23. Música épica y pelazo al viento

Peripecias estelares23

Una mujer provocó este tenso silencio en La Osa y otra es la que se decide a ponerle fin:

—¡Oh! Pero, ¡oh, Herbie, cariño!, ¿lo has oído? La fórmula. ¡La fór-mu-la!

Su querido Herbie lo ha oído perfectamente, como todos nosotros.

—Sí, Loretta —responde por fin, con una pachorra que no hace sino añadir más intriga y tensión al asunto.

Dirige sus cortos pasitos hacia Afrodita, que espera petrificada no haber metido la pata lo suficiente como para tener que salir de allí quemando motores, tal y como hemos tenido que hacer cada vez que hemos abandonado un escenario desde el mismo día que partimos de la Tierra. Cuando llega a su altura, se detiene ante ella, agarrándola por los antebrazos y, con una solemnidad digna de un momentazo de película, de esos de banda sonora épica con pelazo al viento, pone fin a la expectativa creada, mirándola fijamente a los ojos.

—Por fin —dice mientras aprieta con sus manitas los brazos de nuestra capitana—. Pensábamos que no iba a llegar nunca este momento.

Afrodita respira aliviada al comprobar que no sólo no ha causado ningún conflicto grave sino que, al parecer, les ha dado a esta gente la alegría de su vida. Giuseppe se decide, pasado el peligro, a salir del escondite que ha buscado tras la espalda de nuestra líder.

—¿Podemos hablar de todo esto comiendo? —pregunta Antoine desde su posición—¡Esto frío no vale nada!

Esta intervención inaugura oficialmente una especie de bacanal de risas, buen rollo y mejor humor que, francamente, ni sé de dónde ha salido ni qué la ha provocado pero que, tras hacerme sentir molesto y violento en un primer momento, no puedo evitar que invada todo mi ser, desde la punta de mi trompa a la de mis pies. Me siento embarazosamente dichoso y feliz, devoro las hamburguesas vegetarianas de Antoine con una alegría inusitada en mí, más aún sabiendo que se trata de comida sana y que, como el mismo Antoine no se cansa de repetir, no han supuesto la muerte de ningún ser con conciencia de su propia existencia. ¿Puede el mundo ser más bello y harmonioso? Comida, bebida y diversión  en buena compañía, buen rollo, risas, colegueo, una réplica casi exacta de mí mismo a la que rascarle la barriga y lanzarle palos… Me contagio de esta dicha desenfrenada hasta el punto de comenzar a lanzar churumbeles con mi trompa de punta a punta de la estación. No sé dé quién son y parece que a los demás tampoco les importe demasiado; los críos hacen cola a mi lado para que los catapulte hacia el montón de cojines que hay junto al edificio principal, desde donde mi clon binocular -Tito, como le llaman los mocosos- me los devuelve al banco de arena en el que juegan normalmente con sus cubos y sus palas. La vida es maravillosa.

Borrachos de felicidad como estamos, nadie parece haber dado importancia al pequeño detalle de la fórmula. ¿Nadie? No, nadie no; Afrodita aprovecha la sobremesa y, removiendo su café, vuelve a poner algo de sentido común en esta locura de felicidad radical que nos impide avanzar hacia nuestro objetivo: la salvación lo poco que queda de la especie humana.

—Bueno, ¿qué? ¿tenéis la fórmula o no?

Vota cómo quieres que continúe la historia y lee aquí el próximo capítulo el próximo viernes 28 de marzo

4 comentarios en “23. Música épica y pelazo al viento

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