La chica del lunar – capítulo 40

La chica del lunar 40

Nos miramos los tres y, sin mucha esperanza -ninguna- buscamos por el piso a mi abuela y la dichosa maleta cargada hasta los topes de matrioskas sorpresa de las que, como de las croquetas de los bares, se desconoce el auéntico valor hasta el último momento, cuando ya las tienes despanzurradas en el plato o, en el peor de los casos, en la boca, lo cual es,  a veces,  demasiado tarde. Nada. Como si se las hubiera tragado la tierra. Espero que no sea también demasiado tarde para mi abuela cuando la encontremos o, lo que es lo mismo, que no se tope con el propietario de la maleta antes de que demos nosotros con ella.

¿Dónde habrá ido estar mujer? Mientras el Chungo se viste camino de lado a lado del comedor intentando adivinar las intenciones de la madre de mi madre. A ver, ¿qué haría mi madre en su lugar? No coger la maleta. Eso no me ayuda. ¿Qué haría si, por una de esas cosas de la vida, hubiera decidido llevársela? Entregarla a la policía, seguro. Ya sé dónde no tenemos que molestarnos en buscar a mi abuela. No hay ser en este mundo más opuesto a ella que mi propia madre.

En fin, quedarse en casa es la única manera de asegurarse un fracaso, así que bajamos a la calle y empezamos a deambular sin rumbo fijo por el barrio. Procuramos, eso sí, pasarnos por el top five de los lugares con mayor poder de convocatoria para los mayores: el ambulatorio, la farmacia, el centro cívico, la granja heladería que engancha con su chocolate a la población jubilada en invierno y con helados sin azúcar en verano y los bancos de la plaza donde se comen estos últimos. Los de la sombra, claro.

Mi abuela no está en ninguno de ellos. Malo. Algo muy gordo está tramando. Eso, o la han capturado los chinos y está siendo interogada a la luz de un flexo. Justo después de descartar esta última posibilidad, no sabría decir por qué, como salido de mis pensamientos un niño chino atraviesa corriendo la plazoleta desde una de sus esquinas y, al llegar a la opuesta, tira a la papelera un paquete, mira a su alrededor y vuelve coriendo por donde ha venido. Sospechoso. Muy sospechoso. ¿Se puede saber por qué les ha dado ahora a todos los chinos por hacer cosas raras, con lo normales y discretos que han sido siempre? ¿Se estarán acostumbrando a la alimentación occidental? ¿Será el exceso de ajo acumulado en las comidas durante las dos o tres generaciones que llevan en este país lo que les lleva a comportarse de esa manera? ¿Será que, después de todo, la dieta mediteránea hace que se les vaya un poco la olla? Igual con tanto rollito de primavera acabamos nosotros desarrollando algo de sentido común y quién sabe si la sensibilidad artística suficiente como para poder llamar a un plato hormiga sube árbol. Sublime.

Mientras estoy sumida en mis cavilaciones sobre la adapción al medio de la inmigración china desde la década de los noventa, Manolín, que andaba, como siempre,  revolviendo papeleras por la plaza, ha debido de considerar también sospechoso el comportamiento del retoño orental y ha corrido a la papelera de la esquina a la que éste ha tirado el paquete. Antes de tener tiempo de llamarlo siquiera, Manolín echa a correr calle abajo. Me quedo clavada al suelo mientras lo veo alejarse hasta que gira la cabeza para ver si le sigo. ¿Está huyendo de mí? Sospechoso. Muy sospechoso. ¡A por él!

Un chino comportándose de manera extraña, un occidental que, cosa rara, no sólo no se me ha enganchado para explicarme su vida, como suele hacer sino que ni squiera me ha saludado y, lo que aún me escama más, intenta deshacerse de mí. Corriendo. Aquí pasa algo y me parece que mi abuela tiene algo que ver. Los chicos ya han echado a correr tras él pero cuesta abajo y con sus piernas Manolín les va a dar esquinazo en un plis.

Vota cómo quieres que continúe la historia y lee aquí la continuación el próximo viernes 5 de abril (la semana que viene os doy vacaciones, para que luego os quejéis…)

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6 comentarios

  1. jaja así que el Viernes Santo nos das vacaciones, justo el “día de la torrija”
    Veamos que dominio tiene de las ruedas??
    Un petó Silvia y que disfrutes de este paréntesis primaveral 😉

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  2. Pues no había caído yo en eso… jajajaja.
    A ver qué tal se le da la velocidad… Un petó!!! Y lo mismo digo! A por el paréntesis!!! 🙂

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  3. Patinete! Patinete!

    Personas no españolas… sospechoso! XD XD XD

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    1. Por qué no me sorprende tu elección?

      Sospechoso! Muy sospechoso! Llevará los ojos a rosca??? XDDD

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  4. JAJAJAJAJAJA!!!! Geniales las divagaciones sobre el exceso de ajo y la influencia de la dieta sobre la cordura!!! 😉
    Como ves, voy con un poco de retraso en las entregas, pero me estoy poniendo al día…

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    1. Cuidadito con las variaciones en la dieta (y en las temperaturas), a ver si vamos a perder la cordura por las Europas y luego vamos a acabar encontrando el ajo excesivo en todo lo comido al sur de los Pirineos… jajaja.

      Nada, nada, tú tranquila, que de aquí las entregas no se van a mover. Un beso grande!

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