Roberto López-Herrero: la entrevista

Entrevista-Roberto-Lopez-Herrero

Hoy retomo la sección de entrevistas de este blog, a lo grande, con una conversación con Roberto López-Herrero, uno de los autores indies por excelencia del panorama literario actual. Tras su trabajo como locutor, actor y guionista en radio y televisión (ahí es nada) se lanzó a la escritura de la novela humorística con Antonio mató a Luis en la cocina con un hacha porque le debía dinero y Una conspiración mundial secuestró a mi perro para que yo no contara todo lo que sabía, la primera de las cuales está ya siendo adaptada por Luis Endera para ser llevada al cine. Como muchos otros escritores, ha decidido editar, publicar y comercializar él mismo sus obras a través de Amazon aprovechando el enorme potencial que Internet ofrece para hacer legar la información a millones de usuarios de todo el mundo y, a juzgar por su éxito, no lo ha hecho nada mal. Acérrimo defensor de las redes sociales y, en especial, de Twitter (podéis seguirlo en @ElExpecial), ha decidido sorprendernos con Normal, una genial novela policiaca llena de tensión y de crítica salpicada de algunas de esas gotas de humor que nos recuerdan al Roberto de sus anteriores novelas. Si queréis saber más, sólo tenéis que seguir leyendo:

Humor y crítica social, ¿qué papel ocupa cada uno de ellos en tus obras?

Bufff… La crítica no la puedo abandonar nunca porque es parte de mi ADN criticar todo y preguntarme el porqué de todo. El humor es un vehículo fabuloso para servir aderezadas determinadas verdades que en crudo podrían resultar indigestas.

¿Crees que hace falta más cantidad de ambos en el mundo en que vivimos?

No me cabe la menor duda… Sobre todo de crítica, porque de humor –al menos los españoles– vamos bien servidos.

Con la excepción de una breve incursión en el terror gótico de El escritor, el género al que te has dedicado hasta ahora ha sido el humorístico y, sin embargo, en tu última novela, vas y nos sorprendes con una policiaca, ¿a qué se debe este cambio de registro?

Me apetecía comprobar si era capaz de hacer algo más serio. Estoy muy cómodo haciendo humor, ha sido mi trabajo en los últimos años en la radio, pero quería saber si era capaz de contar algo diferente aunque con ciertos ramalazos que se me escapan pero porque la vida es así, agridulce.

Tu última obra se titula Normal. ¿Qué es la normalidad para ti?

Se tendría que haber titulado Modal porque la normalidad del asesino es una normalidad estadística… Y el resto de personajes a mi me resultan muy normales, aunque sean algo más exóticos en su comportamiento, en su forma de ser… Para mí normal es todo, lo raro es lo que te obligan a que te resulte normal, lo impuesto. Para mí lo normal es la diferencia y por eso la respeto tanto.

¿Y para la mayor parte del resto del mundo occidental? 

Depende de a quién preguntes. Hay gente con planteamientos vitales un tanto anclados en la monotonía y en la tradición que me resultan muy raros…

¿Crees que la concepción social de normalidad se corresponde más con la uniformidad que con la realidad que nos rodea?

Ese caso se aplica más a la Leyes, que van siempre unos años por detrás. La sociedad evoluciona, cambia y lo que era “común” o “habitual” hace treinta años, hoy en día es minoritario o viceversa. No me gusta que me impongan un concepto social, soy partidario de la individualidad de una manera casi feroz, aunque entiendo que para determinados “elementos” de la sociedad haya que imponer barreras o modos de convivencia. Supongo que soy un anarquista realista.

¿Existe una normalidad real y otra teórica? ¿Cómo afecta cada una de ellas a los individuos que estas engloban o excluyen?

¡Esta es una pregunta para un sociólogo, no para un pobre juntaletras como yo! Entiendo y supongo que en círculos pequeños humanos hay diferentes grados de tolerancia a la desviación de la media. En teoría somos todos iguales ante la Ley, por ejemplo, pero últimamente vemos que no, que hay a quien lo aforan a gran velocidad y a quién cuesta mucho trabajo imputar determinados delitos… Y no miro a nadie. ¿Ves como no puedo parara de criticar?

¿Es la normalidad un convencionalismo con sentido?

Es el precio que tenemos que pagar como sociedad, que si es un pequeño peaje para la convivencia y el respeto me parece bien, pero cuando es el estandarte que imponen unos sobre otros para no evolucionar y para meter miedo, apaga y vámonos.

El protagonista de la novela sufre una enfermedad mental que no tiene consecuencia alguna sobre la vida de los que le rodean pero que, pese a ello, supone un alejamiento del concepto de normalidad asumido por el conjunto de la sociedad. ¿Supone la diferencia, por el simple hecho de serlo, un peligro contra el que luchar?

La diferencia no es peligrosa, es –para mí– muy enriquecedora siempre que estés dispuesto a conocer al otro y el otro quiera enseñarte su modo de vida. Las enfermedades y los trastornos mentales tienen un estigma social que arrastran desde hace siglos y es curioso que siga existiendo ese estigma de manera tan marcada porque hoy en día hay más enfermedades mentales que en toda la Historia de la Humanidad previa… Estamos muy desequilibrados casi todos y seguimos señalando como si fuésemos nosotros los “normales”.

Cualquiera puede caer en una depresión, cualquiera puede subir altibajos de su ánimos y siempre digo –en la novela en boca de Lara Martell– que si te duele un brazo vas al traumatólogo, entonces, ¿por qué no vas al psiquiatra cuando te duele el alma? Tenemos mucho que aprender como sociedad sobre las enfermedades mentales, sobre lo que las provocan y sobre todo, que cualquiera podemos caer en ellas. Nadie mira mal a alguien por tener, por ejemplo, un tumor y sí a alguien que diga que se le ha diagnosticado trastorno bipolar.

¿Por qué crees que está ese estigma tan establecido en la sociedad?

Gracias al cine, la literatura y demás… Cuando comencé a escribir “Normal” hablé con una psiquiatra y con una enferma de trastorno bipolar. Ambas me pidieron que “no fuese el loco el asesino”. No era mi intención, al contrario, yo quería que mi protagonista, “el bueno” fuese el que “no estaba normal” en oposición de su némesis, “el hombre normal”.

¿Sabes si ha leído Normal alguien con algún trastorno mental?

Recibí un email que me emocionó de un hombre, diagnosticado, que se veía perfectamente reflejado en el personaje de Félix Fortea, incluso le había dado a leer la novela a su hijo adolescente y este le había dicho que ahora lo comprendía mejor. Sólo con eso… ¡Misión cumplida!

Durante la novela alternas la primera persona con la tercera en la narración de las vivencias de los dos bandos implicados en una misma historia. ¿Sigue esta utilización algún propósito teniendo en cuenta a qué personaje es aplicado cada uno de los usos?

Era totalmente necesario para mí. Necesitaba estar en la cabeza de Félix y contar sus sensaciones en primera persona, gracias a todo lo que me había explicado una persona diagnosticada como bipolar y con la que siempre estaré en deuda.

En cambio, para “el malo” quería que no supiésemos mucho de él, más que su aspecto estadísticamente “normal” y que sus acciones de asesino hablasen por él. Me han sugerido que escriba algo desde el punto de vista de él, quizás en la siguiente novela lo haga.

¿Habrá una continuación de Normal?

Casi seguro visto el éxito y vistas las peticiones de que vuelvan Félix y Lara… Venga, no miento… Ya la he empezado a escribir. Le tengo mucho cariño a todos estos personajes.

Muchas gracias, Roberto; seguro que volveremos a saber de ti muy pronto en este blog.

Gracias a vosotros, es un lujo. Me encantan los blogs que no son “normales”…

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