26. Chen y la importancia de la sal

Peripecias-estelares26

—¡Perdona! —repite Herbert al ver que el camarero no le ha oído.

—Perdona, no te había oído —dice al llegar a nuestra mesa.

—Oye, ¿no tendrás patatas fritas, por un casual?

El bulala sonríe con una cierta malicia, como si aquella fuera una pregunta trampa.

—¿Patatas fritas, dices?

—Patatas fritas, sí señor —Herbie parece participar del espíritu de nuestro camarero, adoptando una curiosa expresión de alegría y expectación. Se enzarzan entonces en una retahíla de frases sin sentido aparente para los demás:

—Patatas fritas bulalero, las mejores del mundo entero —comienza el bulala.

—Patatas fritas, patatas fritas con sal.

—Con sal sólo están buenas pero para un sabor genial necesitan algo más; necesitan…

—¡Una fórmula especial!

Estallan en una carcajada conjunta, escandalosa como pocas había oído nunca y se abrazan como si fueran dos amigos que no se han visto en mucho tiempo.

—¡Rogelio! —exclama nuestro nuevo amigo—¡Pensé que nunca llegaría este momento!

—Yo también —responde Herbert—, aunque yo me llamo Herbert; Rogelio es él —y señala al verdadero.

—Yo soy Chen, encantado. Y tú eres el que los ha traído hasta aquí —dice, dirigiéndose al Rogelio de verdad—… ¡Tenía tantas ganas de conocerte!

—En realidad quienes nos han traído hasta ti han sido ellos —responde, refiriéndose a Herbie y Loretta— pero los que comenzaron todo esto fueron ellos. Esta vez señala a Giuseppe y Afrodita.

—Y él —Giuseppe me toma de la trompa y me acerca hacia sí, incluyéndome en el grupo y haciéndome sentir emocionado. Este universo paralelo me ha convertido en un blando.

Chen permanece con los brazos en jarras contemplando la curiosa pandilla formada por todos los que, en un momento u otro, entramos a formar parte de esta expedición en busca de la dichosa fórmula.

—Madre mía —dice por fin meneando la cabeza, como si no fuera capaz de creer lo genial de esta extraña combinación de sujetos. Acto seguido se dirige al mostrador y cierra el chiringuito. Pone un cartel anunciando que volverá en algún momento (que no acaba de concretar) y pidiendo que, en su ausencia, se sirvan los clientes mismos. Tras esto se disculpa por las molestias y vuelve a nosotros.

—¡Nos vamos! —exclama.

—¿A dónde? —pregunta Afrodita.

—A la Luna —responde mirando el reloj.

—Anda, mira —dice Giuseppe mirando a nuestra capitana—. Ahí aún no hemos estado.

—La una y media —murmura Chen—… llegaremos allí para comer. ¡Todos a bordo!

El «a bordo» de esta vez rompe la progresiva mejora de cada nuevo vehículo que hemos ido utilizando en nuestro periplo por nuestro mundo y los colindantes; es un cacharro que, a priori, no ofrece muchas garantías de llegar a destino sanos y salvos.

—¡Subid, hombre, no me seáis gallinas! —ríe—Habéis llegado hasta aquí desde otro universo, ¿qué puede pasaros en un trayecto de veinte minutos?

¿Veinte minutos? ¿cómo funciona ese trasto? ¿a pedales?

Vota cómo quieres que continúe la historia y lee aquí la continuación el 25 de abril

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2 comentarios en “26. Chen y la importancia de la sal

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