20. Parecidos razonables

Peripecias-estelares20

—¡Anda! —el retaco exclama, asombrado, con su nariz pegada al cristal del ventanal de la nave—¡La Osa!

¿La Osa? Pues entonces parece que no es todo tan como siempre como cabría esperar; por lo menos, no como lo era desde hace apenas un rato, después de que Rogelio volara La Osa en mil pedazos, cual big bang casero.

Rogelio, a todo esto, sonríe. Sonríe con una petulancia tal que parece que vaya a explotar de puro orgullo y autosuficiencia de un momento a otro. Me hago a un lado, por si acaso, y, justo en ese momento, como si él fuera capaz de leerme el pensamiento, cambia de registro y se vuelve de lo más majo.

—Pues sí, Beppe —empieza a sentirse cómodo con su nueva pandilla, según parece; mientras no utilice conmigo los diminutivos, todo irá bien—, tienes toda la razón. Ahí está La Osa, aunque, cuando nos acerquemos, veréis que es un pelín diferente a La Osa que dejamos atrás hace un rato.

—¿Qué quieres decir? —pregunta intrigado el chiquitín. Rogelio simplemente sonríe y acompaña a Giuseppe al panel de mandos de la nave, como quien lleva a un niño a la cabina del piloto de un avión.

Los observo desde mi posición, viendo cómo Rogelio deja los mandos de la nave a Giuseppe como el que deja a un niño conducir por el aparcamiento de un centro comercial en un día festivo, con la diferencia de que nosotros avanzamos a un porrón de kilómetros por hora y La Osa, por lejana que pudiera parecer, comienza a hacerse más y más grande a medida que pasan los segundos. Al final pasamos rozándola, gracias al volantazo de Rogelio que nos salva la vida en el último instante. A nosotros y al grupo de individuos que nos hace la ola desde la estación. Incomprensiblemente; les ha ido de un pelo.

Damos la vuelta en cuanto nos es posible y aterrizamos en La Osa. Esta vez, a diferencia de la anterior, no nos enfrentamos a una estación de servicio desierta sino a una pandilla de personajes, en apariencia inofensivos, que nos da la bienvenida a pie de escalerilla. Una recepción digna de un jefe de Estado, vamos.

—Joder, tío —sorpresa número uno: sus dos primeras palabras, lejos de ser un clásico de las llegadas como «hola» o «bienvenidos», son un taco y un apelativo apto únicamente para interlocutores cercanos en lo personal. Sorpresa número dos: la inesperada bienvenida viene de un clon exacto de Giuseppe, con la única diferencia de llevar éste, como extra, un tercer ojo en la frente (además de los dos que el chiquitín traía ya de serie)—, ¡nos habéis peinado! —sorpresa número tres: lejos de enfadarse, la cosa parece hacerle cierta gracia, quizás debido al estrés post traumático tras haber estado a punto de perder la vida en un absurdo accidente completamente evitable.

Rogelio asoma entonces por la puerta de la nave, baja la escalerilla y abraza al sujeto trinocular del cual aún desconocemos el nombre.

—Perdona, Herbert —ya no lo desconocemos—pero es que no conducía yo…

El tal Herbert aún no sabe, como el resto de nosotros, que se va a llevar una sorpresa mayúscula al ver una réplica exacta de sí mismo en versión tuerto. El que tampoco se debe de haber enterado todavía es el otro interesado, que sigue dentro de la nave, haciendo a saber qué. Cuando llega, le hacemos todos el pasillo, aún con la boca abierta y, acto seguido, les seguimos fuera. Herbert y Giuseppe se miran, estupefactos, atónitos, admirados, en definitiva, de que la naturaleza, en su infinita sabiduría, hubiera sido capaz de crear dos seres prácticamente idénticos, dotando de un ejemplar de absoluta perfección a cada uno de los universos.

—¡Joder, tío! —palabras de Herbert, por supuesto. Giuseppe se lanza a sus brazos llorando a lágrima viva—Tranquilo, tío —intenta tranquilizarlo mientras le da palmaditas en la espalda.

—¡Primo! —solloza el calvo -el nuestro-.

Herbert nos vuelve a mirar a todos.

—Co-lega… —hace un gesto de incredulidad pasándose la mano por toda la calva, desde la frente hasta el cogote. Parece que hay algo más que le llama la atención pero, ¿qué?

Vota cómo quieres que continúe la historia y lee aquí el próximo episodio el próximo viernes 28 de febrero

6 comentarios en “20. Parecidos razonables

  1. “…como el que deja a un niño conducir por el aparcamiento de un centro comercial en un día festivo”.

    Yo diría que algún que otro adulto hasta no hace tanto hacía lo mismo…

    😄 😄

    Me gusta

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