La chica del lunar – capítulo 26

La chica del lunar - cap 26

Me despido de Fernando sin más novedad que la confirmación sobre la identidad del hombre misterioso con cara de ratón. El Chungo se ha puesto un traje y se ha presentado en el Lito para hablar con mi antigua jefa. Lo que le haya dicho continúa siendo un misterio. ¿Qué le habrá dicho para que cerrara el bar y se pusiera a romper escaparates con un bate de béisbol? Si alguien puede darme más información, sin duda se trata del portero. Y lo tengo delante de mis narices, con el ceño fruncido y la ceja derecha levantada, mosqueado e intrigado a partes iguales porque sospecha que yo sé algo que no le he contado.

—¿Que Gloria ha hablado con tu tía?

¿Qué decía yo? Por suerte se ha quedado con esa parte de la conversación y no con la palabra venganza, que temía haber pronunciado con demasiada alegría y que, de haberla oído, habría disparado la sed de conocimientos del portero hasta no dejarme ir sin desembuchar todo cuanto supiera al respecto. Me he librado por los pelos.

—Sí —respondo, intentando parecer tan sorprendida como cuando me enteré de ello—. Le ha dicho que puedo volver a trabajar con ella, ¿te lo puedes creer? —no sé si se lo cree o no pero me mira con tal desconfianza que creo que lo mejor va a ser iniciar una maniobra de retirada lo antes posible. Un último intento de sacarle algún dato más y me largo—¿Qué le habrá dicho el tío del traje? ¿eh? ¿qué le habrá dicho?

No tiene ni idea. De haberlo sabido no habría podido resistir a la tentación de contármelo. En lugar de eso, me dice que tiene que irse y se vuelve a meter en el portal. Aquí no hay nada más que rascar. Vuelvo a casa caminando inmersa en un mar de preguntas sin respuesta. Lo de mi ex-jefa y los escaparates no parece tener ningún sentido. Cuando me doy cuenta ya casi he llegado a casa. Suele pasarme cuando voy distraída, siempre vuelvo al mundo real al llegar al parque de la esquina. Por llamarle de alguna manera porque, en realidad, no es más que un par de columpios en el lugar que hasta el año pasado ocupaba una casa vieja. Eso y un par de matojos silvestres han hecho que la zona haya sido declarada zona verde por el Ayuntamiento.

El coche que tengo justo al lado arranca inesperadamente y me llevo un susto que a punto está de costarme un disgusto. Miro por instinto al responsable y no puedo creer lo que veo: ¡el Chungo!

—¡Eh! —intento llamar su atención, sin éxito—¡Eh! —aporreo la ventanilla y , ahora sí, me ve y pone la misma cara de susto que tenía yo hace unos segundos. Lejos de parar, parece tener prisa por alejarse de allí. No estoy dispuesta a dejar que se vaya y quedarme sin saber qué fue lo que le dijo a Gloria. Ni corta ni perezosa abro la puerta del copiloto y me cuelo en el coche.

—Pero, ¿qué haces? —me grita. Salimos de allí quemando rueda.

—¿Qué haces tú? ¡Que nos vamos a matar! —se salta un semáforo y sigue conduciendo como un loco. En el próximo que pillemos en rojo me bajo. Si se para, claro—¿Se puede saber que le has dicho a mi ex-jefa? —voy al grano por si a partir de ahora le da por respetar las normas de circulación. Contra todo pronóstico no sólo no se salta el siguiente semáforo para incorporarse a la calle principal sino que se desvía por una callecita hasta llegar a la parte de atrás del mercado municipal, desierto a estas horas. Para el coche.

—Si te lo digo, ¿te irás?

Un pelín brusco para mi gusto, pero sí, claro, me iré. No tengo ningún interés en quedarme con él para sufrir quién sabe qué horrible accidente de tráfico. Asiento, convencida.

—Pues le he dicho lo mismo que digo siempre. Que se asegurara de arreglar todos sus asuntos en las próximas cuarenta y ocho horas, que teníamos cierta información que podría incomodarla y que, por supuesto, teníamos pruebas para incriminarla en algo que no le gustaría que saliera a la luz. Que había alguien que no estaba contento con ella y estaba dispuesto a hacer lo que fuese necesario para poner las cosas en su sitio si ella no se portaba como era debido. Todos tenemos secretos, así que siempre funciona. ¿Te vas ya?

Sí, claro, me voy ya. No puedo evitar fijarme en los cables que cuelgan por debajo del volante. Es un coche bastante viejo pero, aun así, podría estar mejor cuidado.

—Y como digas algo de esto te puedes aplicar tú también el cuento de tu ex-jefa.

¡Mierda! ¡Soy cómplice de un robo! En mi prisa por bajar me llevo por delante un contenedor de basura. Me froto el hombro mientras miro cómo el coche se aleja a toda prisa.

Vota en la encuesta cómo quieres que continúe la historia y lee aquí el próximo capítulo el próximo viernes, 14 de diciembre.

4 comentarios en “La chica del lunar – capítulo 26

  1. Trapicheos, que con todo lo que está por los juzgados no tenemos suficiente!!!
    Los que tu escribas sabremos que son ficción, pero vigila no des nuevas ideas al personal jajaja

    Me gusta

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