17. El Náufrago, Rogelio y la buena suerte

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Mi parejita de novios impostores se mira sin atreverse a responder; a saber cuál es la respuesta correcta. Su interlocutor parece ser un ejemplar un tanto atípico dentro de su especie pero es un trátor al fin y al cabo. Un paso en falso y fin de nuestra aventura y, por ende, de los maltrechos restos de la especie humana.

—Venimos de Marte —empieza a decir el canijo—… y allí, un bulala amarillo nos ha…

La cabeza de pera de nuestro amigo -entre muchas comillas- comienza a adquirir ese tono azulado subiendo desde su base, tan característico de los cabreos trátor.

—¡Todos los bulalas son amarillos! —grita—Y, hasta donde yo sé, ninguno conoce a Rogelio.

Dicen que las mentiras tienen las patitas muy cortas. Giuseppe también; no sé si habrá sido la acumulación de factores o qué, pero les han pillado nada más abrir la boca. Y el azul comienza a llegar ya a la altura de los ojos. Malo.

—¿Quién os envía? —vuelve a preguntar, con evidente escasez de paciencia.

—El Náufrago —responde Afrodita con aparente inmutabilidad. Aparente, supongo, porque si tampoco le gusta esta respuesta lo tienen muy crudo para salir de aquí con vida.

—¿El Náufrago en persona?

—No —dice el calvo antes de que nuestra capitana pueda abrir la boca—. Un calcetín.

Parece que este último dato desconcierta ligeramente a su oyente, que pone cara de no saber si le están vacilando y detiene en seco el retroceso del color azulado hacia la base de su ridícula cabeza, formando una línea recta a la altura de su boca.

—Hemos encontrado un calcetín orbitando alrededor de Saturno —interviene ella—. En él decía que la fórmula secreta estaba aquí, que preguntáramos por Rogelio.

El trátor los mira de reojo, invadido por la duda. Es una historia tan rocambolesca y absurda que difícilmente puede tratarse de un engaño perpetrado por una simple mente humana.

—También hemos encontrado esto —dice el retaco, alargando su bracito y tendiéndole el mensaje que encontramos en la botella.

—Estimados terrícolas —empieza a leer—: No me cabía la menor duda de que en algún momento ibais a intentar recuperar el mensaje del Náufrago. Tarde, sin embargo. Si estáis leyendo esta nota es porque nos hemos adelantado a vosotros. La fórmula está en nuestro poder; no os canséis  y volved a casa. Firmado: Jkort, Regimiento 324, escuadrón 778, Armada Trátor.

Su reacción se limita a una sonrisa torcida, con la que acaba de desaparecer el color azulado de la base de su cabeza.

—Típico de Jkort —murmura para sí, tras lo cual devuelve la mirada a la pareja—. Rogelio —se presenta, alargando su mano a sus nuevos amigos—. Encantado.

Rogelio recupera su amabilidad inicial con la misma brusquedad con la que desapareció al mencionar su nombre.

—Por supuesto, Rogelio no es mi verdadero nombre. Podéis decir a vuestro suingo que salga —añade tras estrechar la mano a Giuseppe y Afrodita en su presentación.

Doy un par de pasitos al frente y entro en la estación. A falta de mano que ofrecerle levanto levemente mi trompa en señal de saludo.

—Os están buscando por todas partes —dice, en respuesta a la cara de sorpresa de mis compañeros: dos humanos y un suingo en una Limoria. Suerte habéis tenido de dar conmigo. No habríais durado mucho más.

—Hemos derribado una nave trátor —anuncia con orgullo Giuseppe.

—Ah, ¿sí? —pregunta con evidente sorna—¡Qué valientes! —sigue con el cachondeo y se ríe—Tranquilos; enviarán más.

Afrodita, aunque aliviada por el inesperado devenir de los acontecimientos, sigue mirando a Rogelio con un poco de desconfianza. Algo no le cuadra.

—Te estarás preguntando qué hace un trátor alejado de los suyos regentando una remota estación de servicio —dice, dirigiéndose directamente a ella, que asiente en silencio a su interpelación—. Soy un desertor —manifiesta por fin—. Un prófugo, un traidor, un despojo trátor. Me escondí aquí y finalmente me encontraron. Me dejan en paz porque ésta es una parada obligada para cualquiera que abandone el sistema solar -no sabéis los precios que tiene el combustible pasada esta estación-. Yo les doy información, a veces un poquito falsa —ríe—y ellos se limitan a pasar de vez en cuando para recordarme lo despreciable que soy, lo cual no está nada mal teniendo en cuenta que la alternativa es servir en la armada trátor o recibir el castigo habitual a mi comportamiento —se estremece al recordarlo—. Y eso que no sospechan que mis informaciones no son todo lo fiables que deberían —hace un leve pausa en su discurso mirando a Afrodita, como para asegurarse de que su explicación ha resultado satisfactoria—. Sea como sea estamos todos en peligro: vosotros porque el universo entero sabe de vuestra fuga y yo porque saben que teníais que pasar por fuerza por aquí. Ahora la cuestión es cómo salir de ésta.

Vota cómo quieres que continúe la historia y lee aquí el próximo episodio el viernes 10 de enero.

4 comentarios en “17. El Náufrago, Rogelio y la buena suerte

  1. También voto por ampliar el club 😉
    Rogelio me gusta, me recuerda esas figuritas que hace unos años estaban de moda, cambiaban de color según el tiempo. No se hasta que punto era real pero como alguien de la famili fuera de viaje no te librabas de la figurita azul
    Bon cap de setmana!!!

    Me gusta

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