La chica del lunar – capítulo 17

Pero, ¿realmente se está tomando tantas molestias para interesarse por las disposiciones de Eros en la vida de un amigo? Yo, personalmente, soy más de dejar estas cosas en manos femeninas y confiar las cuestiones amorosas a Afrodita, que los hombres en este tema son un desastre, aunque mucho me temo que cualquier día de estos van a poner a un señor con traje al frente del Olimpo y ni la mismísima Afrodita va a ser capaz de echarme un cable en el amor sin el visto bueno de Bruselas. Traicionando a mis principios me veo obligada a refugiarme en los brazos de Venus si no quiero acabar siendo la tía solterona de los sobrinos que todavía no tengo. Aunque tampoco sé yo.

Desconozco a quién prefiere encomendarse Fernando para estos menesteres; al parecer, considera que una simple baraja de cartas está tan capacitada para decidir su destino amoroso  como la propia Afrodita en sus buenos tiempos. Insensato.

—Ahora mismo, Piscis —la maestra Coral se agarra a la petición de Fernando como si le fuera la vida en ello. Ella está allí para echar lar cartas. Gratis, cierto, pero todo sea por arrastrar a futuros clientes a su línea de pago. Y entre el culebrón de la vida del tal Piscis y la chica que ha llamado para hablar con él, allí se está hablando de todo menos de sus artes adivinatorias—. Por lo que veo se trata de una persona mayor, ¿verdad?

—¿Quién? ¿mi amigo? No, no, qué va.

—No. La otra persona. Es mayor que tu amigo.

—¡Uy, no! ¡Qué va!

—Pues aquí hay una tercera persona, ¿eh? Hay otra mujer.

—¿Otra? —ya salí, y hasta la tal maestra Coral ha sabido ver desde la distancia que llevo fatal los años.

—Sí, sí. La de tu amigo y otra.

—No, no. Es un chico —la adivina debe de haberse hecho ya un lío con todos los datos que ha recibido en una sola llamada y permanece en silencio intentando cuadrar lo que lleva de predicción en la nueva situación—. La persona, digo. Son dos chicos.

—¡Ah! ¡ah! ¡aaaaah! —exclama ella—Eso lo explica todo… ya decía yo, que tal y como me salían el ahorcado, el loco y la muerte había algo que no me cuadraba —yo no sé si le cuadrará o no pero lo que está claro es que lo de Romeo y Julieta pintaba bastante menos trágico que la historia del amigo de Fernando—. Es que una no es tan moderna, ¿sabes? —intenta disculpar su falta de acierto aunque lo único que consigue hacer es hundirse más en el barro y demostrar que, pese a tener más cara que espalda, lo que no tiene son dos dedos de frente—y no me acuerdo nunca de los jeis, que también son personas —hace una pausa en la que combina de forma magistral una risita nerviosa inicial con un brutal carraspeo digno de un jubilado tuberculoso. Le ha faltado escupir—. Pues nada, oye, las cartas lo dicen clarísimo; lánzate sin miedo, ¿eh?

—¿Sí? ¿me lanzo?

Me decido por fin a colgar el teléfono porque está claro que yo no pinto nada en esa historia y la puedo seguir perfectamente por la radio. Fernando, llevado por la emoción del momento, ha olvidado a su amigo imaginario y se ha implicado directamente en la que, desde un principio, había sido una consulta sobre su vida amorosa. ¿Fernando? ¿gay? Si es el hombre menos mariquita sobre la faz de la Tierra. Lo sé. Este último comentario sería digno de la mismísima maestra Coral pero… ¿Fernando? ¿Casado con una mujer y amante de otra? Cierto que ahora mismo es ya un feliz divorciado sin ningún tipo de atadura con el sexo contrario pero me cuesta imaginarle con otro hombre. Antes lo habría esperado de Roberto… ¡ay, Dios!

—Parece que hemos perdido a Escorpio —la locutora se deja oír de nuevo.

—¡Ay! ¡Laura! Muchas gracias, ¿eh? Adiós —es toda la despedida de Fernando antes de colgar y empezar a subir corriendo las escaleras, a juzgar por el ritmo y la intensidad con la que oigo sus pasos acercarse desde el portal.

Vota en la encuesta cómo quieres que continúe la historia y lee aquí la próxima entrega el viernes 12 de octubre.

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6 comentarios

  1. Maaaadre mía Fernando!!!

    Aquel café “no descafeinado” parece que le ha cambiado la vida de forma radical…

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    1. Las pequeñas cosas son las más importantes en la vida…

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  2. jaja si es que los bailarines de salsa tienen un peligro!!!
    Pobre Lauri, creo que se había ilusionado.

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    1. ¿Crees que se había hecho muchas ilusiones? Pobrecita… Aunque yo no me preocuparía mucho por eso (sólo es una corazonada, pero creo que lo superará…).

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  3. jaja no sé si ella se había hecho muchas ilusiones pero es que soy una romántica, aún, que hi farem!!!
    Esperaremos al viernes a ver que pasa.

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    1. Pues poco romanticismo me parece que vas a encontrar en las andanzas de Lauri, me parece a mí… es una impresión, eh? 😉

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