La chica del lunar – capítulo 37

la chica del lunar 37

—¡Pero, señora!

El Chungo se indigna bajo la puerta del baño. Se prodiga lo justito en aspavientos porque la toalla en la que sale envuelto  a duras penas le da la vuelta completa y necesita ambas manos para no dar un espectáculo bochornoso en exceso para un público con el que aún no tiene la confianza suficiente. Mi abuela mira alternativamente la maleta abierta, como si ella no hubiera tenido nada que ver en ello, y la cara de su huésped, que, todo sea dicho, ha mejorado bastante después de la ducha. Tras un par de idas y venidas de un punto a otro, su mirada se fija, por fin, a los pies del Chungo y el charco que bajo ellos se está formando.

—¿No ves que me lo estás poniendo todo perdido?

La mejor defensa es un buen ataque. Ataque que consigue desestabilizar a su adversario durante unos instantes pero, ni mucho menos, dejarlo fuera de combate, que el Chungo parece un chico muy vivido.

—Pero… ¡señora! —vuelve a decir, sin salir de su asombro—¡que me acaba usted de abrir la maleta!

Mi abuela vuelve a mirar el cuerpo del delito. En el suelo yace la maleta, abierta de par en par, con sus tripas desparramadas por el suelo. Ante la evidencia no se molesta ni en negar los hechos.

—Y ¿qué clase de persona no lleva ropa en su equipaje? —recurre de nuevo a la técnica ofensiva—Ni una muda. ¿Tu madre no te enseñó que hay que cambiarse los calzoncillos todos los días?

Esta vez, ni siquiera el Chungo parece haber vivido lo suficiente como para sobreponerse a las tácticas de guerra de mi abuela que, sin duda, le lleva muchos años de ventaja.

—Eso sí, para tus juguetes no te ha faltado sitio en la maleta, ¿se puede saber qué es todo esto? —señala con un movimiento de brazo el contenido de la dichosa maleta, que ha ido rodando por el suelo hasta ocupar medio comedor.

Nuestro invitado se adentra en el comedor sin dejar de sujetar la toalla mientras recoge el su equipaje y lo va metiendo de nuevo en la maleta.

—Son matrioskas, señora. ¿No lo ve? —dice sin dejar de agacharse para recoger cada una de ellas.

—¿Matrioskas? —pregunta ella, agachándose quejosamente para recoger una que había ido a parar a sus pies—Esto es una muñeca de ésas que se abren y…

—¡No! —exclama el hombre toalla mientras se la quita de las manos—¡Éstas no se abren!

Mi abuela lo mira, entre asustada y ofendida.

—Que sí que se abren.

—Éstas no —repite.

—Pues te han engañado, que lo sepas, porque se han abierto de toda la vida. ¿Dónde las has comprado? —aprovecha el silencio de su interlocutor para buscar una respuesta por su cuenta— ¡Ah! Claro… que no las has comprado. Se las has robado a los chinos —el Chungo la mira de reojo mientras cierra la cremallera de la maleta—. Pues qué quieres que te diga, chico, que eres más tonto que una mata de habas, porque ahora estás aquí escondido por haberte llevado algo que no es tuyo y que, además de no servir para nada, es defectuoso. ¿Cómo se te ocurre robar en los veinte duros?

El pobre Chungo permanece callado junto a su maleta, sin dar crédito a la situación. Mi abuela camina hasta el rincón, en el que, tras la cortina, descansa una matrioska que ha pasado desapercibida a la mirada nerviosa de su dueño.

—Pero son bonitas —dice admirándola, a la altura de sus ojos. Después se dirige al mueble y la deja sobre la tele—. Quedará muy bien aquí.

Nuestro huésped remojado hace ademán de protestar pero una mirada de mi abuela no deja que la cosa pase de ahí.

—En la cocina hay un mocho —dice para poner punto y final a la conversación—. Cuando acabes de fregar lo que has ensuciado merendamos. Tú —ésa soy yo—, haz otra cafetera.

Obedecemos y, por un momento, nuestras miradas se cruzan en la cocina. No sabe el pobre Chungo dónde se se ha metido, aunque creo que mucho lo sospecha ya. ¿Le compensará esconderse de los chinos bajo el mismo techo que mi abuela? Y, sobre todo, ¿me conviene a mí dar refugio a un ladrón de matrioskas rellenas de algo lo suficientemente atractivo como para jugarse la vida por ello?

Vota cómo quieres que continúe la historia y lee aquí la continuación el próximo viernes 8 de marzo.

7 comentarios en “La chica del lunar – capítulo 37

  1. Desde aquí veo una prima de tu matrioska (no es de lo chinos), está es una versión ¿moderna? Más bien parece una muñeca repollo con largas pestañas pintadas. La tuya me gusta más aunque sea en ByN 😉

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  2. jajaja ya que insistes contestaré.
    Se puede abrir!!! y sorpresa 😳dentro tiene más muñecas, pero . . . Igual de feas que la de fuera 😜 así que no creo que le interese a los chinos!!!
    Y las de Chungo, que esconderán????

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