Novela juvenil y misterio

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Hoy no voy a reseñar ningún libro; lo que os voy a contar mezcla mis recuerdos personales sobre la lectura de libros de aventuras con un interesante artículo de Carlos García Miranda que publicó El Huffington Post el pasado martes. Lo podéis leer aquí.

Los protagonistas eran siempre una pandilla de niños, casi siempre sin adultos que entorpecieran sus pesquisas -con el permiso de Los Hollister-, fórmula que se ha repetido hasta el infinito en el género de aventuras, tanto en los libros como en el cine (Los Goonies, E.T., Las crónicas de Narnia…); ¿qué niño quiere cerca a un adulto que le arruine la diversión? ¿o que le salve la vida, en su defecto? Está claro: ninguno, o, por lo menos, ninguno de los que protagonice una historia que otro niño quiera leer (voluntariamente). Lo mejor de las pandillas es la diversidad, las características personales de cada uno de sus componentes y el rol que cada uno de ellos acaba adoptando según las suyas propias. Casi siempre acaban siendo los mismos, eso es cierto, de manera que el resultado no deja de ser, en gran parte de los casos, bastante previsible una vez dado el primer vistazo a los personajes: el líder. Éste no falla; está en todos los grupillos de criaturas sedientas de aventuras (sea éste el guapo, el fuerte, el valiente o el portador de cualquier otra característica que lo convierta en un potencial triunfador en la vida), el listo (puede coincidir con el anterior pero no es extraño que éste sea precisamente el rarito, el antihéroe que acaba poniéndose al nivel de los demás al demostrar su valía en un campo en el que el resto de sus amigos no le llega ni a la suela de los zapatos) y, ¡oh, horror!, la chica, sola o con comparsa, que a menudo suele ser presentada como la menos avispada (estaría feo llamarla tonta, aunque en el fondo es el papel que se le presupone). Estos ejemplos no son aplicables a todos los grupos de niños aventureros pero creo que en muchos de ellos se puede establecer un patrón similar.

Los cinco

Los cinco (a falta de Tim, el perro) en la serie The Famous Five (1978). De izquierda a derecha: Ana, Jorge, Dick y Julián.

Reconozco que mi experiencia personal se limita sólo a algunas de las sagas del género; nunca leí Los siete secretos, Los Hollister ni Los seis amigos pero sí alguno de Los tres investigadores y, sobre todo, de Los cinco, de los que era fan absoluta e incondicional. Y con ellos llega una de las grandes excepciones a esa lista de personajes estereotipados que os acabo de soltar hace un par de líneas: Georgina Kirrin. Perdón: Jorge. Una niña que rompe con todo, se salta los roles de género y encarna al líder, al listo y a la chica ella solita; ésa es mi Jorge. Si un personaje femenino de estas características destaca del resto en nuestro tiempo (desgraciadamente es así; asumámoslo), cómo lo haría a principios de los 40.

Pero analicemos el planteamiento de Enid Blyton al crear un personaje como Jorge: a primera vista, parece de lo más rompedor poner a una chica a liderar una pandilla de niños y atribuirle todas las características positivas otorgadas, normalmente, a los personajes masculinos. Puede incluso interpretarse la falta de feminidad de una niña que se hace llamar Jorge y se pone loca de contenta cada vez que la confunden con un chico como un alegato a la libertad de la mujer a ser como quiera. Y puede que lo sea. Pero, ¿no podría leerse también la masculinidad como lo que hace de Jorge alguien digno de interpretar el rol de líder en un grupo? Sin meterme en un berenjenal divagando sobre la identidad de género de Jorge (cuestión que creo que queda totalmente excluida de cualquier planteamiento de la autora), ¿no será que Georgina Kirrin lo que quiere no es ser un chico sino ser como uno de ellos? Si la sociedad no deja espacio para las mujeres fuera de sus roles tradicionales, ¿por qué no iba a ver una niña la única escapatoria en la renuncia a aquello que le impide ser como ella quiere? Si para ser inteligente, revolcarse por el suelo y llevar churretes hay que ser un chico, ¿por qué no serlo? No recuerdo demasiado sobre su prima Ana pero supongo que será, precisamente, porque no era diferente al resto de niñas estándar; muy mona y femenina pero muy lejos del personaje de su prima, que, a mi juicio, es el verdadero protagonista de la saga y se come con patatas a sus secundarios.

En fin. Le dé las vueltas que le dé no estoy segura de saber llegar a una conclusión acertada sobre el personaje de Jorge; un enigma sólo comparable al que suponía para mí el gusto que debía de tener el jengibre para que se pasaran la vida haciendo pasteles con él, ¿acaso soy la única que se lo preguntaba?

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2 comentarios

  1. No sé qué decir, soy de unos años antes y leí otros libros, Selección de Historias, creo que se llamaban, de la Editorial Bruguera (que aún conservo): Heidi!!!, Los Tres Mosqueteros, . . . pero en aquella época los mejores eran los de Julio Verne y a viajar con la imaginación jeje
    Sobre los juegos y los roles, visto desde la distancia, son mucho más apasionantes los juegos considerados de niños, más físicos, de moverse, los de las niñas eran más aburridos (ñoños) jugando con muñecas y cocinitas. Eso antes porque ahora unos y otras están sentados con algún artilugio entre los dedos.
    Ficción o realidad siguen siendo pocas las lideres.

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    1. ¡Hola Rosa! ¡Qué bien leerte de nuevo! 🙂
      Imaginación al poder, ¡claro que sí!
      Coincido contigo en lo divertidos que son los juegos tradicionalmente llamados “de niños” comparados con los clásicos “de niñas”. Yo misma jugué bien poco con muñecas y, en cambio, mucho a juegos “de chicos”. Solía ser la única niña pero, ¿qué le iba a hacer yo si ellas preferían jugar a otras cosas? Espero que esa tendencia vaya desapareciendo con el tiempo (puede que lo haya hecho ya; hace mucho que no voy al parque 😉 ) y jueguen todos juntos a todo lo que les apetezca.

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