La chica del lunar – capítulo 29

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Gloria debe de haber interpretado mi maliciosa sonrisa como lo que es; precisamente eso. Maliciosa y poco discreta, que será lo peor para ella, puesto que está claro que me estoy regocijando de la humillación que le supone pedirme que vuelva a trabajar a su barucho. Después de haberme echado. Y mejorándome las condiciones. Y sin tener ella ningún interés en volver a emplearme. Ni yo en volver, claro. No sé si se le cabrearía más tener que volver a contratarme u oírme rechazar su oferta. Ahora lo veremos.

—Sí, sí, esto se pone imposible en verano —¡qué narices! ¡pues claro que le voy a dar un sorbo a mi cañita mañanera!, antes de que se me caliente—… pero ¿tanto como para cerrar el Lito, Gloria? ¿qué ha pasado? ¿no trabaja bien tu sobrina? ¿eh? —vuelvo a darle otro tiento a mi aperitivo—¿o es que no era tan mala en mi trabajo, después de todo? —ya me he animado y, de pie y todo, acompaño mis frases con un vigoroso ir y venir de mi brazo derecho y del vaso, ya medio vacío, que sostiene.

Gloria enrojece de ira y rabia pero se muerde la lengua y no hace ningún comentario.

—¿Qué pasa? ¿eh? ¿qué pasa? —me oigo pero no me reconozco. Al parecer hay una pequeña persona rencorosa y muy enfadada instalada en el puente de mando de mi cerebro. Miedo me da que no pare a tiempo y acabe haciendo alguna locura, porque yo si que no tengo ya ninguna capacidad de decisión sobre sus actos—Tienes miedo de que todos sepamos lo que tienes que esconder, ¿verdad? —noto clavadas en mí las miradas de todas las personas en un radio de cincuenta metros pero me da exactamente igual. Es oficial, estoy poseída por un espíritu vengativo que no parará hasta haber hecho justicia con mi antigua jefa o, lo que es lo mismo, hasta hundirla en el lodo—¿Tanto miedo como para romper escaparates? ¿eh?

Algo he tocado en la mente de Gloria que hace que le cambie la cara radicalmente y pase de la rabia contenida a los pucheritos en milésimas de segundo.

—¿Eh? —su reacción ha sido demasiado rápida como para conseguir que la loca que pilota ahora mismo mi cuerpo pudiera parar a tiempo su batería de preguntas, pero mientras hacía ésta última ya sabía perfectamente que estaba fuera de lugar. Mi ex jefa se arranca por fin con un llanto profundo y sincero y, desde luego, del todo inesperado. Dice algo pero soy incapaz de descifrar el mensaje. De golpe y porrazo me veo rodeada por los brazos de la bicha, y no para pegarme, según parece, sino para buscar consuelo en mí a esa desgracia que todavía no he sido capaz de identificar pero que, al parecer, la está destrozando. Debería estar disfrutando como un camello pero no puedo evitar sentir lástima por ella. Soy una blanda. ¿Qué voy a hacer? La abrazaré yo también, que no se diga que soy un ser insensible al dolor ajeno, por muy merecido que éste sea.

—¡Ay! Mi Yi… —es lo primero que alcanzo a entender de las últimas frases que han salido por su boca. Con ésta última, dicha en un suspiro, ha acabado colocando su cara sobre mi hombro.

—¿Yi?

—No me hagas caso —responde por fin, tras volver a suspirar y al tiempo que me daba un golpecito en la cadera.

—¿Yi gran dragón de fuego? —a estas alturas de la película no me voy a quedar en ascuas por saber si a quien se refiere es al Sr. Próspero. Lo que me faltaba por oír: la bicha y el chino de la esquina. Si se enterara el portero iba a explotar de pura felicidad. ¿Habría un chisme más suculento a este lado del Llobregat? Del todo imposible. Una de las personas con más antipatías despertadas por kilómetro cuadrado con el señor más encantador del barrio. Ambos casados. Una exótica historia de amor. Adulterio interracial. Un caramelito para la chismorrería del portero. Gloria me mira de repente con desconfianza; sólo me falta un escenita de celos y una guantada de postre—¿El del bazar?

—Sí, Lauri, sí. El del bazar —dirige hacia allí su mirada y me parece ver su silueta recortada contra la luz del interior de su tienda llena de cachivaches—. Mi gran dragón de fuego.

Mi ex jefa enamorada de un portento sexual asiático atiborrado de ginseng. Y yo consolándola en su desamor. Lo que hay que ver.

—Pero ¿qué pasa? ¿que te ha dejado? ¿o qué?

—¿Dejarme? Para eso tendría que haberme tenido primero, ¿no crees?

Conque es una historia de amor no correspondido… o un amor aún no declarado, quizás… o tal vez no haya amor sino deseo salvaje corriendo desatado por las venas de los dos… o sólo por las de ella, quién sabe. En cualquier caso, ¿a mi qué más me da? Debería largarme ahora que ya he visto a mi antigua jefa hundida en la miseria emocional más absoluta, por poco o nada que haya tenido que ver mi intento de venganza en ello, así que, ¿a qué estoy esperando? ¿no me iré a ablandar ahora? ¿o sí?

Vota en la encuesta cómo quieres que continúe la historia y lee aquí la continuación el próximo viernes 11 de enero.

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