La chica del lunar – capítulo 16


Por puro instinto de supervivencia me dirijo a la cocina a apagar los fogones y burlar así al caprichoso destino que me había colocado dos amenazas mortales en una misma mañana y me condenaba a acabar mis días calcinada o, en el mejor de los casos, digerida por mis propios jugos gástricos al saber que, a falta de ese arroz que tanto prometía, no les iba a echar nada a la hora de comer. Lo que no se esperaba este destino mío tan puñetero era que en un del todo inesperado giro de los acontecimientos reuniera el valor suficiente para dirigirme con paso firme a la cocina y poner fin a la amenaza de incendio con un simple giro de muñeca de noventa grados hacia la izquierda. De la muerte inminente a la salvación en cero coma un segundos. ¡Chúpate ésa!

Tras ver la muerte de cerca el culebrón de Fernando, su amigo imaginario y esa “persona del trabajo” en la que está tan interesado, se me antoja una nimiedad y en cuanto oigo a la locutora cantar el número de teléfono de la emisora no me lo pienso dos veces y lo marco en el móvil. Así, fuera del horario de mi tarifa, que la vida son dos días y hay que vivirlos intensamente.

—Para ti, que nos escuchas cada mañana, o que nos descubres hoy, quizás conducido por tu destino a este momento decisivo en tu vida. Para ti, que necesitas una pequeña ayuda antes de tomar esa decisión tan importante. Para ti, seas quien seas, se encuentra con nosotros la maestra Coral, dispuesta a aconsejarte para que puedas caminar con paso firme por la senda correcta de la vida.

Mientras espero con el auricular pegado a la oreja derecha, oigo, por la libre, a la locutora captando llamadas y, por la ocupada, una irritante música de espera que sólo baja de volúmen para dejar oír la voz de la tal maestra Coral intentando convencerme de que llame a su consulta privada, desde la cual me atenderá personalmente por la módica cantidad de un euro con veinte céntimos el minuto. Uno con cincuenta siete para red móvil. También Visa. Cuando ya estoy a punto de colgar una joven voz masculina llega desde el otro extremo de la línea.

—Radio Albor —no dice nada más. Permanece allí callado hasta que mis dos segundos de silencio le conminan a repetir—. Radio Albor, buenos días.

Así, sí.

—Buenos días. Llamaba para hablar con Fernando.

—Me parece que se equivoca, señora—señora—. Aquí no hay ningún Fernando.

—Uy, perdona —me apresuro a disculparme—. Quería decir con Piscis.

—¿Con Piscis? Lo siento pero no le puedo pasar con otro oyente. Si espera un minuto la maestra Coral le atenderá enseguida.

—Es que soy la “persona del trabajo” —acentúo las comillas, tanto tonal como gestualmente, en un intento de hacerle ver la importancia del asunto—por la que pregunta Piscis, ¿me entiendes?

—Lo lamento, señora, pero, aunque sea usted la novia de Piscis, ya le he dicho que no puedo… —de repente su discurso se interrumpe y oigo un claro susurro de alguien que, oliéndose el culebrón, le ordena que me ponga en antena. Por fin algo de sentido común.

—Buenos días —esta vez es la locutora—, amiga. Nos dice nuestro compañero que eres la novia de Piscis. ¿Cómo te llamas?

El simplismo de la gente a la hora de sacar conclusiones precipitadas y  adelantar acontecimientos me pone enferma. ¿Cuándo ha hablado Piscis de novia?

—Perdone —interrumpe Fernando—, pero es que yo no tengo novia.

—Es verdad —responde la locutora con voz cansina—… que es la novia de su amigo, ¿verdad?

—No, no —esta vez me defiendo yo misma—. No soy la novia de nadie. Soy la “persona del trabajo” de la que hablaban —vuelvo a entrecomillar enfáticamente.

—Muy bien, muy bien —la maestra Coral se apunta a la conversación, un pelín impaciente al ver que la cosa empieza a complicarse y allí nadie pone orden—. ¿Cómo te llamas?

—Eeeem —me ha pillado en la pregunta más fácil—… soy… Escorpio.

—Muy bien, Escorpio —va a por faena y empieza a repartir cartas a diestro y siniestro sin darnos opción a meter baza, ya que apenas toma aire entre frase y frase—. Pues yo lo veo muy bien, ¿eh? Sois dos signos de agua y tenéis las mismas estructuras internas. Además, las cartas me dicen claramente que vuestra relación tiene un futuro muy bonito y…

Y nada, que yo no he llamado para escuchar a esta señora.

—No, no, qué va. Si Piscis es leo, ya lo dijo usted antes.

—O virgo —replica Fernando.

—Eso. O virgo. A saber entonces lo negro que sería nuestro destino. Mejor lo dejamos y… y eso.

—Entonces, amiga Escorpio, ¿no quieres conocer tu destino? —no, no quiero, pero, antes de darme opción a responder, Fernando reclama la lectura del suyo, que allí nadie parece hacerle mucho caso.

—Perdone, maestra Coral, pero me gustaría que me dijera qué futuro tiene mi amigo con esa persona que le comentaba.

¿Cómo?

Vota cómo quieres que continúe la historia y lee aquí la continuación el próximo viernes, 5 de octubre.

8 comentarios en “La chica del lunar – capítulo 16

  1. Que sea Fernandoooo, pero con ese berenjenal de signos que han liado como van a ser fiables las predicciones de madame Coral, puede decirles cualquier cosa jejeje

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