La chica del lunar – capítulo 19

 

—¿Cómo?

Pestañeo mientras intento reubicarme en la conversación, que ha cambiado radicalmente de rumbo conducida por un Fernando que, sospecho, ninguna intención tiene de decirme quién ha sido el hombre que le ha robado el corazón.

—Una venganza —sonríe—. Un castigo hiperbólico, según tus propias palabras, a las fechorías de tu antigua jefa.

Venganza. Castigo. ¡Hiperbólico! Estas palabras acarician mis oídos como si de música celestial se tratara, atraviesan mis tímpanos y recorren todo el camino hasta mi cerebro, que responde de forma automática elevando las comisuras de mis labios como quien levanta un telón, ¿quién dice que la felicidad no existe?

 —Te escucho.

Me arrellano en el sofá y cruzo los brazos, preparándome para disfrutar de unos deliciosos minutos degustando el sabor dulce de la venganza, aun cuando ésta no se haya materializado todavía.

—Necesito tu colaboración. ¿Con qué podemos amenazar a Gloria?

Gloria es el nombre que aparece en el carné de identidad de mi ex-jefa. Lo sé porque tanto el portero de la finca a la que pertenece el bar como mi tía la llaman así, por lo menos, a la cara, aunque me consta que también se la conoce por otros nombres, como «el bicho», en el caso de mi tía siempre que se refiere a ella cuando ésta no está presente, o «la bicha», cuando quien habla de ella es el portero, claramente sensibilizado con la importancia del uso de un lenguaje no sexista a la hora de construir una sociedad en la que los hijos e hijas de aquellos que se los puedan permitir puedan gozar de la vida en igualdad de oportunidades.

¿Con qué podemos amenazarle? Tenía a Fernando por una persona más pacífica o, por lo menos, más civilizada. Pensaba que, por muy hiperbólico que fuera el castigo, no entraba en nuestros planes un ataque violento, como el que me dedicó Brigitte, la ex-mujer de Fernando, al intentar con todas sus fuerzas arrancarme a tirones todo el pelo a medio camino entre mis orejas y mi coronilla. Viniendo de un abogado, esperaba un plan más refinado, elegante, maquiavélico, retorcido… algo tan siniestro que hubiera hecho desear a nuestra víctima un buen susto de los tradicionales, de esos que acaban en una sala de urgencias con el cuerpo un poco dolorido pero la mente tranquila al saber que ya pasó y que, por lo menos, estamos vivos para contarlo. Esperaba un plan espeluznante, sí, pero legal. ¿Con qué podríamos amenazarle?

—Pues no sé… ¿con un bate?

Se me acerca lentamente y posa con delicadeza su mano sobre mi rodilla.

—Sin que nos encierren en la cárcel, quería decir. Estaba pensando en algo más —busca la palabra correcta con la mirada puesta en el techo—… civilizado. No sé si me entiendes.

Pues no, no me equivocaba; los planes de Fernando no pasaban por pegarse con nadie. Si algo sabe un abogado es, precisamente, cómo sortear los impedimentos legales a la hora de conseguir lo que quieres. En nuestro caso, con no cometer un delito bastará para vengarnos a gusto, que es lo que queremos, así que fuera el bate. Además, ¿de dónde íbamos a sacar un bate de béisbol, si aquí todo el mundo juega a fútbol?

—Todo el mundo esconde algo, ¿no crees? ¿no hay nada que tu jefa no quisiera que saliera a la luz? ¿alguna verdad incómoda?

Pongo mi mejor cara de «ni idea». Cierto es que el café que hay dentro de la lata de «puro arábica» es, en realidad, café del malo con el que la rellena siempre, pero no creo que sea el tipo de secreto que busca Fernando y decido callármelo para no recibir otro comentario sarcástico por su parte.

—Algo. Lo que sea… ¿nada? —niego con la cabeza—Todo el mundo tiene algo de porquería debajo de la alfombra. Creo que mi amigo Alfonso nos podrá ayudar.

—¿Tu amigo Alfonso? ¿Qué Alfonso?

Vota en la encuesta cómo quieres que continúe la historia y lee aquí la próxima entrega el próximo viernes 26 de octubre.

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6 comentarios en “La chica del lunar – capítulo 19

    • Tranquila. Esta vez no tengo nada pensado, así que no hay historia que me podáis chafar…

      Cuántas veces habremos descubierto esa misma mentira en tantos otros bares… y demasiado tarde. ¡Puaj!

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  1. Si fuera por café adulterado la mitad de cafeterías tendrían que estar cerradas, o amenazadas de venganzas, ayer me cobraron 1,15 por un poco de agua caliente con torrefacto, horroroso!!!
    Que chungo esta todo últimamente, jaja

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    • Uy, el café malo… tocamos un tema durillo.
      Yo, sin café no soy nadie (ahora que en el trabajo tengo café bueno y barato soy feliz, jeje).
      Vosotros sí que os habéis vuelto unos chungos… jajaja

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