06. Ventajas de una digestión pesada

Peripecias estelares06

Afrodita sigue señalando hacia la nave abierta de par en par en medio de la plaza mientras observa, desesperada, cómo Giuseppe va murmurando por lo bajini posibles nombres para un servidor. Antes de que ella tenga tiempo de reclamar de nuevo su atención, al calvo se le ilumina la cara y, a pleno pulmón, nos hace a todos partícipes de su genial idea:

—¡Frufru! —me señala insistentemente con su rechoncho dejo índice.

Afrodita no se molesta ni en hacerlo callar. No hay un solo segundo que perder, con la brillante intervención de su compañero seguro que acabamos de ser descubiertos.  Percibo a un trátor a escasos metros; hay que improvisar.

—Fru-frup —hago de tripas corazón y aspiro algo que parece ser metálico pero que, conforme avanza hacia mi estómago, deja de parecerlo .

—¡Oye, tú! —la atronadora voz del trátor que percibía en las inmediaciones resuena sobre nuestras cabezas—¡No está permitido comer en horas de trabajo!

Como si tuviéramos un horario y días libres… ya puede dar el elemento gracias a su toxicidad porque si no no se libra de pasar por mi trompa dentada ni de coña. Dedico las energías resultantes de mi justificado cabreo a freír el cerebro de mis colaboradores humanos a órdenes que no tardan en acatar.

—¡Por favor, compasión! —Afrodita implora clemencia arrodillada ante mí y mirando al trátor con los ojos llenos de lágrimas.

—¡Eso, compasión! —ni para acatar órdenes es bueno el primate bajito, ¡qué poca sangre! Así no va a convencer a nadie.

—¡A trabajar! —la respuesta del tirano no va dirigida a ellos sino a mí.

Obedezco sumisamente y conduzco a mis marionetas humanas hacia la nave, como tantas otras veces he hecho con tantos otros prisioneros.

—Oye, Kjuerpf — dice uno de los guardias del otro lado de la plaza—. ¿Había algún traslado programado para hoy?

Mierda; no contaba con esto.

—Pregúntale a Jkort; la orden será suya, que es quien ha pedido la nave —responde el tal Kjuerp, que resulta no ser otro que el que me ha mandado trabajar.

—Está comiendo.

—Pues tú mismo pero yo no pienso interrumpirlo.

El tal Jkort debe de tener una digestión pesada y una mala leche de las mismas proporciones porque el otro se encoge de hombros y vuelve a lo suyo; mirar al infinito.

Suspiramos aliviados mientras seguimos avanzando. En nuestro camino pasamos ante un grupo de compañeros supervivientes que nos miran esperanzados; allá vamos, en misión secreta sideral, en pos de la salvación de lo que queda de la especie humana y de la liberación de la de un servidor, que está ya hasta la trompa de tanto mangoneo tratoriense, o como se diga.

Por fin llegamos a la nave y, una vez dentro, Afrodita se libera de mi incursión mental.

—¿Por qué he hecho eso?

Pregunta al universo en general, pues recorre la estancia entera con la mirada mientras da una vuelta completa sobre sí misma con las manos en la cabeza. Ahí no he tenido yo nada que ver; la armonización motriz no es mi fuerte. Bastante me cuesta coordinar una trompa y dos patas propias como para andar jugueteando con miembros ajenos. Me parece percibir una mirada soslayada sobre un servidor, así que disimulo mi nerviosismo como mejor puedo y me dedico a aspirar desenfrenadamente todos y  cada uno de los rincones de la nave. Sólo me falta una mente rebelde a bordo. ¡Qué lista es la tipa!

Por suerte, la misma inteligencia que la lleva a sospechar de un menda la lleva también a priorizar entre una huida a tiempo o una muerte segura como el tal Jkort termine de comer antes de nuestro despegue. Toma posesión del cuadro de mandos, cierra la compuerta y enciende los motores. Con los nervios se le cala y nos da un susto de muerte porque por la ventana vemos al que parece ser Jkort, corriendo hacia la nave gritando como un poseso al tiempo que agita el bocadillo que lleva en la mano. Afortunadamente la cosa queda en un susto y, tras un fogonazo, salimos disparados de allí. Ahora la cuestión es: ¿hacia dónde nos dirigimos?

Vota cómo quieres que continúe la historia y lee aquí el próximo capítulo el viernes 13 de septiembre.

Anuncios

4 comentarios

  1. Rumbo a casa!! Frufus a cascoporro!!!

    Me gusta

    1. ¿Por qué no me sorprende tu respuesta? XD

      Me gusta

  2. Primero poner carburante y hasta el infinito!!!
    Veo que a pesar del paso de los años el bocadillo sigue siendo un clásico jeje
    Un petonet,

    Me gusta

    1. Hombre, el bocata del almuerzo no se lo salta ni el trátor más pintado… jajaja.

      Un petónet!

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: