes, como todo en este mundo; así pues, ¿por qué elegir cuando podemos escoger uno u otro en función de nuestras prioridades o necesidades en cada momento?

Sería tonto por mi parte posicionarme contra el libro electrónico cuando yo misma, como autora, me he beneficiado de su existencia, pero, como lectora, prefiero tener un libro de papel entre mis manos a la hora de leer. Yo misma tengo un Kindle, así que no soy una detractora del formato digital, que nos permite llevar con nosotros buena parte de nuestra biblioteca sin riesgo de lesiones para nuestra espalda y que nos da la posibilidad de leer a autores de cuya existencia seguramente no llegaríamos a saber jamás si esperáramos a que alguna editorial se decidiera a publicarlos (otra cosa es ya la calidad con la que estos autores publiquen sus libros, ahí, desgraciadamente, la única garantía la ofrecen las editoriales, pero, aunque a veces haya sorpresas desagradables, por lo general ésta suele ser aceptable). De todos los títulos que he comprado en versión electrónica sólo un par ha sido publicado por una editorial de toda la vida, el resto son autores independientes, ¿por qué? Porque, francamente, por la poca diferencia de precio entre la versión electrónica y la impresa prefiero llevarme a casa algo físico, que pueda ver y tocar. El propio Erik Schmitt (uno de los creadores del Kindle), dice en el artículo que os mencionaba que el libro electrónico «no tiene vida, es frío». No diré que no esté de acuerdo; a mí me gusta subrayar y hacer anotaciones en los márgenes y admirar, al terminar la lectura, todo lo que ese libro me ha hecho reflexionar (el disfrute suele ser, además, proporcional a lo anotado; cuanto más pintarrajeado, normalmente, mejor). ¿Que es algo que también puede hacerse en el libro digital? Sí, se puede, pero para mí sigue sin ser lo mismo.

Un argumento de los que defienden el formato electrónico es, también, la posibilidad de acceder gracias a Internet a otro tipo de contenidos, como diccionarios y enlaces digitales. Gabri Ródenas, a quien entrevisté hace algún tiempo en este post, mencionaba la posibilidad de escuchar en tiempo real la música que sonaba en sus novelas, que suelen acabar teniendo una banda sonora propia, dado el elevado número de menciones que suele hacer a diferentes grupos y canciones; no me parece mal, es una manera de ampliar la experiencia lectora, aunque reconozco que una es de naturaleza dispersa y sospecho que este tipo de contenido acabaría desviando mi atención del texto más de lo deseable.

Lo que sí parece tener de bueno el mundo de los autores independientes para la industria editorial tradicional es que es un mar del que rescatar a aquellos que consiguen llegar al lector (asegurándoles así las ventas de un público fiel que el propio autor se ha currado a través de Internet y las redes sociales), como es el caso de Gabri, publicado ahora por B de Books (Penguin Random House Mondadori), aunque también es cierto que cada vez hay más indies que optan por seguir siendo los dueños de sus propios destinos literarios, pero eso ya daría para otro post.

 

 

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