La música del azar, Paul Auster

9788433961273

Paul Auster, por fin. Con la salvedad de El cuento de Auggie Wren (del que os hablaba aquí y que, como su propio nombre indica, es un cuento), ésta es la primera obra que leo de él, que hacía tiempo que habitaba en mi lista de autores pendientes; cuando digo tiempo quiero decir diez años, momento en que me hablaron de La trilogía de Nueva York, título que anoté en mi cabeza y del que, como podéis ver, no he hecho mucho caso a la hora de lanzarme a descubrir al autor; una es así, a lo loco, a lo loco, a lo loco se vive mejor. Quizás por eso me haya decidido por un libro en cuyo título aparezca ya el azar, eso tan caprichoso que, escapando a nuestro control, acaba, muchas veces, dirigiendo nuestras vidas hasta extremos realmente terroríficos.

Es un tema que me fascina y me aterra a partes iguales; ese ¿qué habría pasado si…? No hace falta escoger grandes decisiones en la vida para preguntarse cuáles habrían sido las consecuencias de la elección que no tomasteis; poneos a pensar en cualquier detalle insignificante y totalmente azaroso que haya desembocado en algo realmente importante en vuestras vidas, algo que, de no haber sucedido, habría hecho de vuestra existencia algo completamente distinto a lo que hoy en día es. Aquel día en el que algún hecho inesperado alteró vuestra rutina y, por pura casualidad, acabasteis inmersos en una situación que no se habría dado de haber seguido vuestros planes o, peor aún, aquella circunstancia remota en el tiempo en la historia de alguien a quien ni siquiera conocéis y que llevó a una serie de carambolas del mismo tipo en las vidas de un serie de personas que ha hecho que todo vuestro entorno (amigos, familiares, trabajo) sea el que conocéis. Y así hasta el inicio de los tiempos; nuestra vida no es más que el resultado de miles y miles de carambolas de este tipo. Eso da mucho miedo y me provoca un vértigo que a menudo me lleva a pensar en otras cosas para no abandonarme a mi suerte y dejarme llevar por este río que es la vida (hoy estoy poética; lo siento por vosotros). Y Jim Nashe, el personaje principal de esta novela, parece dejarse llevar por este mismo sentimiento en gran parte de la trama, a veces aliviado por no ser él quien dirija su vida (y no ser, por lo tanto, el responsable directo del rumbo que ésta tome y de las consecuencias que se deriven de él, en su vida y en la de los demás), a veces asustado por la falta de control sobre su destino y queriendo creer que, en el fondo, es él quien lleva las riendas de su existencia aunque, en realidad, éstas no sean sino el instrumento con el que improvisar ante esas situaciones que escapan a su mando.

Abandono, por un rato, esta filosofía existencial de bolsillo, y os hago una breve sinopsis del inicio de la novela para que os hagáis una idea de hasta qué punto el azar es determinante en la trama: Jim Nashe abandona la universidad y se ve inmerso en una sucesión de empleos que lo llevan a hacer de taxista. Un día, un cliente le comenta que se va a presentar a una prueba de acceso al cuerpo de bomberos y lo anima a hacerlo él también. Sin demasiado interés en el tema acaba presentándose y termina, por pura casualidad, convertido en bombero. Resulta ser un trabajo que le gusta y que le habría permitido llevar una vida tranquila, por lo menos a efectos económicos, si su madre no hubiera sufrido una apoplejía y él no hubiera tenido que dedicar buena parte de sus ingresos a pagar el sanatorio en el que estuvo ingresada y al que, después de su muerte, aún debe una bonita suma de dinero. Por si fuera poco, Thérèse, su mujer, harta de esta situación, decide abandonarlos, a él y a su hija de dos años. Al pasarse, debido a su trabajo, el día fuera de casa, resuelve llevar a la niña a casa de su hermana para que crezca en una familia adecuada y este hecho acaba creando entre padre e hija una distancia prácticamente insalvable. De repente, su padre, al que no había visto desde hacía más de treinta años, muere y deja toda su fortuna, que no es poca, a sus dos hijos, Donna y Nashe. El abogado llevaba buscando a sus herederos seis meses cuando por fin los encontró; teniendo en cuenta que Thérèse lo abandonó por motivos económicos tan sólo un mes antes de recibir la herencia, de no haber tardado tanto tiempo en ser localizados por el abogado, nada de lo narrado en este libro habría tenido lugar. ¿Y qué hace Nashe? Pagar todas sus deudas, abandonar su trabajo, dejar a su hija, dada la distancia que ya los separa, definitivamente en casa de su hermana y comprarse el mejor coche que haya tenido en su vida, un Saab rojo que le dará la libertad absoluta de vagar por Estados Unidos sin ninguna obligación ni rumbo fijo mientras se gasta el resto del dinero de su herencia. ¿Qué ha hecho posible que nuestro protagonista se lance a tal locura? Todas las circunstancias que os acabo de enumerar, totalmente ajenas a su control, y que han acabado por darle los recursos para convertirse en un hombre libre. ¿Sí?, ¿seguro? ¿acaso  no era libre Nashe de no recoger a Pozzi, el muchacho que encontró destrozado en una de esas carreteras por las que recorría erráticamente el país? Pues sí, lo era; y en esa decisión aparentemente trivial, ante esa improvisación ante aquello que la vida le había puesto delante, la vida de Nashe se había desviado al tomar una bifurcación que no aparecía en sus mapas (qué metáfora más bonita, ¿eh?; me la guardo para futuras reseñas faltas de inspiración poética).

Dado que a Nashe, en ese momento, no le quedan más de diez mil dólares y está ya pensando en cómo abordar ese futuro incierto que se abre dramáticamente ante él, devolviéndolo a la vida real y al enfrentamiento con los problemas desencadenados por la falta de dinero que suelen poblarla, y que el chico resulta ser un jugador de póquer que se dedica a desplumar a cuanto ricachón se le pone por delante, quizás arriesgarlo todo a una sola carta no sea una idea demasiado descabellada; al fin y al cabo, la libertad en este mundo viene dada por el dinero, se ha convertido en un bien de consumo al que sólo los que se lo pueden permitir tienen acceso, y a Jim esa libertad se le está acabando. Tras comprobar que Pozzi es realmente tan bueno como dice ser, deciden aceptar la invitación de dos multimillonarios (que llegaron a serlo después de ganar una suma escandalosa de dinero en la lotería) y asistir a una partida en la que, con lo que queda de la herencia de Nashe, podrían hacerse inmensamente ricos (y libres), o arruinarse y convertirse en esclavos; vender sus vidas a quien tiene la libertad de comprarlas, si se le antoja. Su libertad no depende sólo del dinero que Nashe y Pozzi tengan, sino también de la riqueza de otros y el privilegio que ésta les otorga para coartar la de los que no la tienen . Y aquí acaba la road movie en la que yo pensaba que consistía toda la novela y que, aparentemente, no lleva a ningún lado (esa misma supuesta sucesión de acontecimientos de la que os hablé aquí mismo, tras leer Mujeres, de Charles Bukowski) y comienza la segunda parte, en la que se ve con más claridad cómo nuestras decisiones no pueden sino alterar, en mayor o menor medida, las circunstancias a las que las casualidades de la vida nos han arrastrado. Y cuando la causalidad acaba a merced de la casualidad la cosa se pone peliaguda.

De un revés del destino, totalmente inesperado (perdonad lo críptico de mis palabras a partir de ahora pero no quiero arruinar el libro a nadie desvelando ningún hecho importante), se deriva una situación con la que ninguno de los dos contaba. La diferencia, sin embargo, está en la actitud tomada por cada uno de ellos, de la manera de afrontar lo que la combinación de decisiones personales y azar ha puesto ante sus narices. Mientras Nashe acepta el presente y se conforma con gestionarlo de la mejor manera posible («toma las cosas como vengan, se dijo. Alégrate de estar vivo»), Pozzi se rebela e intenta escapar a ese destino sobre el que, en realidad, nadie tiene control. La postura que adopten ante las circunstancias será la que marque la diferencia entre sus suertes. Sin embargo, hay un punto en que, en un momento de optimismo de los dos personajes ante la situación en la que se encuentran, el narrador pronuncia una frase que todos conoceréis («el trabajo les haría libres») y que parece expresar lo inmensamente terrible de la ilusión que experimentan, la ineludible condena a la que están sujetos y lo ingenuo de su esperanza. Nuestro destino, nos guste o no, nunca ha dependido de nosotros, así que, por más que trabajen Pozzi y Nashe, la libertad, si llega, lo hará cuando ella quiera; incluso cuando todo parece haber pasado, cuando parece que hemos conseguido escapar a lo inevitable, puede aparecer un obstáculo salido de la nada que nos impida la huida; tiene tiempo de hacerlo hasta la última página. Y hasta ahí puedo leer.

Antes de terminar sólo os diré que me alegro de haberme decidido a leer a Paul Auster más allá del cuento; la verdad es que cuanto más pienso en este libro más cuenta me doy de lo mucho que me ha gustado. Pese a no pasar gran cosa durante la mayor parte de la novela, en la que se recrea en la descripción de las tareas cotidianas de Pozzi y Nashe, aborda esa cotidianidad de tal manera que te hace querer seguir pasando página tras página, puesto que cada matiz viene acompañado de un significado, cada acción de los protagonistas modifica en algo la visión que tenemos de ellos y con cada vuelta de hoja se reafirma en nuestra cabeza una idea que el autor quiso implantar justo ahí, hasta el momento en que él mismo decide que ha llegado la hora de hacernos ver nuestro error y pone ante nuestros ojos un cambio en la actitud de los personajes o algún hecho inesperado que nos tira por tierra nuestras teorías; todo lo que creíamos saber no es más que un espejismo, justo igual que la ilusión de Pozzi y Nashe al creerse dueños de sus destinos. La manera de escribir de este hombre te transporta a lo largo de la novela sin que te des ni cuenta, poco importa si lo que narra es una acción trepidante o cómo decidió pasar la tarde el protagonista después del trabajo; tú vas a querer quedarte a leerlo. Ahora me voy a tomarme lo más fuerte que tenga en casa para olvidar por un momento lo poco que pinto en mi propia vida y lo tremendamente triste de la existencia de la especie humana, ¡chinchín!

Si queréis escuchar lo que dije sobre este libro en el programa Cuarto Cuarta (Ràdio Ciutat Vella), seguid este enlace.

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