La chica del lunar – capítulo 43

la chica del lunar -cap 43

Fernando y el Chungo han resultado ser dos compinches de lo más obediente y han salido pitando hacia adelante, sin pararse a mirar siquiera si venía un coche. Les ha salvado de la muerte segura el estar en pleno verano y ser, encima, sábado, puesto que a esta hora cualquier día entre semana durante el curso escolar esta calle es un no parar de coches yendo y viniendo para cargar o descargar niños en el colegio de la esquina. Cualquier coche familiar, monovolumen o, peor aún, cuatro por cuatro -que también los hay en este barrio, a saber por qué- de esos que alteran con su caótico ir y venir la tranquilidad de la calle los habría hecho fosfatina. Fosfatina. ¿Qué narices será eso?

La cuestión es que están sanos y salvos del otro lado de la calle, cosa de la que yo aún no puedo presumir. A ojos de todo el mundo no somos más que tres chorizos que acaban de birlarle la maleta a una venerable ancianita. ¿De verdad? ¿En este barrio en el que no puedes tirarte un pedo sin que se entere todo el vecindario? ¿En el mismo barrio en el que mi familia y yo hemos vivido desde el inicio de los tiempos? Aquí todo el mundo sabe quién es quién, por supuesto saben quién es mi abuela y, por supuesto también, la relación que me une con ella. Y, conociéndonos a las dos, ya no me extraña tanto la falta de reacción de la parroquia de la panadería. A mi abuela no le roba nadie. A menos que ella se deje, claro está.

Un forastero, como gusta mi señora abuela llamar a los visitantes ocasionales del vecindario, que no está en antecedentes y, por tanto, sí que se ha quedado con la versión de la pandilla de chorizos que asaltan sin piedad a una pobre pensionista, sale hasta la puerta de la panadería y grita en dirección de los fugitivos: «¡Eh! ¡Al ladrón!».

No sé a cuál de los dos se refiere pero a Anselmo, que está sentado a la fresca de las cuatro y media de la tarde de un caluroso día de agosto fumando a escondidas -según cree-  en un banco junto al que en este mismo instante pasan la maleta y sus conductores, le falta tiempo para alargar el garrote con un leve y veloz movimiento de la mano del que sólo es capaz quien lleva toda una vida liándose los cigarrillos. Si encima lo hace a escondidas, estamos ante un virtuoso digital. Lo más. Consecuencia inmediata: de narices al suelo. Los dos.

—¡Malandrines!

¿En serio les ha llamado eso? Debe de haberle parecido poca cosa incluso a él porque, ni corto ni perezoso, agarra el bastón de madera con el que yo siempre lo he conocido y se lía a golpes con ellos. Esta vez sí: fosfatina. El agresor va mirando hacia nuestra posición como pidiendo permiso para parar, cosa que no acabo de comprender. De pronto, la víctima del robo, mi único antepasado vivo con moño, le hace un gesto con la mano.

—Déjalos, Anselmo —dice elevando el tono para hacerse oír, que el pobre Anselmo es durillo de oído. Y, como si hubiera apretado un botón, Anselmo se para, agarra la maleta, amenaza por última vez con el bastón en alto a Fernando y al Chungo y viene hacia aquí—. Muchas gracias, Anselmo —le dice al recibir de éste la maleta de la discordia—. Estoy bien.

A mí no me dirige la palabra y, con una única mirada cargada de intención, abre ceremoniosamente la cremallera de la maleta y me muestra su contenido, que no es otra cosa que un vacío absoluto. ¡No hay nada!

—Pero…

Esto es todo lo que alcanzo a decir, para su regocijo, todo sea dicho, que la señora está que no cabe en ella de gozo al ver cómo he caído de lleno en su trampa.

—¿Qué esperabas? ¿Que te pusiera en bandeja de plata una maleta llena y me la dejara robar? Qué poquito conoces a tu abuela, que es vieja pero no tonta.

—Pero —yo sí que parezco tonta, que no soy capaz de salir de la dichosa conjunción—… ¿dónde están?

Vota cómo quieres que continúe la historia y lee aquí la continuación el próximo viernes 26 de abril

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4 comentarios en “La chica del lunar – capítulo 43

  1. Eso, eso, ¿dónde están?
    jaja vaya con la abuela, esta no es de las que te espera con las rosquillas recién hechas para la merienda.
    Bon cap de setmana i feliç Sant Jordi 😉

    Me gusta

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