El árbol de las brujas, Ray Bradbury

Bradbury-Ray-El-arbol-de-las-brujas2Os voy a hablar hoy de El árbol de las brujas, de Ray Bradbury, un libro que llegó a mí solito, podríamos decir. Cuando digo solito no lo hago en sentido literal, claro (a ver quién es el guapo que se anima a leer un libro que viene a buscarte por su propio pie, si es que eso es algo que se pueda decir de un libro); me llegó de la mano de Tomás, uno de mis compañeros del programa Cuarto Cuarta (Ràdio Ciutat Vella), con el que he contraído una deuda cada vez más difícil de saldar, teniendo en cuenta el retraso que llevo al hacerlo. Os explico: en mi sección del programa suelo recomendar libros de todo tipo (casi todos presentes en este blog) y Tomás reparte su tiempo entre cómics y videojuegos. Un día nos comprometimos a hacerlo al revés, es decir, llevarle yo un cómic y traerme él un libro «normal». Él cumplió su parte; yo no.

Apareció con un ejemplar de Historias de Terramar, de Ursula K. Le Guin, que me recomendó encarecidamente leer (cómodamente apoltronada en el mejor sillón de casa; por peso y volumen no es un libro que se preste a ser leído en el transporte público). Le haré caso, sin duda. El otro título que trajo, más manejable éste, fue El árbol de las brujas, que me prestó, leí y hoy reseño para vosotros.

Como cada año en la noche de Halloween, un grupo de niños se disfrazan y salen a la calle para pedir premio o prenda. Cuando van a buscar al último chico de la pandilla, Pipkin, lo encuentra alicaído, y éste les pide que le esperen en la casa Fantasmal de la Cañada. Allí les aguarda un peculiar personaje que les descubrirá los orígenes de la fiesta de Halloween.

Habiendo leído otra obra de Bradbury esperaba encontrar en sus páginas algo muy distinto de lo que realmente hay. Nada más comenzar a leer me llamó la atención el tono en el que estaba escrita, y ya no por el lenguaje ni por la estructura de las frases y el ritmo de éstas, que también, sino por los hechos narrados; era una novela infantil/ juvenil. Teniendo en cuenta que lo que había leído de su autor era Fahrenheit 451, la sorpresa fue mayúscula, claro, y debo admitir que, en un principio, fue un chasco encontrarme con un registro inesperado cuando me disponía a sumergirme en algo más oscuro todavía que Halloween, sin embargo, una vez cambiado el chip, acabé encontrándole la gracia.

La historia en sí es la de un grupo de niños que sale a la caza de caramelos la noche de Halloween y que, de repente, se da cuenta de que Pipkin, el más querido de la pandilla, ha desaparecido. Él mismo les dijo antes de hacerlo que fueran a una casa que había en las afueras del pueblo. Y le hicieron caso. Se trataba de una casa tenebrosa como pocas en la que encontraron a un personaje tan tétrico como ella, un tal Mortajosario, que se ofreció a ayudarlos a encontrar a su amigo, que había sido arrastrado a un lugar muy lejano en el tiempo y el espacio.

Tomando como excusa este hecho y los disfraces de los chicos, Bradbury nos pasea a lo largo y ancho de la Tierra en diferentes épocas para explicarnos el origen de Halloween o las diferentes formas que toma en cada tiempo y lugar la fiesta de los muertos, desde Egipto hasta la celebración del día de los muertos de México, pasando por la Grecia clásica y la antigua Roma o por la Edad Media, sin olvidar tampoco a los druidas de la cultura celta.

No os diré si finalmente consiguen salvar a su amigo de la amenaza de muerte que lo persigue a lo largo de su viaje, ni quién resulta ser Mortajosario, ni de dónde viene el título de la novela. Si queréis saberlo tendréis que leerla y averiguar todo esto al tiempo que seguís el recorrido de algunos de los ritos relacionados con la muerte practicados por diferentes culturas a través de los siglos, una lectura amena en la que aprenderéis algunas cosas y, sobre todo, conoceréis un registro distinto de Ray Bradbury si, como yo, desconocíais su faceta literaria infantil. Ahora sólo me queda saldar mi deuda con Tomás con algún cómic interesante. Y, sabiendo de su gusto por este autor, creo que ya tengo un firme candidato; os mantendré informados.

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